jueves, 25 de septiembre de 2014

La Salud Pública de Cuba.

 Hilda acompañada de sus amigos en La Habana.
 

Alda, madre de Hilda, con su hija.

 
Mientras en España el  Gobierno del PP está empeñado en privatizar la sanidad y el Ministerio del ramo  se empeña en no pagar  tratamientos caros, como la 'hepatitis c', cuyo coste ronda los 60.000 euros, en Cuba, país pobre y sin suficientes medios, se costea la atención médica en el extranjero en los casos en los que no se puede tratar al enfermo. A Hilda, de 17 años, le diagnosticaron ramificaciones vasculares múltiples en el hemisferio derecho del cerebro, lo cual le producía fuertes dolores de cabeza y el desplazamiento hacia fuera del ojo, una enfermedad que no podía ser tratada en Cuba. Pero los especialistas del hospital neurológico de La Habana la calmaron explicándole que había una salida, y recomendaron su traslado para que la operaran en Europa. Una comisión del Ministerio de Salud Pública dio el visto bueno y se destinaron 60 mil euros para su intervención quirúrgica que incluía pos pasajes de ella y su madre, el hotel de esta última y el transporte. “Finalmente, en el tratamiento de mi hija –explica Alda, su madre– se invirtieron 26 mil euros así que el resto se reasignó a un enfermo cubano de cáncer en la columna que se atiende en otra clínica de ese mismo país y que ya lleva gastados 200 mil”.

El caso de Hilda no es una excepción. Los enfermos cubanos van a todas partes del mundo “No se trata de una excepción –recuerda Alejandro González, exembajador de Cuba en España–. Conozco bien el tema porque durante mi estancia en Europa hemos pagado en diferentes países la atención a pacientes cubanos por valor de 70, 80 y 100 mil euros”. González recuerda que “cuando no se hacían los trasplantes de riñón en Cuba se costeaba la estancia del enfermo y su acompañante durante 2 años en el extranjero”.

En 4 meses, Hilda estaba siendo atendida en una de las mejores clínicas de Europa, donde los resultados fueron tan exitosos que ni siquiera necesitó la radiocirugía. Asegura la madre que el trato que recibieron fue maravilloso. “El médico –asegura su Alda– nos preguntó a mí y a mi hija qué esperábamos de la intervención. Yo dije que la salud y la niña respondió que quedar bonita. Cuando terminó nos enteramos que le habían hecho también algo de cirugía estética para borrar todo rastro de la enfermedad”. La madre de Hilda no puede evitar las lágrimas cuando agradece a las autoridades de la Salud Pública de Cuba y a los médicos extranjeros que la atendieron. Sabe que nunca hubiera podido reunir el dinero necesario para pagar la operación de su hija y que eso hubiera significado la muerte de la adolescente. Y sonríe al ser preguntada sobre si es familiar de algún dirigente. “Yo no tengo ningún familiar que sea una persona importante –dice–. Ni siquiera un conocido. Incluso soy una madre que cría sola a sus hijas. No fue necesario que hiciera gestión alguna, los propios médicos que atendieron a Hilda en Cuba fueron los que gestionaron todo. Así funciona aquí”.

Algo totalmente distinto de lo que ocurre en España, cuya privatización de lo público es una de las obsesiones de Rajoy y de Ana Mato, su ministra de Sanidad.