jueves, 19 de agosto de 2010

Israel, un sueño convertido en la peor pesadilla.

Una factoría en el área industrial Hozvim de Jerusalén.

Porcentaje desproporcionado: Por cada cien palestinos muertos, un israelí.

Los israelíes tienen un sueño mimado por algunos europeos: conseguir entrar en la Unión Europea. Y su relación con la UE no ha dejado de estrecharse a su manera. Pero la mayoría de proyectos financiados en Palestina con dinero europeo ha sido destruida en los últimos diez años por Israel. El ejército israelí ataca, sistemáticamente, infraestructuras y proyectos humanitarios en tierras palestinas. Entre ellos, al menos ocho instalaciones fueron pagadas íntegramente con fondos españoles, por un importe superior a los 33 millones. El año pasado, el orfanato Al Karameh, en la ciudad de Gaza, residencia que acogía a 50 niñas y niños palestinos, fue destruido por la aviación israelí. La mitad del total de euros que costó fueron aportados por la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Fundación Internacional Olof Palme. Pese a esta extraña colaboración, en la que Israel destruye lo que Europa cede u ofrece gratuitamente a Palestina, el Estado judío consigue establecer con la Unión Europea una relación tanto política como económica más que beneficiosa.

Europa se ha convertido, de esta manera, en el principal mercado para los productos agrícolas israelíes, destinando, desde 1981, 637 millones de euros a través del Banco de Inversión Europeo. En cambio, desde que comenzó la segunda Intifada, en 2000, el Gobierno israelí emprende una campaña de destrucción de las instalaciones palestinas. El aeropuerto, las carreteras, los puentes, las centrales eléctricas, las depuradoras, los hospitales, los invernaderos y las granjas han padecido el castigo de operaciones militares israelíes. Pero la UE apenas ha dejado oír su voz a la hora de reclamar a Israel por los daños provocados en sus construcciones en Palestina. “Los proyectos financiados por la UE pertenecen legalmente a la Autoridad Palestina –reconocía en marzo del año pasado la entonces comisaria europea de Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, que regateó las preguntas de los europarlamentarios sobre los proyectos destruidos por el ejército israelí– y no hemos tenido constancia de ninguna petición por su parte de una reclamación contra Israel”. Pero el eurodiputado austriaco, Johannes Swoboda, vice-presidente y gerente parlamentario del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo comenta: “Lo justo sería pedir una compensación a Israel por la pérdida del dinero europeo”.

España ha sido uno de los principales pagadores, aportando 258 millones de euros a las infraestructuras de Gaza y Cisjordania. En el proyecto más costoso, el del aeropuerto de Rafah, situado en el sur de la Franja de Gaza, España aportó 31 millones de euros. Pero los numerosos bombardeos israelíes y la acción de sus bulldozers sobre la única pista terminaron por destruirla por completo. Los proyectos españoles tampoco se libraron del castigo israelí durante la “Operación Plomo Fundido” del año pasado. Un ataque israelí acabó con un grupo de invernaderos financiados por la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) en la ciudad de Gaza. En los últimos diez años, Israel ha destruido unos 2.000 invernaderos.
Según el Ministerio de Exteriores, “en las reuniones del comité se ha pedido a Israel que ayude, coopere e impulse la ayuda europea al pueblo palestino”. Miguel Ángel Blanco, coordinador general de la Asamblea de Cooperación Por la Paz, considera que, en los últimos años, “la diplomacia española ha logrado una mayor coordinación de los países europeos frente a Israel”. Pero Blanco tiene claro que la UE puede presionar más al Gobierno israelí: “No deberíamos romper relaciones diplomáticas, pero sí podríamos congelar los acuerdos comerciales actuales”. Silvio Berlusconi, primer ministro italiano, afirmaba, en febrero, durante una visita a Jerusalén: “Tengo un sueño: que Israel pueda entrar un día en la Unión Europea”. Aunque el sueño de “Il Cavaliere” podría acabar siendo la peor pesadilla de muchos europeos.