domingo, 31 de mayo de 2009

Tintín y otros personajes del cómic, en boga.


Cada año se venden en el mundo tres millones de álbumes de Tintín traducidos a más de 80 lenguas vivas y a una muerta, el latín, para un público entre 7 y 77 años. Incluso en China, donde circulan legalmente desde 2001, Tintin y Milou son objeto de una comedia musical y de la adaptación de los álbumes “las siete bolas de cristal” y “el templo del sol”. Las aventuras del joven reportero ya han inspirado dos películas con actores de carne y hueso, una tercera, en producción, dirigida por Steven Spielberg, decenas de historietas de dibujos animados y hasta un debate parlamentario en Francia que intenta desentrañar la compleja ideología política del personaje.

Nadie entiende muy bien cómo ese personaje que naciera con ideas conservadoras, inventivas anti-comunistas, y misoginia latente, ha sobrevivido a los guardianes de la corrección política. Georges Remi, autor de dibujos aparecidos bajo el seudónimo de Hergé, es un rubio y desgarbado muchacho nacido en Bruselas en 1907. Comienza a dibujar historietas a los siete años, en los márgenes de sus cuadernos escolares. A los 14, no es un buen estudiante pero sí un excelente boy-scout que realiza sus primeros viajes en campamentos de vacaciones en España, Austria, Suiza e Italia. A los 17, empieza a publicar sus historietas en la revista “Le Boy-Scout”. Un año más tarde entra a trabajar en el departamento de suscripciones de “Le Vingtième Siècle”, un diario ultra-conservador fundado y dirigido por Norbert Wallez, sacerdote y periodista belga, admirador de Mussolini, antisemita y anticomunista. Dedicado a ilustrar guiones sin gracia de un redactor de deportes, Georges Remi no tarda nada en garabatear sobre un papel dos personajes: un hombrecillo rubio con un mechón indómito y un foxterrier blanco y altivo. Así nace Hergé, el dibujante más conocido en el mundo de las historietas.

Georges Rémy, “Hergé”, a los 16 años.

Wallez envía a su reportero a la URSS, “a denunciar los desmanes del comunismo” y luego al Congo, “a cantar las bondades del colonialismo belga”. Pero, llegada la guerra, los nazis invaden Bélgica y cierran el periódico. Y todo se complica para Hergé quien comete el error de refugiarse en “Le Soir”, un diario convertido, durante la ocupación, en un panfleto nazi. Algo que muchos nunca le perdonan. Acabada la guerra, es denunciado de colaboracionista. Los diarios de la resistencia lo ridiculizan. Pero, en 1946, sus historietas resucitan en la revista “Tintín”. A Hergé le llega la edad de oro y se convierte en el personaje europeo más famoso de cómics. Rodeado de una docena de colaboradores que le ayudan a confeccionar y a colorear los 24 álbumes conocidos por “Las aventuras de Tintín”, crea sus propios estudios.

Tintín, con su perro, persiguiendo una historia

Entre sus ayudantes, Fanny Rodwell, que pronto será su segunda esposa. El divorcio con la primera significa para el católico Hergé una profunda crisis. Durante años, atraviesa un desierto de pesadillas y remordimientos que desemboca en la creación de “Tintín en El Tíbet”, un álbum plagado de parajes oníricos y tonos blancos en el que muchos especialistas ven un retrato de su propio calvario. Luego, los homenajes se suceden. En 1976, se inaugura la célebre estatua de Tintín y Milú, en Bruselas, y, en 1982, la Sociedad Astronómica Belga decide bautizar con el nombre Hergé un planeta situado entre Marte y Júpiter, descubierto en 1953 por el astrónomo Silvain Arend. Finalmente, el 3 de marzo de 1983, fallece de leucemia. Hasta los últimos días de su vida garabatea con ansiedad sobre las páginas de “Tintín y el Arte Alfa”, la que será para siempre su obra inacabada.
Hergé, dibujando, en su estudio, en 1959.

Hace poco, un estudiante belga puso una demanda contra las Aventuras de Tintín, acusándolas de “racismo colonial” ¿Era racista Hergé? ¿Había colaborado con el régimen nazi, desde las páginas de Le Soir? ¿Era, en el fondo, un antisemita? Lo cierto es que había sido educado en una férrea institución belga católica, conservadora –en donde el sacerdote director tenía un retrato de Mussolini en su despacho– y tenía ideas estereotipadas y mal concebidas sobre cualquiera que no fuera “europeo y católico”. Los “malos” de sus primeras historietas eran personajes con narices ganchudas y comportamiento delictivo. Años después, el mismo Hergé cambiaría estas historietas y eliminaría lo que podría ser tomado por anti-judío. Algo así ocurrió con “Tintín en el Congo”.

Hergé reconoce que, cuando dibujó la historieta en los cuarenta, “no sabía nada” acerca del país africano y todo se basaba en la prensa belga de la época. Se trataba de una historia paternalista, más que racista. Los negritos allí no eran “malos”, sino ignorantes, y Tintín llegaba para enseñarles. Con los años, llega a cambiar muchos de los diálogos y textos, quitando todo rastro de “racismo” o “colonialismo”. Pero, ¿llegó a colaborar con los nazis en “Le Soir”, periódico manejado por los invasores? En dos de las tres historietas publicadas por Herré en este periódico, no hay indicio alguno de política y menos de la guerra mundial que se libraba en esos momentos. “Hice lo que el rey indicó”, asegura el autor en un vídeo, en referencia al llamamiento del monarca Leopoldo III que, en su abdicación, en 1940, por la imposibilidad de hacer frente a Hitler, llama a los belgas al trabajo abnegado. Pero, en la tercera, sobre la carrera espacial, el equipo “enemigo”, lleva la bandera norteamericana. Una concesión que Hergé probablemente hiciera a sus jefes nazis, ya que el artista siempre había mostrado admiración por los EEUU. Aunque no muestra una clara filiación ideológica y se hace difícil reconocer que fuera nazi. En todo caso, fue un dibujante oportunista a quien únicamente le interesaba publicar sus historietas sin “quemarse” demasiado, aunque sin llegar a reconocerse como antisemita declarado, racista o colaborador nazi. En la película de aventuras –“Tintín: el secreto del unicornio”–, protagonizada por Jamie Belly, que Steven Spielberg está en estos momentos filmando, y que llegará a los cines de todo el mundo a partir de finales de octubre o principios de noviembre de 2011, tal vez se defina más claramente.

Tintin; el secreto del Unicornio, película en rodaje, protagonizada por Jaime Bell y dirigida por Steven Spielberg

Pasado mañana, 2 de junio, se inaugura, en la ciudad belga de Louvain-la–Neuf, el Museo de Hergé, padre del célebre reportero Tintín. Se trata de uno de los primeros centros dedicados en exclusiva al noveno arte. La primera piedra de la edificación fue colocada por Fanny Rodwell, presidenta de los Estudios Hergé y segunda esposa del artista, el 21 de mayo del 2007. El edificio, en forma de prisma que evoca vagamente la H del apellido del dibujante, cuenta con ocho salas y con un espacio de unos 4.000 metros cuadrados. Reúne unas 80 planchas originales y unos 800 dibujos, además de películas, documentales, objetos y documentos personales. El centro da a conocer “la obra de Hergé en toda su amplitud, que incluye a otros muchos personajes, además de sus creaciones como diseñador gráfico o publicista –explica Laurent de Froberville, director del museo–. Durante su visita, penetramos en su mundo, seguimos sus pasos a través de la Historia y vemos sus gustos y aficiones, como su pasión por los coches, los museos, los animales y los viajes”. Algunos bocetos y esquemas reflejan la elaboración de sus guiones, “concebidos como si fueran una película, con una puesta en escena de ritmo extraordinario, llena de momentos de tensión y suspense y seguidos de calma”.

Museo de Hergé.


El museo de Hergé se completa con sus gustos y aficiones, como su “pasión por los coches, los museos, los animales y los viajes”, comenta De Froberville. La curiosidad del famoso periodista astuto, amable y defensor de las causas perdidas, le lleva a viajar por los lugares más recónditos del mundo junto a su fiel perro, Milú, un Fox Terrier algo egoísta y aficionado al whisky, de pelo duro y blanco, compañero de Tintín. Ambos son inseparables y su relación está basada en la confianza y en la ayuda que se proporcionan mutuamente, pese a que en alguna ocasión los defectos de uno y otro les crispen. Hergé lo bautiza con ese nombre para vengarse de una novia que le dio calabazas. Se llamaba Milú y tenía los pechos muy grandes. Además de Milú, Tintín se rodea de los más estupendos amigos: el capitán Haddock, el profesor Tornasol, Tchang Tchong-Jen... Estos y otros personajes acompañan a Tintín en sus innumerables aventuras. En el último de sus álbumes, “Las aventuras de Tintín y los pícaros”, el personaje cambia sus más que gastados pantalones bombachos por unos modernos tejanos, practica yoga y aparece con un casco con un símbolo hippie.


Pero no todo el mundo tiene la suerte de ser Hergé. Más de 300 nuevos títulos de autores diversos reclaman un lugar en el mundo, como demuestra el 27º Salón Internacional del Cómic celebrado este final de semana en Barcelona. Aunque hay obras que sí despegaron con cierto empuje, como “Epiléptico. La Ascensión del Gran Mal”, uno de los cómics más relevantes de la historieta francesa de los 90, obra que encumbró internacionalmente al dibujante y guionista, David B. “Aprendí mi oficio y a dibujar de verdad con este libro –cuenta su autor–, al narrar la epilepsia de mi hermano”.

“El cómic –señala Javier Peinado, autor de “La tempestad”– es la forma más directa de contar una historia. Más incluso que el cine, que es más complejo. Y permite mayor libertad, sin acotaciones”. Otros, se quejan de la dureza del oficio. “En España –comenta Pere Mejan, ganador del Premio Josep Toutain y autor español revelación de 2008 por “La revolución de los pinceles”, firmada junto al guionista Josep Busquets– ahora mismo diría que es casi el trabajo peor pagado que hay. Te puedes tirar cinco meses trabajando doce horas siete días a la semana y luego te pagan 1.000 euros. En países como Francia es posible vivir de ello. Aquí es muy difícil”.


Antes de dar por finalizado este blog, volvamos al terreno del humor en las viñetas. Kap, sobre la legalización de la coalición II-SP


Rodrigo muestra las pruebas nucleares norcoreanas, pese a las amenazas internacionales de nuevas sanciones contra el régimen de Pyongyang.


Alexei Talimonov juega con las doce estrellas de la bandera de la Comunidad Europea, símbolo de la perfección, de la unidad y de lo complejo. Su parlamento es elegido, entre el 4 y el 7 de junio, por 375 millones de votantes.


A una semana de estas elecciones en España, Pep Roig nos muestra unos bocetos sobre las mismas: “Compromiso político vocacional por 7600 euros al mes, más dietas pagadas”, “¿Europa? ¿Y eso qué es?”.




Con su “Amén”, el obispo, caricaturizado por Pep Roig, muestra la diferencia entre la tentación de abortar y las violaciones practicadas por miembros de la Iglesia Católica.


Un entrañable entrenador catalán –“Guardiola, que estás en los cielos”– es invitado por Dios a sentarse en su sillón celestial.

Como colofón, dos vídeos, uno de humor negro, de Jeff Dunham, un ventrículo y humorista estadounidense que entrevista a Achmed, el terrorista muerto. Subido a YouTube hace un par de años, el vídeo de su actuación ya ha conseguido más de 87 millones de visitas, situándose en el puesto número 6 de los más vistos en todo el mundo.


El segundo, “a flor máis grande do su mundo”, más poético, es de José Saramago.

1 comentario:

Anónimo dijo...

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