En España ya no se puede ser católico y votar al PP.
Juan Luis Valenzuela mostraba, hace unos días en ElPlural.com,
el choque entre el Evangelio y el discurso de la “prioridad nacional”, la
tibieza en el No a la Guerra y las simpatías trumpistas, dejando en evidencia
la contradicción moral de PP. Es
sobradamente conocida la frase “España ha dejado de ser católica”, pronunciada
por Manuel Azaña el 13 de octubre de 1931 en las Cortes Constituyentes, en
pleno debate sobre la cuestión religiosa y la redacción de la Constitución de
la Segunda República Española. “Azaña recurría a esa afirmación para defender
la separación entre Iglesia y Estado y justificar la necesidad de un modelo
laico en la organización del país. Hoy, parafraseando aquella cita,
podría sostenerse que ‘en España, la derecha ha dejado de ser católica’, en la
medida en que el Partido Popular ya no encarna ni abraza los principios de la
religión que durante décadas le ha servido como uno de sus principales soportes
electorales. Es más, a la vista del contexto político actual, cabe incluso
plantear que es la izquierda quien, en mayor medida, recoge el mensaje del Evangelio
cuando defiende a los más vulnerables, a quienes huyen de la persecución o del
hambre, o cuando se posiciona con firmeza contra la violencia derivada de los
conflictos bélicos. Dicho de otro modo, un católico coherente con los
principios de su fe difícilmente debería optar por el Partido Popular en las
urnas.
El
choque frontal entre los principios del Evangelio y el discurso de la
“prioridad nacional” evidencia una profunda incoherencia moral en el Partido
Popular, que se agrava con su tibieza ante el clamor del No a la guerra y sus
crecientes simpatías hacia postulados trumpistas. Esta combinación de
posicionamientos no solo desdibuja cualquier pretensión de humanismo cristiano,
sino que sitúa al partido en una deriva ideológica donde el cálculo político
parece imponerse a los valores éticos que históricamente ha invocado, dejando
al descubierto una brecha cada vez más difícil de justificar entre su discurso y
sus actos. La pregunta ya no es incómoda, sino inevitable: ¿Puede alguien
proclamarse cristiano mientras respalda discursos que excluyen, señalan y
deshumanizan al diferente? (...)
Sin
embargo, el discurso dominante en la derecha española apunta en sentido
contrario. Santiago Abascal ha llegado a acusar a obispos de “hacer negocio”
con la inmigración, mientras cuestiona abiertamente la labor de la Iglesia en
la acogida de migrantes. Una confrontación que no es anecdótica, pues evidencia
una ruptura profunda entre la doctrina social de la Iglesia y el nacionalismo excluyente.
Desde
la propia jerarquía eclesiástica se ha respondido con claridad. El arzobispo
Joan Planellas lo resumió claramente y sin rodeos cuando expresó que un
xenófobo no puede ser un buen cristiano. Y el obispo de Canarias, José Mazuelos
Pérez, fue aún más gráfico al denunciar en L’Osservatore Romano la
deshumanización del debate migratorio, recordando el sufrimiento real de
quienes se juegan la vida en el mar: “los migrantes viven nuestra Iglesia
cuando después del peligroso y largo camino se encuentran una mano tendida que
los acoge, los escucha con cercanía y fraternidad”. (...)
A
esto se suma el silencio - cuando no la complicidad - ante conflictos
internacionales donde la defensa de la vida y la justicia debería ser
incuestionable. Las posiciones ambiguas o alineadas con intereses geopolíticos
alejan aún más a la derecha española del humanismo cristiano que dice
representar. Pactar con Vox es acordar con quien ha puesto en su punto de mira
de odio la labor ejemplar de Cruz Roja en las guerras y en la ayuda a los
vulnerables ¿Es eso cristiano?
El
papa León XIV ha sido contundente al abordar el debate sobre inmigración,
subrayando que los migrantes “son seres humanos” y deben ser tratados como
tales, “no peor que las mascotas”. En sus palabras, ninguna política migratoria
puede justificar un trato indigno hacia quienes buscan una vida mejor,
denunciando que en muchos casos estas personas llegan a recibir un trato “peor
que los animales”. Aunque reconoce el derecho de los Estados a controlar sus
fronteras, el pontífice insiste en que ese control debe ejercerse siempre desde
el respeto a la dignidad humana. También se ha enfrentado a Trump por la guerra
de Irán, al igual que contra Netanyahu, algo que no ha hecho la derecha
española.
Valenzuela
confirma esta deriva y el giro del Partido Popular, especialmente bajo el
liderazgo de Alberto Núñez Feijóo. “Su aproximación al discurso de Vox no es
táctica, es estructural. Ya no se trata de competir electoralmente con la
extrema derecha, sino de asumir su marco mental como el miedo al extranjero, la
sospecha permanente o la exclusión como política”.
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