viernes, 26 de diciembre de 2008

Una crisis vista desde el carro.


Estas Navidades, el Rey Juan Carlos se ha asomado a la crisis, utilizando un lenguaje apropiado a su discurso. Reconociendo que no hay recetas mágicas, ha pedido a los políticos y a los agentes económicos y sociales “tirar del carro en la misma dirección”, sin haber hecho ni siquiera un simple amago de apearse para empujarlo. ¿Para qué iba a hacerlo, pensará el monarca, si soy yo quien, desde mi puesto, lo dirijo y hago que avance o retroceda? Y si se le ocurriese, por casualidad, empujar el carro como un siervo más, por mucho que lo intentara, no lo haría avanzar ni retroceder un milímetro. Sí, en cambio, perdería su rango, peligraría su presupuesto y su acto suicida podría terminar con su prerrogativa real. De esta manera, piensa que es mejor animar al personal con discursos movidos por dicha crisis que apearse para intentar que el carromato avance.

En su discurso frío y distante, como en casi todas las intervenciones del monarca –excepto cuando trata de alegrarse con los que ganan una medalla olímpica o una competición deportiva en las que se identifica mucho más con los ganadores que con los perdedores–, el Rey propone reforzar “la estabilidad, supervisión y transparencia del sector financiero en un nuevo entorno globalizado”. Y apunta que “no es tiempo para el desánimo” y que, a su juicio, “hemos logrado salir adelante con fuerza de otros periodos y reemprender el camino aún con mayor dinamismo”. Pero, para superar las dificultades económicas, advierte que es clave “más eficiencia y competitividad”, más “innovación tecnológica” y “elevar” la “educación y preparación de nuestros jóvenes”. El monarca recuerda que para recuperar la confianza de los ciudadanos es necesario el “empeño del conjunto de nuestras fuerzas políticas, económicas y sociales”. En ese sentido, destaca la necesidad de “tirar del carro en la misma dirección, aportando cada uno su grano de arena”. Aunque no se le ocurra ni de coña bajarse de él para empujar como un ciudadano más.

“Este año –lamenta Fernando Jáuregui, periodista que, habitualmente, no se conoce por sus opiniones en contra del monarca– el discurso del Rey hubiese merecido, en mi humilde opinión –sin duda, otros piensan cosas diferentes e igualmente respetables–, mayores énfasis, algo más de enjundia y más originalidad con respecto a lo de antaño, que ya se ha quedado viejo. Ha sido un discurso correcto y bien intencionado, sin duda, pero, a mí al menos, me ha dejado bastante frío”.

“Don Juan Carlos –justifica Paco Vilariño– no es un brillante intelectual ni un curtido analista con más conchas que un galápago. Ni siquiera un brillante orador. Oírle desgranar su discurso con invitaciones ‘a tirar del carro en la misma dirección’ para superar la crisis económica ‘anteponiendo siempre el interés general sobre el particular’ ha sido como oír la voz de la calle… Hablar no es malo. Y escuchar, menos”.

Mañana: Una crisis vista desde el carro. (Y IIª)