domingo, 28 de septiembre de 2014

La derecha se descompone: Gallardón abandona y se va de la política; Aguirre confiesa al juez que tuvo miedo; Pujol se encoleriza en el Parlament.

 
 
El ministro de Justicia tiraba el martes pasado la toalla. Al confirmar  el presidente del Gobierno la retirada del proyecto de Ley del Arorto por “falta de consenso”, Ruiz-Gallardón se  vengaba, provocando  la primera gran crisis al Ejecutivo de Rajoy, cuando éste estaba a punto de subirse a un avión que le conduciría a China. Apenas unas horas después de que el presidente del Gobierno anunciara, “por falta de consenso”, la retirada de su proyecto estrella, la ley del Aborto, aquella que iba en el programa electoral del PP, Gallardón decidía no solo abandonar el escaño en el Congreso, sino también retirarse de la política “Ya dije que éste sería mi último cargo político –anunciaba durante la rueda de prensa en el palacio de Parcén–. Igualmente, aunque seguiré siendo militante de base del partido, mi principal activo, abandonaré el comité de dirección del PP y todos los cargos orgánicos en la formación popular”. Y dimitía, horas después de que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciase la retirada definitiva de la ley del aborto. “Aun con los informes preceptivos favorables –reconocía Gallardón–, no he tenido la capacidad de transformar el anteproyecto en un proyecto para tramitarlo ante las Cortes tal y como nos habíamos comprometido a hacer”. Negó haber recibido quejas de militantes de su partido por su reforma y sí reiteró “un encargo por parte del Gobierno” que, con el paso de los meses, vio que no sería posible convertir en ley. “El anteproyecto –advirtió, curándose en salud– era del Gobierno de España e hice lo que creía que debía hacer tras encargármelo el propio Mariano Rajoy”. Pero, al darse cuenta Rajoy de que Gallardón tenía intención de dimitir, le pidió que no lo hiciese hasta no tener perfectamente encauzada la respuesta legal que preparaba el Gobierno al desafío soberanista en Cataluña. Según esta versión, el presidente no acababa de fiarse del calendario elegido por el ministro para tirar la toalla. Temió, incluso, que lo hiciese durante su viaje a China, y decidió “liquidarlo” antes de que fuera él quien tomase la iniciativa de dejarle plantado. A partir de ahí, los acontecimientos se aceleran y Ruiz-Gallardón decide anunciar su adiós a la política.

Alberto Ruiz-Gallardón, halbando con Mariano Rajoy, en el Congreso.

 “Alberto Ruiz-Gallardón –escribe Paula Díaz y Julia Pérez en el artículo de Público.es: ‘El calentón de Gallardón abre a Rajoy una crisis ‘chinesca’– se despidió de la política con un discurso amable con el que dedicó grandes elogios de gratitud a sus compañeros de Gobierno y, en especial, al presidente. Pero su gesto incluía otras interpretaciones. Su repentina marcha escondía una cara B con la que dejaba a Mariano Rajoy, en realidad, compuesto y sin novio.  Aunque Gallardón  aseguraba haber avisado de su decisión con tiempo, el jefe del Ejecutivo se vio, finalmente, obligado a intentar solventar in extremis una crisis de Gobierno que no esperaba llevar a cabo hasta que las elecciones municipales y autonómicas de 2015 estuvieran más próximas”. Ello se debía, según fuentes jurídicas, al último enfado de Gallardón con Rajoy. Tras difundirse la decisión del Ejecutivo de aparcar su contrarreforma de la ley del aborto, Gallardón envió una carta al presidente el viernes, 19 de septiembre, en la que anunciaba su intención de dimitir. Quería con ello tender un puente para permanecer en el Gobierno en vista de que iba a incumplir su promesa de abordar la reforma antes del verano Y el Gobierno se quedó sin ministro de Justicia justo cuando estaba previsto que Mas convocara la consulta soberanista. La respuesta del presidente fue la retirada total de su anteproyecto de Ley Orgánica para la defensa de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada y un nuevo intento de reforma que sólo limitase la norma con el consentimiento paterno obligado en casos de menores de edad. “Este anuncio supuso un sopapo a Gallardón en su orgullo, lo que provocó su nerviosa dimisión. En su pataleta incluyó, de paso, su retirada como miembro del Grupo Popular (renunció a su escaño en el Congreso) y su renuncia a su puesto en el Comité Ejecutivo nacional del PP.”
El ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón, durante la comparecencia en la prensa que anunciaba su dimisión.

Después de 30 años de vida política, Gallardón se iba en el peor momento que podía haber elegido para hacerlo. Y dejaba sin ministro de Justicia al Ejecutivo central justo en la semana en la que se prevía que Artur Mas firmaría el decreto de convocatoria de la consulta soberanista prevista para el 9 de noviembre. El sucesor de Gallardón no podía recoger su cartera hasta el lunes, cuando Rajoy –de viaje a China– y el Rey –en los EEUU– se encontrasen de nuevo en España. Zarzuela habló de “medios telemáticos habituales” sin aclararlos. La Moncloa parecía desconocerlos. Y la pregunta hecha por muchos era: si Felipe VI, desde Nueva York, pudo refrendar la renuncia del ministro de Justicia, ¿por qué no firmó el nombramiento del sucesor? La marcha de Gallardón incrementó la división en el partido y, aunque la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, asumiera sus funciones en estos días de vacío, se vio obligada a solventar una crisis de Gobierno antes de lo esperado. El calentón de Gallardón lo precipitó todo hasta provocarle a Rajoy una crisis 'chinesca'. “Visiblemente nervioso –continúa Paula Díaz–, el titular de Justicia compareció ante los medios de comunicación, arropado por su equipo, para ofrecer un discurso lacrimógeno con el que, además, confirmaba que no sólo dejaba el Ministerio, sino también su escaño en el Congreso y su puesto como miembro del Comité Ejecutivo nacional del PP. “Mi vida sale de la política”, sentenció rotundo, tras asumir “con humildad” toda la responsabilidad de su fracaso. Mariano Rajoy no quería perder más votos de cara a las próximas municipales y autonómicas de 2015 y decidió guardar en un cajón el polémico anteproyecto de Ley Orgánica. Gallardón, en cambio, afirmó hasta el último momento que la norma saldría aprobada del Consejo de Ministros antes de que finalizara el verano. Como no fue así, eligió justo la fecha en la que llegaba el otoño para marcharse de la Moncloa.


“El titular de Justicia, de 55 años, que llevaba al frente del Ministerio desde diciembre de 2011 –cuando el Partido Popular llegó al poder con mayoría absoluta– ha cumplido así con la amenaza que, después de amagar varias veces con su marcha, nadie en el PP creía que fuera a llevar a cabo. En la oposición, en cambio, ya le daban por políticamente muerto esta mañana en el Congreso. Con su marcha, la crisis en el Gobierno de Mariano Rajoy llega antes de lo esperado”. Y, pese a que las palabras de Gallardón fueron de agradecimiento –“Ha sido, dijo, unas experiencia inolvidable. Y me voy sin rencor y sin dolor”–, se fue decidido a no volver. "Siempre dije que este sería mi último puesto de responsabilidad en la política, he llegado al final de una época fascinante de mi vida, que me ha dado más de lo que yo le he dado a ella. He tenido la oportunidad de intentar la transformación de la realidad”, añadió el ministro, casi con lágrimas en los ojos. Pidió perdón a sus adversarios y se le rompió la voz cuando agradeció a su familia (a su hijo Ignacio, presente durante el discurso) el apoyo dedicado a su carrera política. Incluso tuvo palabras de recuerdo para su padre, quien le llevó de la mano a militar en el Partido Popular, y recordó el consejo que le dio entonces: “Rodéate siempre de gente mejor que tú y así, tal vez, conseguirás ser tan bueno como ellos”. En el Gobierno, no gustó la explicación del ministro durante la rueda de prensa en la que anunciaba su renuncia y mucho menos el manejo de los tiempos. Según fuentes de Moncloa, el malestar que Gallardón ha dejado intuir en sus palabras con frases como “hice la ley que se me había encargado”, no ha pasado desapercibido. Y las relaciones entre Rajoy y Gallardón -ambos dirigentes, según fuentes de la dirección del PP, “apenas se dirigían la palabra”– era más que patente.


En su ministerio de Justicia, Ruiz-Galladón había conseguido poner en su contra a todo el mundo: abogados, fiscales, jueces, funcionarios, registradores... Y, con sus constantes iniciativas, acabó con la popularidad de quien quería llegar a ser presidente del Gobierno. Julia Pérez nos recuerda que Rajoy le eligió como ministro de Justicia para que se quemara sólo o para quemarlo y acabar con él de una vez por todas, consciente que le enviaba a un ministerio complejo. “Cuando el presidente del Gobierno alcanzó el poder, tenía tres grandes rivales: Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre y Alberto Núñez-Feijoo. Hoy sólo queda su compañero gallego de toda esa ‘tropa’ de la que, con sorna, a veces alude el presidente. Le vendió la moto, y él aceptó. Pero la Justicia es un ámbito con leyes decimonónicas y muy complejo para lo que se requiere profundos conocimientos y dilatada experiencia. Por si fuera poco, no tiene un gran presupuesto para repartir favores, aunque posea gran fuerza en el Boletín Oficial del Estado. El exalcalde de Madrid entró con ansiedad en el Ministerio, dispuesto a emprender ese impulso reformista que le llevó a hacer la famosa obra de la M-30 madrileña. Aspiraba a ser el gran reformista de la Justicia, y puede que pase como uno de los peores ministros….Un político capaz de reformar la realidad con ilusión, pero también de montar un incendio para iluminarse. Gallardón aspiraba a ser el gran reformista de la Justicia; pasar a la historia por el ministro que la hacía saltar de leyes procesales del XIX y medios materiales propios de los años 80, al siglo XXI de la era del conocimiento. Y es muy posible que pase como uno de los peores ministros de Justicia de la historia de España….A los ciudadanos les impuso unas tasas judiciales que, en plena crisis económica, han conseguido consagrar el dicho de que la justicia es cosa de ricos. Para los justiciables y a los abogados les aplicó una reforma de la ley de asistencia jurídica gratuita, con graves consecuencias porque los servicios de orientación jurídica destinados a los más débiles se redujeron o desaparecieron, mientras aumentaba el derecho de quienes podía acceder al abogado de oficio pero reducía su presupuesto… Su estilo de gestión presidencialista le llevó a imponer un modelo piramidal, más propio de un consejo de administración de una constructora que de órganos deliberativos como son en la justicia los tribunales. Los recortes de los derechos se sucedían en plena crisis económica, mientras ignoraba a quienes le advertían sotto voce de que venía una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea demoledora y que acabaría con el sistema hipotecario español”.
 
 
“Gallardón se fue enredando con los anuncios de reformas. Con la del Código Penal que introduce endurecimientos populistas de las penas. O con la privatización del Registro Civil, después de invertir 130 millones de euros en la digitalización de todos los documentos desde el siglo XIX. La vida jurídica de todos los españoles pasará a manos de los registradores, que tienen empresas privadas para gestionarlo. Puso en peligro 3.500 empleos. Los funcionarios de los registros volverán a los juzgados que mandarán a más interinos al paro. La certificación de estos documentos conlleva gastos, pero Gallardón optó por asegurar que el Registro Civil seguiría siendo gratuito. Los registradores protestaron y él siguió adelante obligándoles a aceptarlo por medio del decreto. Encabritó a los alcaldes con una reforma del mapa judicial. Y, toda esta escalada de reformas-bronca y de torpezas sucesivas era respondida por el silencio de Mariano Rajoy que, en la Justicia no quería meterse. Dejaba que Gallardón se enredara en sus propias contradicciones y en sus anuncios de reformas sin alcanzar antes consensos amplios entre los sectores implicados. Gallardón seguía adelante, sin tener en cuenta de que el silencio de Rajoy sobre el aborto era una soga que le estaba enredando al cuello. Su soledad ante ese compromiso que iba a ser incumplido, la herida en su orgullo, y la bronca de los sectores más conservadores del PP decepcionados con esta decisión, le llevó a presentar su dimisión”.


Gallardón con Soraya Saenz de Santamaría.

El pasado 10 de septiembre, Elplural.com publicaba, antes de que se convirtiera en un ‘runrún´ político, una noticia titulada Gallardón ‘a tortas’ con Soraya: o le aprueban la ley del aborto antes de que acabe septiembre, o se va. Recogía un órdago que el ministro había comenzado a dejar caer fuera y dentro del Gobierno y, a la desesperada, del PP. Era su última baza. F. Medina así lo cuenta: “Los primeros días de agosto Mariano Rajoy comenzó a hablarle de otras posibilidades ‘alternativas’ a ‘su’ ley del aborto. Desvelábamos en aquella crónica cómo Gallardón andaba ‘llorando’ a todo el que se le acercaba con la cantinela de su dimisión. Y cómo no dudaba en señalar a su enemiga en esta batalla: Soraya Sáenz de Santamaría. La vicepresidenta, con la que nunca ha tenido una buena relación –‘porque sus dos egos no caben en la misma habitación’ nos dijo una persona que conoce a Gallardón de carrerilla–, animada por las encuestas de Arriola, el ‘brujo electoral’ al que consulta Rajoy, y que avisaba de rechazo en el ala menos ultra del PP a una reforma radical del aborto, llevaba meses poniendo palos en las ruedas de la ley. En su estrategia, Sáenz de Santamaría obtenía un doble rédito. Por un lado, se sacaba de encima un asunto que, tras el desastre de las europeas, amenazaba con lastrar aún más los resultados electorales del PP. Pero, por otro, se podía liberar, como así ha sido, de uno de los candidatos más molestos a interponerse en su diseño de toma de poder en los puestos clave de las instituciones, vía su clan de abogados del Estado. El problema para Moncloa era cómo justificar un incumplimiento más de su programa. Porque Gallardón, como también ha recordado en su dimisión, no había hecho otra cosa que, eso creía él al menos, ser alumno aventajado y cumplir con la tarea que le había puesto el Gobierno. Y es que la reforma de la ley del aborto era de todo el Gobierno… Un incumplimiento electoral que, además, estaba comenzando a ser muy cuestionado en la calle por enemigos peligrosos: los grupos antiabortistas, aliados con la Iglesia. En su resistencia, Gallardón, otra vez ‘tonto útil’, paradójicamente, vino de nuevo a serle de utilidad a Rajoy y Soraya. Entre otras cosas, para permitirles ganar tiempo cada vez que aseguraba que la ley iba adelante. Un tiempo que la vicepresidenta utilizó para, desde su puesto como responsable de las relaciones con la Iglesia, viajar al Vaticano para explicar el que es ahora el gran plan del Gobierno: modificar la actual ley mínimamente, mientras el Constitucional, sirve la solución definitiva en forma de ‘píldora del día después’: resucitar el recurso que desde 2010 el PP tiene planteado ante el Alto Tribunal y que ‘duerme el sueño de los justos’, esperando a que el presidente del TC, y antiguo militante del PP, Francisco Pérez de los Cobos, lo reavive. Lo que podría suceder, como contamos, en los próximos meses. No más tarde del próximo mes de enero”.

 
“A los 23 años –escribía Juan José Millás en agosto del 2007–  Ruiz-Gallardón había tomado ya posesión de su puesto en la Audiencia Provincial de Málaga, donde enseguida (¡deprisa, deprisa!) pediría la excedencia para dedicarse a la política. Su biografía era perfecta desde cualquier cabeza bienpensante, extraterrestre o no. Convenía, para completarla, que el joven político militara en las juventudes de AP, que fueron la versión neandertal del PP, al que Aznar retrotraería luego al australopiteco. Tenemos, pues, a un Ruiz-Gallardón joven, guapo, abogado, fiscal y con profundas raíces familiares en el franquismo (está casado con la hija de un ex ministro del general asesino), virtudes a las que añade un catolicismo practicante y un verbo untuoso, cuyo ADN coincide al 100% con el de los portavoces de la Conferencia Episcopal. Para que el pastel eclesial estuviera completo, sólo faltaba añadirle algunos ingredientes contradictorios, como el de ser demócrata o el de estar a favor del aborto, del divorcio y de los matrimonios entre homosexuales. De este modo, la derecha vergonzante le votaría por parecer de izquierdas, y la izquierda retraída, por parecer de derechas. Todo era perfecto. Allá donde el joven fiscal en excedencia iba, triunfaba simultáneamente como hombre profundamente conservador a la vez que radicalmente progresista. Si en un discurso convenía citar a Vallejo o a Azaña, los citaba. Si quedaba bien que le gustara la ópera, le gustaba la ópera. Si vestía tener una consejera de izquierdas, ponía a una consejera de izquierdas al frente de Cultura, que no hace daño a nadie. Uno de los años de sus numerosos mandatos felicitó las pascuas con una cita de Rilke que decía: ‘El que ha osado volar como los pájaros, una cosa debe aprender: a caer’.

Gallardón, con Rouco Varela y con Ana Botella.
 
“Gallardón dimite –escribe Ignacio Escolar en Eldiario.es–  pero se queda Ana Mato, la ministra de los viajes a Eurodisney pagados por la Gürtel. Y Jorge Fernández Díaz, el ministro que condecora a las vírgenes y a los antidisturbios, el de las concertinas y las balas de goma en el agua, el principal responsable político de la tragedia de Ceuta. Y Pedro Morenés, el ministro del lobby militar que reparte desde el Gobierno los mismos contratos que antes cobró como proveedor. Y Cristóbal Montoro, el ministro que amenaza a esos actores imaginarios que no pagan impuestos mientras aprueba una amnistía fiscal. Y José Manuel Soria, el ministro del desastre eléctrico. Y Fátima Báñez, la ministra con más paro del mundo, pero que se fuma las cumbres europeas sobre empleo porque tiene un cóctel en el Senado. Y José Ignacio Wert, tan desautorizado como Gallardón en su plan para restringir las becas, tan desastroso en sus declaraciones como en su gestión. Gallardón se va pero se queda Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno de los sobres, el que mandó un SMS a Luis Bárcenas pidiéndole que fuese fuerte después de que apareciese su fortuna escondida en un paraíso fiscal, el político que puso la mano en el fuego por Carlos Fabra, por Jaume Matas, por Luis Bárcenas, por Gerardo Galeote y por otros tantos corruptos más. Alberto Ruiz Gallardón dimite. Y da explicaciones. Y acepta después preguntas de la prensa. En un país más normal no habría sorpresa alguna. El ministro se va después de que el mismo Gobierno del que salió el anteproyecto de la ley del aborto se lave ahora las manos y renuncie a una reforma machista, hipócrita y reaccionaria que nunca debió existir, pero que todo el Consejo de Ministros respaldó. Su renuncia sería ordinaria si no viviésemos una realidad extraordinaria (…). Gallardón está muerto y aún no se sabe si ha sido víctima de una garrafal negligencia o de un hábil asesinato. Toda incompetencia lo bastante avanzada es indistinguible de la maldad y en este caso la única certeza es que la carrera política del ministro ha terminado, no se sabe si víctima de sus propios errores o de un maquiavélico plan de Mariano Rajoy. La única certeza es que Gallardón deja la política. Y que a Mariano Rajoy de nuevo se le muere otro delfín”.
 

Diversos artículos explican en la prensa el desplome de Gallardón. Resalta el de José Antonio Zarzalejos, exdirector de ABC, quien lanza sus críticas contra Rajoy, a quien describe como un “asesino político en serie”, que “se cargó el Partido Popular en el momento histórico más febril de los últimos treinta años: en plena crisis de Estado”. En un artículo en El Confidencial, Zarzalejos recupera lo vivido en el PP en enero de 2008, cuando, según afirma, “Rajoy asestó a Alberto Ruiz-Gallardón la primera de sus puñaladas traperas”, por negarse a llevar al entonces alcalde de Madrid en las listas de las generales de marzo de aquel año (…). Rajoy, que sabe de fútbol mucho, buscó el empate: ni para Esperanza, “ni para ti, Alberto, aunque ya sabes que te prefiero”, añade el exdirector de ABC. Zarzalejos recuerda que aquello provocó el primer “amago” de dimisión de Gallardón, y “le dolió a Rajoy. Pero no tanto como la conspiración de la propia Aguirre con Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos (entonces en la todopoderosa COPE) y el cardenal Rouco-Varela para darle verduguillo en la noche electoral (9 de marzo de 2008) y, luego, en el Congreso de Valencia (junio de 2008)”, recuerda el periodista. “De no ser por algunos barones populares de la periferia, Rajoy no hubiese salido vivo de la calle Génova aquella noche electoral”, puntualiza. Gallardón se puso del lado del “superviviente”, el “corcho” Rajoy, hasta el punto de defender a capa y espada la ortodoxia, pero no ha tenido el apoyo del Gobierno, a pesar de que “nada de lo que ha hecho Gallardón y nada de lo que ha dejado de hacer –incluso las traiciones al programa electoral de su partido– le son atribuibles por entero”.
 
 
Zarzalejos destaca que el Gallardón era un ser extraño en el Consejo de Ministros. “Sus despachos habituales no eran con Rajoy, sino con la vicepresidenta –que se distinguían con un mutuo distanciamiento– y por mucho que el ministro trataba de que su gestión de plastilina complaciese al presidente y a Moncloa, nunca estuvo en el núcleo duro del Gobierno. Ayer por la mañana, Rajoy introducía por el espacio intercostal derecho del ya exministro su daga florentina. Y lo asesinaba por segunda vez después de una primera, hace más de seis años, en la sede popular de Génova (…) La puñalada ha sido certera porque no le dejaba a Gallardón margen alguno. ‘Ya están todos los de la lista’, podrán notificarle al presidente del Gobierno los miembros de su oficial mesa camilla. No está Aznar, no está Aguirre, no está Álvarez Cascos, no está Rodrigo Rato, no está Manuel Pizarro, no está Pedro J. Ramírez, no está Rouco Varela y, entre otros desaparecidos en combate, tampoco está Gallardón. Ha sido una buena labor de carnicería política; han despiezado bien el cadáver y han exhibido sus despojos con la sutil crueldad de ir haciéndolo poco a poco”, describe Zarzalejos, que califica a Rajoy de “killer político en serie, el tipo más peligroso de la política española después de José Bono. Que ya es decir. Por eso, Esperanza Aguirre, muy previsoramente, se encomienda a la divina providencia”.

Esperanza Aguirre, responsable del PP en la región, rodeada de informadores, a su llegada a los Juzgados de Plaza de Castilla.

Un día antes de la dimisión de Gallardón, Esperanza Aguirre, presidenta del PP madrileño, se sentaba ante el juez de instrucción para negar de manera contundente que se fugara de la Policía Municipal y de los agentes de Movilidad que la estaban multando por aparcar en un carril bus. Según su versión, vio que empezaba a acumularse un montón de gente” y, dado que “venía de un acto privado e iba sin escolta”, empezó a “tener miedo” por si le podía “pasar algo”. La patrulla de Policía Municipal le fue dando el alto en varias ocasiones desde la madrileña calle Gran Vía hasta su domicilio. Pero ella dice que no se dio cuenta ni que vio a los policías municipales que fueron tras ella Versión que queda desmontada por las imágenes que se captaron por las cámaras de seguridad de la zona y en las que una patrulla de la Policía se pone en paralelo al coche de la presidenta y llega hasta su casa. Fuentes de la acusación particular que representa a uno de los agentes desmiente cada una de las afirmaciones de la dirigente ‘popular’. Ella asegura que, cuando pidió retirarse en el momento en el que procedían a multarla, los agentes le espetaron que si no le gustaba el modo de actuar se lo dijera a “su amiguita la Botella, en referencia a Ana Botella, la actual alcaldesa de Madrid. La acusación asegura que uno de los agentes se limitó a saludarla y el otro únicamente le comunicó la infracción. Aguirre pidió que se modificara hasta tres veces su declaración antes de firmarla. Antes de su entrada al juzgado, la expresidenta madrileña declaró a los numerosos medios de comunicación presentes en la zona que estaba “encantada” de que el juez le tomase declaración “para explicarle todo lo que ocurrió ese día fatídico”. Agregó que pediría disculpas por haber cometido una infracción y que contaría al juez “toda la verdad”. Carlos Valle,  titular del Juzgado de Instrucción número 14 de Madrid, había dictado el auto en el que la citaba a declarar como imputada por un delito de desobediencia a agentes de la autoridad, en relación con el incidente de tráfico sucedido el pasado 3 de abril.



Esperanza Aguirre, tras salir de los Juzgados de Plaza de Castilla, donde acudió a declarar como imputada.

Pocas horas después de los hechos, Aguirre declaraba en varios medios de comunicación que los agentes eran “bastante machistas” y aseguró que no se había dado a la fuga, sino que se había negado a aceptar la copia de la multa de los agentes de movilidad, a quienes calificó de “viciosos de las multas” y definió como “agentes de (in)movilidad”. La dirigente ‘popular’ centró su declaración en desmentir que se había dado a la fuga, que no vio al agente al que casi arrolla al arrancar el coche, y en desacreditar a los funcionarios que procedían a multarla. Cuando los agentes la vieron, aseguró Aguirre, se pusieron “muy contentos”. Es más, según cuneta, uno de ellos sacó el teléfono nada más verla para llamar a la prensa. Pidió retirarse a una zona donde no hubiera tanta gente mirando, aunque en las imágenes de los hechos no se percibe que existiera ningún grupo concentrado observándola. Tras su declaración, Aguirre aseguró que había contestado a todas las preguntas que le realizaron, las del instructor y de la acusación particular. Ni la Fiscalía ni el abogado de la acusación popular, representada por la asociación “Transparencia y Justicia”, realizaron ninguna pregunta al entender, según fuentes fiscales, que ya se había preguntado todo lo necesario. El siguiente paso será la declaración de los agentes que la multaron y la de los policías que la persiguieron hasta su casa. A partir de entonces, el instructor del Juzgado número 14 de Plaza Castilla tendrá que decidir si sienta a Aguirre en el banquillo de los acusados por un delito de desobediencia, si vuelve a convertirlo en falta, por falta de pruebas, o si lo archiva.
 
 Esperanza Aguirre fue golpeada por el micrófono de la Cadena Ser.

Mientras Esperanza Aguirre declaraba ante el juez, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, la defendía en Génova, apelando a la “presunción de inocencia”.  Consideraba “digno de elogio” que la presidenta del PP de Madrid quisiera “contar al juez lo que pasó” y pidió a la prensa que no la considere aún un cadáver político. Aguirre salió sonriente, y, cual estrella de cine, fue rodeada por informadores a los que explicó que había contestado a todas las preguntas del titular del Juzgado Central de Instrucción y a todas las de la defensa particular que representaba al agente al que tiró la moto en el momento de la fuga y que sufrió un golpe en la rodilla. Ante un centenar de periodistas y cámaras aseguró que su futuro político “está en manos de la providencia”. Un desafortunado movimiento de un periodista provocó que estampara el micrófono de la Cadena Ser contra el rostro perfectamente maquillado de la expresidenta. La radio del grupo Prisa pidió disculpas. Lo que provocó en Twitter fotos satíricas sobre el incidente.
 
 
Luego, Esperanza Aguirre trató de dirigirse a su coche, advirtiendo a los periodistas que tuvieran cuidado porque podían caerse. Varias personas la increparon, gritándole “sinvergüenza”, “ladrona”, “choriza”, “pija” y otros calificativos. Algún ciudadano también la jaleó. Cerró el espectáculo la aparición de Rodríguez Menéndez, que pidió personarse como acusación popular en el proceso. El polémico abogado había regresado a España después de su huída a Argentina, tras ser condenado a 12 años de cárcel por difundir el montaje del vídeo contra el exdirector de El Mundo Pedro J. Ramírez, y por delito fiscal. El PP de Madrid andaba preocupado por la resolución de este caso. Los partidarios de la expresidenta de la Comunidad dudan de que salga libre en un juicio de tráfico en el que la mayor parte de los acusados salen condenados frente a la palabra de la “autoridad” de los agentes. El incidente, que se iba a resolver con un juicio de faltas, terminará en un juicio en el que se acusará a la expresidenta de un presunto delito. Ella ha sido la primera en comparecer ante el juez. Los seis agentes de Movilidad y los dos policías implicados lo harán el próximo día 30 de septiembre.  Luego llegará la vista oral y posteriormente la sentencia, con los posibles recursos de una o las dos partes... Pero el reloj corre en contra de la presidenta del PP de Madrid a la que la mayor parte de sus compañeros quieren de candidata para el Ayuntamiento de Madrid. Ella lo está deseando. “Lo piden por la calle”, ha dicho en más de una ocasión. Y las encuestas internas del PP la señalan como la única que puede salvar la mayoría absoluta. Pero, al hablar con concejales, diputados y distinguidos militantes del PP, prácticamente todos dudan de que encabece la lista al Ayuntamiento. Creen que los tiempos corren en contra de ella y si la condenan a inhabilitación, algo que muchos consideran probable, no la ven como candidata, recurriendo hasta el último minuto antes de cerrar las listas. El PP de Madrid está sumido en la duda aunque no pocos querrían verla libre de toda culpa como cabeza de lista para ser la primera alcaldesa electa de la capital de España. Si, finalmente, Aguirre no es candidata, Cristina Cifuentes podría ser la sustituta.

Jordi Pujol, en el parlamento catalán: “Si yo caigo, caemos todos”.

Por su parte, Jordi Pujol echaba el pasado viernes a los líderes de la oposición un rapapolvo que pasará a los anales de la historia del Parlament. En un estallido de cólera propio de cualquier tirano barriobajero que anda por el mundo envuelto en diamantes y sangre quien fuera el Muy Honorable, con una mirada terrorífica que nadie conocía,  advirtió que si caía él, caían todos los demás. Estas son algunas de las perlas soltadas ante los parlamentarios, muchos de los cuales no podían creer lo que les decía: “Si vas segando la rama de un árbol al final cae la rama (...) caerán todas y habrá sido responsabilidad de todos los que han practicado este tipo de política”, “Estoy excitado porque me da pena algunas de las cosas que se han hecho aquí y por la falta de audacia en algunas de las cosas que se han dicho”, “Hay un punto de frivolidad, de liarlo todo y mezclarlo todo para crear un clima de incomodidad contra mi y contra CiU”, “Si todo hubiera sido tan corrupto, tan terrible y esos gobiernos tan incapaces, no se hubiera aguantado, y eso condenaría a toda política catalana”, “No se pueden decir mentiras ni decir informaciones que desorientan a la gente”, “Hay mucha gente que no ha comparecido por cosas menos delicadas y complicadas que la mía. No me negarán que he tenido respeto al Parlament”, “Me he desnudado ante la opinión pública. ¿Es inteligente o no? no lo sé, pero esto no se suele hacer”. Entre las que más llamaron la atención: “Yo no decidí hacer política para ganar dinero, ya lo tenía”, “Se piensa que guardar dinero se hace por codicia, pero a veces se hace por miedo”, “Tener dinero en el extranjero puede ser criticado pero no presupone que el origen de este dinero sea ilícito”.
 
El expresident Pujol durante su intervención en el Parlament.

Tras ese calentón, el ex president se relajó y salió de la Cámara bromeando. “¡Hoy me he ganado el sueldo!”, comentó ante los muchos periodistas que lo esperaban a la puerta de la sala de comparecencia. Pujol no entiende que, después de estar treinta años mangando a la vista de todos sus colegas de profesión, vengan ahora a pedirle explicaciones cuando ya las dio en aquella entrañable carta que escribió a los reyes en pleno verano. “La oposición –titula Diariocrítico.com– saca de quicio a un Pujol que no aclara su fortuna oculta. “Jordi Pujol se envuelve en la bandera y la patria catalanas –publica El Confidencial– y echa balones fuera”. “El Parlament rechaza las ‘lecciones morales’ de Pujol –esccribe Público.es–. El expresident de la Generalitat se defiende con uñas y dientes en una comparecencia en la que apenas ha revelado detalles sobre su evasión fiscal y donde la mayoría de los grupos parlamentarios, excepto una CiU que ha evitado comprometerle, le han acusado de estafar a todos los catalanes”. Los grupos de la oposición no creyeron su versión y le pidieron la verdad. ERC insinuó que el fraude de Pujol salpicaba a Artur Mas.

Jordi Pujol, a la salida del Parlament.

Después de su comparecencia por ocultación de fondos en el extranjero sin regularizar, el expresidente de la Generalitat salió del Parlament entre gritos de 'ladrón' que lanzaron los concentrados a la entrada, pero arropado por media docena de diputados de CDC. Sin querer atender a los periodistas, salió del edificio. Enric Sopena, director de ElPlural.com asegura: Si Mas y ERC logran el triunfo, ambos llevarán en volandas a Pujol, el héroe del Estado propio, y de los ladrones.  CiU se puso finalmente de rodillas ante Jordi Pujol i Soley. Se acabó la marginación del fundador de Convergència y protector de Unió. Que le devuelvan, pues, todas las prebendas, canonjías y privilegios –legales, por cierto– que le fueron arrebatados por algunos revolucionarios de su propio partido, al conocerse su confesión, hecha pública el 25 de julio del año en curso”. Cuartopoder advierte: “Pujol chulea al Parlament. En su esperada comparecencia ante la Cámara no aclaró la cuantía y evolución de su fortuna oculta en Andorra a salvo del fisco, pero tuvo el morro de afirmar: ‘No soy un corrupto’”. Y añadió en nota exculpatorio: “Me he desnudado ante la opinión pública”. Vozpópuli remarca: “Pujol no responde y amenaza al Parlament: Si cae la rama del árbol, al final caerán todas”. “El expresident de la Generalitat –resume– dio puñetazos en la mesa y abroncó a los políticos catalanes en una sesión que salvó sin responder a ninguna pregunta y en la que sometió al Parlament. Sólo la CUP, que se marchó de la sala, y Albert Rivera se atrevieron a reprobarle con la frase: “A mí no me riñe ni mi padre”. CiU culpó a quienes le acusaban por ‘hablar desde la bilis’. Pujol cifró su herencia en 140 millones de pesetas y advirtió ante los diputados: “No entré en política para ganar dinero. Ya lo tenía”.


El Gran Wyoming, “el fenómeno televisivo del momento”, según Carles Francino, fue entrevistado el pasado lunes en la Cadena Ser, por el equipo de Todo por la radio. Allí, Miguel Monzón habló de su pasado hippy, de su faceta musical y, cómo no, de política. Wyoming tuvo unas palabras para su musa, Esperanza Aguirre, a raíz de su comparecencia judicial, imputada por su incidente con la policía municipal. “Si un inglés tira una moto de la Policía va a la cárcel ese mismo día. Y aquí seguimos discutiendo si es falta o delito”, opinó el presentador de El Intermedio. Cuestionado sobre qué noticia del día preferiría para realizar un monólogo, Wyoming señaló que “la mejor noticia es que Rajoy se vaya unos días a China. Es como un soplo de aire fresco”. Tampoco faltó su opinión sobre Podemos, con quien no se ha mostrado crítico: “Yo estoy por el desorden, quiero que las cosas cambien de manera abrupta”. Sobre si sería ministro de Pablo Iglesias, ha señalado que “no sería ministro de nadie, porque tengo un pasado muy abrupto y el día que me lo saquen…”. Sin embargo, sí que aspira a un cargo político: “Sería alcalde de Madrid, para darle alegría y marcha a la ciudad, pero me temo que no duraría mucho”.


Fotomontajes de Gallardón, ex ministro de Justicia.                       










El humor de Erlich:







El humor en la prensa de esta semana: Zulet, Peridis, J. M. Nieto, J. R. Mora, Kap, Ferrán, M. Fontdevila, Peridis…



 
El siguiente dibujo, de José María Nieto, aparecido, por supuesto, en ABC, retrata a un grupo de (siniestros) ángeles custodios”, llevándose detenido al presunto violador de Ciudad Lineal, bajo la mirada sonriente de una niña. El autor del dibujo del periódico de derechas será condecorado en la festividad del patrón de la Policía, con la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco. El humorista gráfico se siente “abrumado” y “alegre” porque su trabajo ha “reconfortado” al Cuerpo.

 








Y el humor de Pep Roig: Inindependientependiente, la culpa es de los otros, dos días, tonto el último.
 
 





Entre los vídeos de esta semana que les recordamos, el de la dimisión de Gallardón.



La fuga de Esperanza Aguirre, tras ser multada.



Versión de Esperanza Aguirre en el programa El Cascabel El cascabel al gato, un programa de televisión de TDT, de tendencia conservadora, centrado en el debate político y en la actualidad social, emitido por 13 TV.





El otoño recién estrenado nos recuerda la letra de “Les Feuilles Mortes” (Las hojas muertas) escrita por el poeta francés Jacques Prévert e interpretada porIves Montand. En 1945, Prévert escribió el guión “Les portes de la Nuit”, película de Marcel Carné, en 1946, del ballet “Le Rendez-Vous (La cita), creado `por Roland Petit en 1945.