domingo, 15 de abril de 2012

Rajoy huye de la prensa y se blinda.


El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que asistió el pasado martes a la sesión de control al Gobierno en el Senado, salió a los pasillos, evitando hablar con los periodistas que le acechaban. Todos ellos se abalanzaron sobre él, intentando una simple respuesta a sus preguntas. Estaban ansiosos por saber algo sobre los recortes anunciados en Sanidad y Educación, pero el presidente del Gobierno prefirió mantener el silencio. Los periodistas insistían, pidiéndolo al menos un mensaje tranquilizador, pero Rajoy, acosado esos días por periódicos nacionales e internacionales, pese a que llevaba dos semanas sin decir ni mu a la prensa, optó por darse la media vuelta y salir por una puerta lateral del Senado, ofreciendo la imagen de un presidente que huía de la prensa.




Rajoy, acorralado por la prensa.



España estaba en el ojo de todos, sobre todo, en Europa, y el presidente se encontraba en una situación límite que se tradujo por este blindaje ante la prensa. No pretendía alimentar más especulaciones sobre la solvencia de nuestro país. Con una prima de riesgo que superaba el martes los 430 puntos cuando, días antes no superaba los 380, y acorralado por unos periodistas que pretendían que abriera su boca, Rajoy se paró en seco, con gesto muy molesto. Fueron momentos tensos y de expectación. Pero, ante la evidencia de que era difícil cruzar el enjambre de cámaras y de reporteros, Rajoy miró a su equipo, bloqueado ante aquella molesta situación, y, finalmente, se dio la vuelta.



Rajoy se escapa por el lateral del Senado.



Mariano Rajoy había demostrado que podía controlar al Gobierno y al Senado, pero no a la prensa. La última vez que había contestado a una pregunta de un periodista había sido en Seúl, hacia dos semanas y la próxima sería en Varsovia Pero, aquel preciso momento en que tenía la posibilidad de decir unas palabras que, sin duda, todos hubieran comprendido, al verse rodado y no lograr abrirse paso, se dio media vuelta para abandonar la Cámara Alta por el garaje. La escena del presidente huyendo de los ratones de la prensa dio lugar a esta escena ruborosa. Rajoy había declarado en alguna ocasión: “Aquí hay un presidente del Gobierno que va a dar la cara y no se va a esconder”. Pero, ahora, evitaba a los periodistas que le esperaban a la salida del Senado. Había abierto la boca en dos ocasiones, pidiendo que “por favor” le dejaran pasar, pero, al verse rodeado por tantos medios de comunicación, él y su equipo pusieron en marcha el plan de huida que fue comentado por todos.



Carlos Sánchez, subdirector de El Confidencial.



La prensa nacional y la extranjera siguieron hablando de la inusitada situación. España, con su prima de riesgo a 433.7 puntos, 64 más que en las jornadas negras de agosto y con un Ibex caído a mínimos desde marzo de 2009, rozaba el infierno del que había escapado gracias al apoyo del BCE. “España –había dicho Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, una semana antes– no está haciendo lo necesario”. El consenso de economistas europeos presagiaba que no se lograría el objetivo del déficit. El Gobierno había optado por proteger del tijeretazo a tres colectivos sensibles: los funcionarios, los pensionistas y los parados. Pero el recorte de 10.000 millones en sanidad y educción, anunciado el Lunes de Pascua, en un comunicado de tres párrafos, habían sidon ninguneado por los mercados. Lo reconocía en privado un alto cargo del Gobierno: “Hemos perdido la iniciativa”. En su opinión, el Ejecutivo se había dejado arrastrar en las últimas semanas por los acontecimientos y no era capaz de convencer de la bondad de las reformas económicas. Las nuevas turbulencias en los mercados de deuda situaban al Gobierno de Rajoy al pie de los caballos. Mientras que los bonos americanos y alemanes volvían a colocarse por debajo del 2%, los españoles a 10 años regresaban al entorno del 6%. Rajoy perdía la iniciativa y volvía a situar a España a merced de los mercados. “Pese a las duros ajuste que están llevando a cabo tanto el sector público como las empresas y las familias –escribía Carlos Sánchez, subdirector de El Confidencial– lo cierto es que la deuda exterior de España neta (saldo entre lo que se debe al exterior y lo que nos adeudan) no cede. Al contrario, ha subido muy ligeramente en el último trimestre de 2011. Un mala noticia en un tiempo en que España necesita acudir a los mercados de capitales para cubrir el déficit y refinanciar la deuda… Una deuda exterior de España que es sustancialmente mayor y que alcanza ya un nivel estratosférico: nada menos que 1,77 billones de euros, la segunda cifra más alta de la serie histórica”.



El miércoles, la crisis de la deuda española estaba en el foco de la prensa internacional. Tanto la portada de ‘Financial Times’ como la de ‘Wall Street Journal’ hablaban de España con preocupación y entreveían de nuevo la posibilidad de un rescate por parte de la Unión Europea. Los diarios financieros se hacían eco de los temores de los inversores extranjeros, que dudaban de la capacidad de España para alcanzar sus objetivos fiscales y revertir el rumbo de su economía. ‘Financial Times’ señalaba que, a pesar de que desde Bruselas se aseguraba que no había planes de utilizar los 500.000 millones del fondo de rescate, los mercados seguían “lejos de estar convencidos de que España no acabará uniéndose a Grecia, Irlanda y Portugal”. Los inversores temían que las duras reformas impidieran el crecimiento, retrasando la capacidad de España de reducir sus niveles de deuda. “Es una situación ridícula –escribía el economista Edgard Hugo– en la que austeridad y el crecimiento son incompatibles. Se están creando unas expectativas irreales que van a acabar volviéndose en su contra”. El ‘WSJ’ destacaba el cada vez mayor temor de que las medidas de austeridad impuestas desde Bruselas colocasen a España en una espiral de la que no pudiera salir. El diario americano señalaba que, aunque el bono español a diez años aún está lejos del 7% que se considera insostenible, muchos “traders” (comerciantes) predicen que la situación podría empeorar muy rápidamente si se superase la barrera del 6%. Para John Plender, columnista de ‘FT’, la magnitud de la crisis española probaba que las inyecciones de liquidez del BCE eran ineficaces, al limitarse a estrechar la “incestuosa relación” entre los “frágiles bancos” y los bonos españoles, mientras los inversores extranjeros desertaban.



Pero ¿quién tenía la culpa de que la prima de riesgo hubiera vuelto a cerrar por encima de los 400 puntos básicos y el Ibex en los mínimos de 2009? ¿Los malvados especuladores de los hedge funds (fondos de inversión libre), los políticos incompetentes, los empresarios que maquillaban sus cuentas o los analistas complacientes?… Los agentes del mercado cargaban los unos contra los otros. “Volvemos a las andadas –aseguraba Javier Neiderleytner, profesor de IEB–. Los mercados siguen desconfiando de Europa. Está cayendo todo y los agoreros bajistas, especuladores y ‘hedge funds’, están aprovechando para sacar beneficio de todo esto. No hay nada que no hayamos vivido antes. Mientras la inflación esté controlada y el PIB no sea del 5%, saldremos de esto”. Javier Casal, subdirector de la mesa de deuda de Ahorro Corporación, afirmaba: “A pesar de las nuevas medidas, las cosas no pintan muy bien. Los mercados están empecinados en que España necesita un rescate y le va a costar al gobierno hacerles cambiar de idea. Están jugando a que España tenga que ser rescatada y a ver qué hace el BCE. Si no compran deuda, el bono se va a ir a una rentabilidad muy peligrosa. No hay una cifra mágica de rescate, pero el 6% es muy preocupante”. Todo recordaba el febrero del 2010. Con el rescate de Grecia sobre la mesa, España entraba en el campo de tiro. Y el discurso del Gobierno socialista de entonces fue parecido al de ahora: “Maniobras un tanto turbias por parte de los especuladores financieros”. Una postura que había defendido impertérrito, hasta que las urnas, el pasado noviembre, cambiaron el color de La Moncloa.



La exposición neta del sector es la más alta, desde 2007. Los 'hedge' no están haciendo nada con la deuda española. Daniel Lacalle, gestor de Ecofin explica que, de hecho, el mal comportamiento que han venido mostrando estos fondos de alto riesgo es, precisamente, por estar largos en deuda soberana. “Abril ha pillado a todo el mundo súper largo, porque esperaban un Q3, más inyecciones de liquidez, una mejora de los indicadores alemanes… y ahora están vendiendo y metiéndose en cash”. El problema no es que haya presión vendedora. El problema es que nadie quiere comprar. Pero, el proceso de desapalancamiento todavía no ha empezado en España. La burbuja inmobiliaria no ha pinchado como en Estados Unidos o Irlanda. Los precios no han caído. Los inversores extranjeros que ven esto, no quieren ni regalado nada que lleve la marca España. Y desconfían tanto del sector público como del privado, del que sólo hace falta echar un vistazo a la curva de rendimientos para intuir la sangría que va a suponer 2013. José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, defiende que “si no hubiera especulación no habría mercado. El problema no son los cortos, el problema es que no hay inversores largos. Los han echado de España y de Europa”.



Tras haber huido el día anterior de la prensa, Rajoy atiende a los medios en los pasillos del Congreso.



Pero, volvamos a los centros políticos de La Moncloa y las Cortes. El miércoles, después de dos jornadas negras en comunicación, coordinación y presencia pública, el Gobierno decide recuperar la iniciativa política y anuncia, desde la tribuna del Congreso, que el Consejo de Ministros aprobará el viernes un plan especial y urgente de lucha contra el fraude fiscal. Rajoy contesta a Rubalcaba, quien arranca aplausos entre su bancada con las alusiones a las “ocurrencias improvisadas del Gobierno”. Le saca a lucir el refrán “deje de predicar y empiece a dar trigo”. Rubalcaba pretende que el Gobierno dé marcha atrás a las reformas, se opone a los recortes que incluyen los Presupuestos Generales del Estado y rechaza la regularización fiscal de los capitales fuera de España, proponiendo diálogo y “explorar acuerdos”. Rajoy le recuerda que el Ejecutivo del que formó parte hizo su remedo de reforma laboral sin aceptar una sólo enmienda del PP y que la puesta en marcha por él cuenta con el apoyo de una mayoría de 197 diputados del Congreso. Desvela que ha hablado “y más de una vez” con Rubalcaba y que el dirigente del PSOE insiste en retrasar la renovación de los órganos institucionales pendientes, como es el caso del Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el Defensor del Pueblo, o de la corporación pública RTVE, donde siguen los mismos responsables al frente de la gestión de la empresa y de los servicios informativos nombrados en su día por Zapatero y Rubalcaba. Luego, en los pasillos, ante una muralla de periodistas y de cámaras que el día anterior le hicieron recular en el Senado, Rajoy explica abiertamente que tiene “las ideas claras” y que no está para hacer lo que diga la oposición. El presidente del Gobierno reconoce que su política económica, “dura y costosa”, tardará en producir efectos; pero destaca que está legitimado por los votos para tomar medidas excepcionales ante una situación tan excepcional como la que atraviesa España.



En su reunión con el Grupo Popular, Rajoy intenta dejarlo todo claro: “El apoyo más importante con el que contamos –repite–, el decisivo, es el de los 186 diputados de nuestro Grupo Parlamentario que eligieron los españoles porque quisieron y, por eso, os pido la máxima dedicación, el mayor esfuerzo y también que hagáis pedagogía”. Pero, el resto de líderes políticos de la oposición se quejan del silencio presidencial sobre la verdadera situación de España que ha hecho que atravesemos nuevas jornadas negras en los ámbitos bursátiles y en los mercados. Lara y Gaspar Llamazares coinciden en la “imposibilidad de plantear siquiera” pactos con el Gobierno, dado el rumbo en solitario que ha decidido tomar Rajoy, aunque no quieren cerrar la puerta a acuerdos concretos. Reconocen que no es fácil rebajar tensión, “porque el Gobierno ya se encarga muy bien de acrecentarla”. Lara augura que, si Rajoy no escucha, al menos a los agentes sociales, o si insiste en sus políticas regresivas, “la calle, que está que arde, arderá mucho más después del 1º de Mayo, que va a ser masivo”. El PP sólo busca al líder parlamentario de CiU, Durán i Lleida, cuando necesita lavar su cara en algún proyecto. Tanto los catalanes, como los vascos del PNV, descartan cualquier tipo de acuerdo global, y están en línea con Rajoy, aunque por diferentes motivos. Pero sí les gustaría, como al resto, ser informados más frecuentemente por el Ejecutivo de la verdadera situación de la economía española.



Monti culpa a su colega, Rajoy.



Las críticas a la situación económica de España de Nicolas Sarkozy y Mario Monti le sientan como un tiro al presidente español. Monti ya se despachó a gusto contra las políticas de Rajoy el pasado 24 de marzo, durante un foro empresarial: “España –dijo– está dando a toda Europa motivos de preocupación. A través del contagio, nos puede afectar a nosotros”. Ahora, lo vuelve a hacer. La prensa italiana cuenta que, a bordo del avión que lo traía a Roma desde El Cairo y visiblemente enojado, el ex comisario europeo atribuye el aumento de la prima de riesgo italiana a su colega Rajoy: “…es culpa de España”. Según los periodistas presentes en el vuelo, Monti quiere dejar claro que la caída del 5% de la bolsa de Milán y la subida de la prima de riesgo por encima de los 400 puntos no se deben a su controvertida reforma laboral, sino a la mala gestión de Rajoy y a las críticas a su gestión por parte de la presidenta de los empresarios italianos, Emma Marcegaglia. Los principales periódicos italianos reproducen en sus portadas las mismas palabras de Monti, pronunciadas a bordo del avión. El problema es que el primer ministro italiano hace esas declaraciones a la misma hora que Rajoy huye de la prensa por la puerta de atrás del Senado.



Sarkozy mete a Zapatero y a Papandreu en el mismo saco.



“Nosotros no vamos contra nadie. No hablamos de otros países”, asevera Rajoy en un discurso a puerta cerrada, justo antes de asegurar que desea “lo mejor” a sus socios europeos. “Todos tenemos problemas y trabajamos para solucionar los nuestros, pero también para ayudar a la zona euro. Y esperamos que los demás hagan lo mismo”. El presidente del Gobierno aprovecha la ocasión para acallar los rumores de un posible rescate a la economía española. “Este no es el caso de España, ni va a serlo en el futuro. Quiero dejarlo meridianamente claro”. Pide a sus diputados que no hagan caso al “ruido” ni se distraigan con “cosas menores” porque su obligación es “gobernar” y “tomar decisiones”. Mientras tanto, Nicolás Sarkozy, con el flamante Toison de Oro concedido por el Gobierno de Zapatero, mete varias veces al vecino de abajo en el mismo saco que Grecia y Portugal. En su campaña presidencial, denigra a su rival, François Hollande y atribuye “la peor crisis de la historia universal” a la incapacidad de los ejecutivos de Zapatero y de Giorgos Papandreu con su “Miren cómo está España tras siete años de socialismo”. Y es el propio Hollande quien defiende a España (sin distinguir la era de Rajoy de la de Zapatero), poniendo de relieve “la indecencia” de Sarokzy, al “tratar de dar lecciones a un socio europeo”. Hasta que, el jueves, la Comisión Europea pide a los 17 países del euro que “avancen juntos” para proteger al euro, en una clara alusión a las comparaciones con la situación Grecia que se hacían estos días desde el gobierno francés y el italiano. Hasta que Mario Monti llama al propio Rajoy para desmentir las supuestas críticas a la economía española y Nicolas Sarkozy deja de utilizar la situación de España para asustar al electorado y pasa a alabar a sus vecinos del sur sin escatimar en elogios para el presidente del Gobierno a quién califica de “inteligente, serio y valiente”.



El periódico estadounidense, The New York Times critica el viernes pasado la política del presidente Rajoy. Pero también señala que, sin la canciller germana, Angela Merkel y sus aliados políticos, ningún país podrá hacer frente a sus deudas por la debilidad del crecimiento. El diario neoyorkino asegura que la “austeridad, la única cura prescrita por la señora Merkel, no funciona en cualquier lugar”. Y destaca que, tras varias semanas de “engañosa calma”, debido a las inyecciones del Banco Central Europeo, la recesión arrecia con más fuerza y se han deteriorado las previsiones de déficit. “Los mercados de bonos –señala – están especialmente nerviosos por España e Italia, dos de las mayores economías de Europa”. Según el editorial, los objetivos marcados por los Presupuestos Generales del Estado de Rajoy (alcanzar un déficit del 5,3% del PIB este año) son “probablemente inalcanzables”, con un ciclo destructivo. Subraya que los ministros del euro no acceden a la “petición sensata” de Rajoy de flexibilizar el objetivo de déficit para este ejercicio y los mercados de deuda saben de la dificultad de lograr esta meta. Para lograrlo, explica “The New York Times”, Rajoy ha puesto en marcha “recortes perjudiciales [en inversión productiva, en capacitación de parados, sanidad y educación] que podrían haber sido menos duros si la Unión Europea hubiera escuchado sus motivos para lograr una mayor flexibilidad a corto plazo del Presupuesto”. El diario propone a Merkel y los socios comunitarios a que reconozcan que “la restauración de la competitividad económica del sur de Europa requiere una mayor inversión en reformas y crecimiento y menos obsesión por la aritmética del déficit a corto plazo”.



“No hay mejor metáfora de esta terrible semana –escribe Ignacio Escolar en su blog, titulando “Me gusta cuando callas porque estás presidente”– que esas imágenes de Mariano Rajoy, escapando del Senado por la puerta de atrás, con la sonrisa incómoda y el semblante mudo, seguido al trote por su equipo, que espanta a los periodistas como el que se libra de una nube de mosquitos. Rajoy no solo huye de la prensa: también de su responsabilidad como presidente de una democracia, un sistema político donde las urnas nunca otorgan un cheque en blanco, donde hasta la mayoría más absoluta está obligada a explicar sus decisiones a los ciudadanos... Qué lejos queda aquella campaña electoral en la que Rajoy se comprometió a no recortar la sanidad ni la educación. Ni subir los impuestos. Ni abaratar el despido. Ni tantas y tantas cosas. Que lejos queda también aquel discurso de investidura, el pasado diciembre, cuando Rajoy se comprometió a ‘decir siempre la verdad, aunque duela’, a ‘decir la verdad sin adornos ni excusas’ y a ‘llamar al pan, pan y al vino, vino’. Para decir la verdad hace falta hablar primero. Por eso es tan grave que el enésimo incumplimiento electoral –ese recorte de 10.000 millones en educación y sanidad con repago incluido– se despache en el cuarto párrafo de una nota de prensa confusa e incompleta. Por comparar, estos 10.000 millones anuales equivalen al tijeretazo que presentó Zapatero en mayo de 2010. ¿La diferencia? Que aquel anuncio fue en el Congreso de los Diputados, una cámara donde Rajoy no tiene previsto hablar para explicar sus recortes hasta dentro de tres o cuatro semanas. Ni siquiera se conoce aún la fecha”.



Pero dejemos ya de hablar de política y disfrutemos del humor de lo acontecido durante estos días. De la España que se dispara y de la imagen humorística de Froilán en la publicad o en la prensa. Del pajarito de Quino que presentó hace años el significado de una reforma penal para el gobierno. De cómo trata El Jueves al obispo de Alcalá. De la imagen de Martín Ferrán y del caos automovilístico provocado por la subida del metro. De Forges, El Roto y de otros humoristas.












Pep Roig dibuja al Fondo Monetario Internacional, empujando a los mayores al fondo del abismo, como solución de la crisis. Nos presenta los nuevos oficios de la crisis y vuelve con la gran estafa presentada.







Ya sólo nos queda asomarnos a unos vídeos. En el primero, presentado hace meses por el PP, los suyos no se cansan de mostrar las cualidades y virtudes de Rajoy con múltiples y halagadores adjetivos y piropos mientras éste recibe sin palabras esas muestras y se frota las manos tocando ya La Moncloa



En el segundo, el presidente Rajoy, presidiendo la Moncloa, evita hablar, colándose por la puerta trasera del Senado.



Y en el tercero, Les Luthiers - Lutherapia - Raphsody in Balls.



Feliz fin de semana a todos. Próximamente, hablaremos detenida y ampliamente del Rey.