miércoles, 3 de diciembre de 2008

Los aciertos y las debilidades de los Kirchners.


Durante el año que estamos a punto de terminar –sólo le quedan 27 días–, Argentina, donde la libertad de expresión se ha visto ensombrecida por “reiterados episodios dirigidos contra los medios de comunicación y provenientes del poder político”, sufre un estrés compulsivo. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas señala que la conflictiva relación del Poder Ejecutivo con el periodismo se agravó a partir del prolongado conflicto del sector agropecuario. “El Gobierno –diagnostica Adepa– estigmatizó a medios y periodistas ante opiniones o lecturas de la realidad, diferentes de la oficial, llegando en este caso a caracterizar a algunos como enemigos de las instituciones”. Adepa se refiere a las críticas que realizara la presidenta argentina, Cristina Fernández, y su antecesor y esposo, Néstor Kirchner (2003-2007), sobre el papel de la prensa. “Clarín”, “La Nació”, “Perfil” y “Radio Continental”, entre otros, creen que existieron “campañas sistemáticas contra estos medios”, con amenazas a la seguridad personal de editores y periodistas.

Néstor Kichner accedió a la presidencia con el nivel más bajo de votos jamás registrado en la historia argentina. Finalizó su mandato el 10 de diciembre de 2007, entregando el mando a su esposa, Cristina Fernández, quien, catapultada por su esposo, se impuso en las elecciones del 28 de octubre de ese año. Desde entonces, Néstor pasó a dedicarse a la actividad partidaria, sin descartar en ningún momento el volver a presentarse como candidato a presidente. Pero, mientras la pareja hacía su agosto en la Casa Rosada y el líder justicialista despachaba con ministros y hacía oír su voz sobre cualquier tema, los conflictos no cesaron.

Dentro de la crisis política, la pareja presidencial ha pasado por altibajos delicados. A mediados de julio pasado, el fantasma de la eventual dimisión de Cristina Fernández a la Presidencia asomó durante algunas horas, a raíz de la catastrófica política que atravesaba su Gobierno, enfrentado con el campo y con la oposición. “Largá todo y andate, Cristina”, le habría solicitado su marido. Tras siete horas en el limbo, la presidenta llamó a un diputado: “No voy a irme”. Un ministro, consultado al respecto, rogó: “No me pregunten sobre eso”. El gobierno de Uruguay vetaba la candidatura de Néstor Kichner a la secretaría general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Y la diputada Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica, denunciaba el 11 de noviembre al ex presidente por “asociación ilícita”.

Si bien es cierto que la defensa de la presidenta, Cristina Fernández, siempre ha estado reforzada por el apoyo manifiesto del ex presidente, su esposo –tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando–, a menudo las opiniones de ella son utilizadas para conveniencia de él, cada vez más metido en los intríngulis del poder. Con frecuencia, la presidenta Fernández sufre la interferencia de su marido. Dicen que sus opiniones o actuaciones (las de ella) son el reflejo intencionado de él. Y, a menudo, Kirchner actúa o conversa con personajes importantes como si fuera él y no ella la que mandara.

El triunfo o fracaso en la política es gracias a los dos, que comparten su existencia desde hace 34 años. El controla mejor que ella los resortes del poder. En cambio, ella sabe presentarse. Habla mejor que él y se comunica con los electores. Pero ambos chupan por igual del bote del poder, dirigiendo la presidencia a medias, cada uno desde el lugar elegido. La reputación de la presidenta supone el crédito de su marido en la presidencia del Partido Justicialista, pero la impopularidad del mismo es un descrédito para ella. Del reparto de competencias se aprovechan ambos, enriquecidos por las prebendas del momento. Sólo falta que el peso argentino lleve el rostro de Cristina Fernández, por un lado, y el de Néstor Kirchner, por el otro. Aunque el peso era ayer depreciado a mínimos históricos, ante la presión compradora de dólares por la creciente incertidumbre que genera la crisis financiera internacional.

3 comentarios:

Antonio Tello dijo...

Muy interesante tu análisis,Santiago. Un abrazo

Santiago Miró dijo...

Gracias, Tello. Me halaga tu comentario. Sobre todo pensando que proviene de un argentino tan relevante y preciado como eres tú.

Anónimo dijo...

Poco serio. Saludos