miércoles, 15 de agosto de 2012

El PP da la cara en las corridas y teme los incendios.


Rajoy, sembrando árboles, en su época de candidato a la Moncloa



El ministro Arias Cañete, en los toros con el rey, el pasado sábado.


El ministro, Arias Cañete.


A principios de febrero de 2008, Mariano Rajoy, que aspiraba más que nadie a la presidencia del Gobierno, decía importarle la ecología y prometía que, si él gobernaba, plantaría 500 millones de árboles en tan solo cuatro años. Una nueva versión (adaptada y reducida) de otra promesa anterior, realizada en 2004, y que llegaba a 800 millones. Pero, ¿cuántos ha plantado, una vez en el poder? ¿Dónde está hoy ese fervor ecologista de Rajoy? Y ¿qué hace cuando España está viviendo la peor oleada de incendios de las últimas décadas? ¿Dónde están su gallardía y sus promesas incumplidas?

Pero Rajoy y los suyos no quieren complicaciones cuando están de vacaciones. Y si un bosque arde y se quema, prefieren mirar hacia otro lado. En su primer veraneo, el PP se ha encontrado con media España ardiendo. Pero, ¿qué ha hecho antes para erradicar y perseguir a los pirómanos? Nada, amparándose en los recortes de medios. En julio, el incendio de Valencia se saldó con más de 50.000 hectáreas arrasadas, casi el doble de hectáreas afectadas, un piloto fallecido y varios heridos, mientras que el presidente de La Moncloa se enteraba de la alarma, pero se dirigía no a Valencia, sino a Kiez, en donde celebraba la victoria de la selección española de fútbol en la Eurocopa. Luego, en la primera quincena de agosto, España vivió la peor oleada de incendios de las últimas décadas: Valencia, Canarias, Galicia, La Gomera, en donde el fuego llevó una semana ardiendo…, sin que el presidente ni su ministro de Medioambiente abandonaran sus vacaciones: Rajoy siguió, en Galicias; Arias Cañete, asistió el sábado a una corrida de toros en Cádiz con el Rey, mientras nueve fuegos asolaban distintos puntos del país y ardieron en tres Parques Nacionales.

Cañete justificaba el lunes su presencia en la corrida de toros de Cádiz, presidida por el rey, celebrada el sábado pasado, con el argumento de que seguía órdenes de la Presidencia del Gobierno. El ministro de Medioambiente justificaba su falta de asistencia en los nueve incendios activos, entre ellos el de La Torre de les Maçanes, en el que se registraron dos fallecimientos y la evacuación de 5.000 personas. No fue, según él, no por falta de sensibilidad, sino “porque había sido mandado como ministro de jornada por el presidente para acompañar al rey. Y esta es una de las funciones de los ministros, acompañar al rey”. No, presenciar las llamas. “El acto de acompañar al rey –declaraba en la Cadena Ser– no lo decide este ministro. Y, en cuando recibe órdenes, entra dentro de sus funciones”. Para él, las órdenes de la presidencia eran sagradas. ¿Cabe, entonces, culpar al presidente Rajoy del desinterés mostrado por los incendios forestales, prefiriendo tanto el partido de la selección española, en la Eurocopa (Kiev), como la corrida de toros, en Cádiz, a un fuego que duró casi toda la semana?

Claro que ayer, el ministro Cañete descubría su gran revelación: "los incendios son culpa del calor y de los recortes autonómicos". Pero descubría, a la vez, que, hasta que no se queme la plaza de toros, no quiere que vuelvan a molestarle. Lo cierto es que la fotografía distribuida el sábado por la Casa Real no deja en buen lugar al ministro, duramente criticado por el responsable de Ordenación del Territorio y Sostenibilidad del PSOE. Hugo Morán comparó la respuesta del Gobierno a los incendios en zonas protegidas del país con la gestión que hizo del hundimiento del Prestige durante la era Aznar. Denunció la “invisibilidad” del Gobierno ante los incendios producidos durante estos días, y reprochó al ministro Cañete que se fuera a los toros “mientras España arde. Cada vez que hay una catástrofe ambiental, el PP –concluía – se va de caza o a los toros”.

Por su parte, Rajoy sí acudió, esta vez sí, al Palacio Marivent, aunque allí no se registraba ningún incendio, para encontrarse con el rey, que tampoco gusta de las llamas, y menos de vacaciones, en Mallorca. Y luego, haciendo un guiño a los suyos, se desplazó a Doñana, donde sí hubo un incendio, pero ya estaba de sobra controlado. De modo que terminará allí sus lindas vacaciones, lejos del fuego y del humo que tanto asustan a los jefes del PP. Lástima que no hayan levantado en el parque ninguna plaza de toros. Porque a esa sí se desplazaba nuestro Marianito. Y más, si ésta fuera inaugurada por el rey.