viernes, 17 de octubre de 2008

17 de octubre. Tomás Segovia. "España es un país con muy poca memoria histórica".


Tomás Segovia es uno de los niños del exilio que no incluí en mi libro “España, vista por sus exiliados”, aún por publicar. Pensaba que era uno más entre los que se exiliaron pero el personaje ha sido galardonado en varias ocasiones: Premio Octavio Paz y Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe, Premio Extremadura a la Creación y, hace una semana, Premio Internacional de Poesía, Federico García Lorca. Tomás Segovia es autor de una diversidad de obras literarias entre las que destacan una veintena de libros de poesía. Ejerció diversos oficios en distintos ámbitos: cine, radio, traducción, corrección, interpretación, publicación y difusión cultural en la Universidad Nacional y ejerció el oficio de impresor. En México trabajó para cine y televisión, dio clases en el Instituto de Intérpretes y Traductores y fue nombrado profesor-investigador por el Colegio de México. En Estados Unidos fue profesor visitante en la Universidad de Princeton.

Tomás regresaba a España, en 1976, un poco a trompicones. Franco había muerto ya pero no el franquismo que él pudo conocer. Volvió porque echaba de menos el paso de las estaciones. No por nostalgia. Hoy, al concederle el Premio Internacional de Poesía, Federico García Lorca, me he adentrado en su página web y me he quedado prendado de su personalidad. Se trata de un ciudadano “más del siglo XX que español”. Nació en Valencia en 1921, la ciudad en la que Max Aub pasó su adolescencia. Pero, al estallar la guerra civil, fue uno de los niños del exilio, viviendo dos años en la Casa de España, una guardería parisiense para 350 niños recogidos en las calles de Bilbao y Madrid. Pasó por Casablanca y se dirigió a México. Hoy, a sus ochenta años, vive en Madrid y se lamenta de que en España –“a diferencia de Francia”– el exilio es un gran desconocido. “Aquí –ha reconocido en varias entrevistas– hay muy poca memoria histórica. En este país todavía los gobiernos democráticos no han hecho un reconocimiento de lo que fue el exilio como hecho social. Los jóvenes no estudian lo que supuso el exilio, como se hace en Francia, donde éste forma parte de su historia”.

Maltrecho físicamente por tres infartos, el poeta conserva una gran lucidez. A unos pasos de su casa madrileña queda el Parque del Oeste. Escribe mentalmente, mientras camina: “Por eso hago poemas cortos, casi sin correcciones. Ya no tengo la memoria de antes, que era casi de circo”. Tomás Segovia siempre ha escrito en los parques o en los bares. Dice que necesita ruido para concentrarse. Y antes de refugiarse en la literatura prefiere escapar de la vida. “Escribir –puntualiza– es mi manera de intentar poner las cosas claras con la vida, no con la literatura. Allá se las entiendan los profesores”.

Al leer su vasta obra, uno de los sonetos que más me ha impactado es el titulado “Tu carne olía ricamente a Otoño”. Y dice así:

Tu carne olía ricamente a otoño,
a húmedas hojas muertas, a resinas,
a cítricos aceites y a glicinas
y a la etérea fragancia del madroño.

Hábil como una boca era tu coño.
Siempre había, después de tus felinas
agonías de gozo, en las divinas
frondas de tu deseo, otro retoño.

Te aflojabas de pronto, exangüe y yerta,
suicidada del éxtasis, baldía,
y casta y virginal como una muerta.

Y poco a poco, dulcemente, luego,
absuelto por la muerte renacía
tu amor salvaje y puro como el fuego.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Con todos mis respetos por Tomás Segovia, y otros exiliados y represaliados de dentro y de fuera, el deficit no está en la memoria y el recuerdo propiamente. Sabemos lo que pasó, y todavia quedan tesmimonios de transmisión oral que atestigüan incluso como era el olor (azufrado y nauseabundo) de las bombas incendiarias y su metralla arrojadas sobre la gran via madrileña. Está todo documentado e interpretado incluso por historiadores foráneos, que nos han ofrecido el asepticismo que otorga la lejania de origen, y de paso se han enamorado de estas tierras y sus gentes. La cuestión que se suscita, -en mi opinión- es que no se han provisto los mecanismos compensatorios y de reparación hacía los españoles vencidos y humillados, asi como a sus descendientes. Incluso la fe (cualquier forma de creencia)) ha sido ultrajada, al no procurarse la identificacion de los cuerpos, y enterramientos dignos. Este es hasta la fecha un importante deficit de nuestra democracia. A dia de hoy, el juez Garzón ha pedido el certificado de defunción de Franco. Suena a chiste, pero quizá sea el principio. chiflos.

Santiago Miró dijo...

Cierto, apreciado Chiflos, que no se ha previsto el mecanismo de compensación hacia los españoles vencidos y humillados pero no podemos olvidar, como apunta Tomás Segovia, que no todos los gobiernos democráticos han hecho que la mayoría de nuestros jóvenes ignore lo que fue el exilio y ninguno de ellos estudió lo que éste supuso, como sucede en Francia.