jueves, 19 de febrero de 2009

El timo de las musiquillas del móvil.



En una ocasión me regalaron un teléfono móvil. Me dijeron que era muy útil pero lo cierto es que apenas lo utilizo. En una ocasión en que tuve un accidente, recuerdo que lo llevaba conmigo y me sirvió de gran ayuda. Y, a veces, cuando estoy fuera de casa, me puede servir para comunicarme con alguien. Pero, en general, confieso que podría pasar perfectamente sin él. Incluso teniendo en cuenta que cada vez lleva más aplicaciones, como reloj, despertador, calendario, reloj de cocina, calculadora, cronómetro, agenda, dietario, avisador, listín de teléfono y esas musiquillas que sirven de sintonía en las llamadas, paso de todas ellas y prefiero apañarme como siempre lo he hecho en mi vida, sin que por ello haya sufrido lo más mínimo.

Al contrario, esos móviles con música incorporada al gusto del consumidor me parecen tremendamente horteras y, a juzgar por la experiencia que me cuentan, pueden incluso perjudicar a uno. Me refiero a las cortas y pegadizas sintonías que se oyen a menudo cuando suenan. Las hay de todas clases y para todos los gustos pero la mayoría me resultan cansinas, hirientes y vulgares. Y no es posible dar tres pasos sin que te sorprendan con el soniquete elegido. En la calle, en el cine, en el teatro, en la iglesia, en el municipio, en el mismo cementerio o en momentos más íntimos, suena la dichosa musiquilla grabada que te avisa de que alguien te necesita. Pero, en el fondo, es una trampa para seguir ligado al aparatejo ese que se las ingenia para sacarte los cuartos como sea.

Una de las últimas maneras de tomarte el pelo con el dichoso móvil es la estafa de las musiquilla difundida. Me lo explicaba un amigo el otro día. “Uno se descarga la melodía elegida mandando un mensaje SMDS a un número de cuatro cifras. La descarga, que dura dos minutos, te cuesta 2,40 euros. Pero tu factura mensual asciende de repente a 100 euros más de lo que solías pagar normalmente. La razón no es complicada aunque suena a camelo. Resulta que, al decir ‘alta’ a lo que deseas (descargarte la melodía), te estás dando también de alta, sin tú saberlo, a una serie de contratos para que te manden continuos mensajes SMS de publicidad a tu número. Pero todos y cada uno de estos mensajes son a cobro revertido, y se cargan a tu cuenta, aunque tú no abras ninguno y los destruyas sin abrir. Es decir que si te mandan diez SMS al día, a razón de 0,30 céntimos por cada uno, estás pagando 3 euros diarios por algo que no necesitas, que no has pedido y que no sabes de dónde sale. Multiplícalo por 30 días que tiene el mes y comprenderás la repentina subida.

“Pero no para aquí el atropello, porque, cuando vas a tu compañía a pedirles que paren, bloqueen o filtren esa invasión indeseable, te dicen que no pueden hacer nada. Ni Telefónica, ni Yoigo, ni Vodafone, ni Orange… Ninguna compañía puede impedirlo. Has sido tú, por pardillo, quien se ha metido en su jardín. Si quien remite esos SMS es, por ejemplo, el número 5559, tú mandas otro SMS a ese número: ‘BAJA 5559’. Y, efectivamente, ese número no vuelve a mandarte nada. Pero, ¡oh, sorpresa!, al mes siguiente el mismo timador te vuelve a mandar otro montón de SMS a tu costa pero ahora con el número 7784. Y si “matas” ese número, al siguiente mes el remitente es el 4593… y así hasta el infinito. La gracia es que no puedes demandar a nadie, porque no hay nadie que figure como titular de los mencionados 5559, 7784, 4593. Así que, al final, no queda más remedio que darse de baja de tu número y abrir otro nuevo, lo cual no es gratis. Para rematar, tampoco las compañías telefónicas se esfuerzan en parar ese abuso porque a ellas, como intermediarias que son del tráfico telefónico que facturan, el timo les proporciona unas magníficas ganancias”.

De esta manera, el progreso tecnológico avanza, siempre al compás de nuevos timos. Tal vez por eso me siento tan reacio a estos nuevos inventos. Lo mejor, me aconseja mi amigo, es escarmentar en cabeza ajena y no hacer ninguna operación ni con el celular ni con el fijo que represente participar en concursos, beneficiarse de gangas, incorporar utilidades infográficas, insertar audio, etcétera. Incluso eso tan inocuo que aparece en la pantalla de la TV en pleno partido de fútbol: “Manda, antes del final del encuentro, un mensaje de móvil al nº …, diciendo tal y tal cosa y ganarás un magnífico coche del modelo …”. Es un sacadineros peligrosísimo.

3 comentarios:

Antonio Tello dijo...

¡Eres un periodista de raza querido Santiago! Lo que tú denuncias con meridiana claridad le ha pasado -le pasa- a mucha gente y no sabe, en efecto, como parar el timo y más, cuando no quieren dar de baja su número por la cantidad de problemas de agenda que esto comporta. Un abrazo.

Santiago Miró dijo...

Gracias, Antonio, por tus cumplidos. Sabemos que ha pasado pero ignoramos cómo evitarlo.Porque nadie nos enseña a enfrentarnos con este timo con tantos e importantes padrinos que lo respaldan.

Anónimo dijo...

Sucede con esto del móvil una forma de paranoia sonora. Transcurrido cierto tiempo surgen las falsas alarmas al creer que suena el aparato,y no siendo así, podría decirse que el politono se ha incrustado en el cerebro,de manera que lo oimos al reproducirse como una somatización. Entonces ha llegado el momento de cambiarlo y borrar de las memorias el anterior. Las empresas de telefonia y servidores que realizan las practicas que relatas están cometiendo un delito de estafa pública, que requeriría la intervención policial y judicial inmediata. Telefónica nunca devolvió el cambio en sus cabinas, cuando desde hace lustros esto resulta tecnicamente poosible.Cualquier máquina expedendedora de condones -pongo por caso- si lo hace. No se que hace Garzón pero ahi tendría tema.
chiflos.