viernes, 19 de febrero de 2021

El alto clero católico se cuela para recibir antes la vacuna contra el coronavirus.

 

El obispo de Cartagena, José Manuel Lorca Planes.

Al menos cinco obispos han saltado hasta el momento las normas y se han vacunado de forma irregular antes de lo que les correspondía según la estrategia de vacunación. Y, pese a las endebles excusas de los prelados, que han acabado incluso en una investigación judicial, la Conferencia Episcopal mantiene un cómplice silencio roto por Jesús Bastante quien advierte en “ElDiario.es: “Cinco obispos españoles han pasado a formar parte del deshonroso club de los que se han colado en la lista de espera de la vacuna contra la COVID19. Una minoría entre el Episcopado español (hay 119 obispos, entre titulares, auxiliares y eméritos), pero muy significativa en comparación con otros colectivos sociales y políticos”.

El primero obispo que empezó a saltarse las reglas fue el obispo de Mallorca, Sebastiá Taltavull, al inocularse la segunda dosis días después de descubrirse que no residía en la residencia sacerdotal donde se había vacunado por primera vez. Tras él, el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, que engañó a la Consejería de Salud para poder vacunarse, recibiendo la segunda dosis; el de Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, ya investigado por la Generalitat y el ecónomo bajo su mando, un cura negacionista que ha acabado contagiándose, sospechoso de haber transmitido el virus a los ancianos de la residencia sacerdotal de Alicante, así como a las monjas de clausura del monasterio de la Santa Faz. Igualmente, se han conocido los casos del arzobispo emérito de Burgos, Francisco Gil Hellín, 'invitado' a una vacuna por el obispo de Cartagena–Murcia, José Manuel Lorca Planes, investigado por la Fiscalía de Murcia tras una denuncia y la comprobación de que se registró como capellán de una residencia sin serlo.

Pese a estos casos, resuena el rotundo silencio guardado del episcopado. La Conferencia Episcopal evitó ofrecer su posición oficial a ElDiario.es. Fuentes de la Casa de la Iglesia, sin embargo, sí apuntaron que “nuestra institución no interviene en temas de diócesis. Es una asamblea no colegial. No tenemos competencias diocesanas”. Y sólo el obispo de Canarias, José Mazuelos, médico de profesión, se atrevió a afear la conducta de sus compañeros. “Sin conocer las circunstancias, no ha estado bien que los obispos de Tenerife y Mallorca se vacunaran cuando no les correspondía”, señaló este prelado. El presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, se limitó a declarar que “tenemos que ser más nobles y más honrados. Han puesto un baremo por edad, por función social, y yo creo que hay que seguirlo y cuando a uno le toque, pues le toca y ya está”. El cardenal de Barcelona no conocía, en aquel momento, el escándalo que se avecinaba, pero sí añadió que "hacen bien en llamar la atención a estas personas, esto no está bien hecho, hemos de ser honrados. La mujer del César no sólo ha de ser honrada, también ha de parecerlo. Lo digo también para mí, para el obispo, para toda la sociedad”.

Ninguno de los obispos descubiertos ha pedido perdón por su atrevimiento o su error personal, reconociendo que “en ningún momento creyeron estar actuando mal y que jamás contemplaron la posibilidad de que pudieran faltar vacunas”. En todo caso, estos monseñores practicaron lo enseñado por ellos mismos: que los primeros serán los últimos, y los últimos, los primeros, aunque no se diga para qué…

No hay comentarios: