jueves, 21 de mayo de 2009

Telemadrid y su fundido a negro.


Trabajadores de Telemadrid en uno de sus paros.

En menos de un año, la televisión autonómica madrileña, al servicio de los intereses del PP, se ha interrumpido seis o siete veces, fundiéndose a negro o interrumpiendo los programas por unas horas. A partir del lunes pasado y hasta el mes de junio, lo hace los tres primeros días de cada semana (el lunes, de 13 a 15 horas; el martes, de 22,30 a 0,30 y el miércoles, de 6 a 8). Los telespectadores que pinchan las emisiones de radio y televisión de Telemadrid ya saben lo que les espera: cambiar de banda mientras CCOO, CGT y UGT exigen que la empresa no despida sin negociar antes con ellos. Los sindicatos desean estabilidad para la plantilla de 1.290 empleados y se oponen a que la dirección del ente siga haciendo lo que le da la gana.

La dirección de RTVM crítica la “irresponsabilidad” de los sindicatos convocantes, a quienes les acusa de “abusar” del ejercicio sindical. Pero el Comité de Huelga justifica estas acciones con la pretensión de mantener el empleo, un porcentaje de producción propia interna y el cumplimiento del convenio colectivo. Insiste en que “si la pantalla de Telemadrid se va a negro y el silencio sustituye a la señal de Onda Madrid es sólo culpa de la irresponsabilidad de la dirección que, ni quiere mantener el acuerdo firmado en 2001 sobre la internalización del servicio de cámaras, ni acepta la subida salarial del 2% que ya tienen concedida.

Los problemas comenzaron en 2003, con la llegada al ente de Manuel Soriano, ex jefe de prensa de Esperanza Aguirre. Cuatro años después, Soriano dimitía, pero los trabajadores siguieron quejándose. Durante la Noche de los Teatros, el 27 de marzo pasado, Telemadrid grabó a Esperanza Aguirre, abucheada por los trabajadores. La llamaban “pesetera”, la acusaban de “privatizar la sanidad y la educación” y de “ser parte de la presunta trama de espionaje político de la Comunidad”. Y la tildaban de hacer teatro. Más de un centenar de personas la abuchearon y entonaron al unísono “fuera, fuera”, “no a los espías” o “educación pública”. Pero sus imágenes no se emitieron. La dirección del ente consideró que la grabación “no tenía relevancia” y, casualmente, “perdió” la cinta que, ni siquiera se pudo vender a las TV privadas que la reclamaban, ofreciendo por ella 500 euros.

La oposición consideró que el incidente fue un símbolo más de la manipulación informativa. Los trabajadores se lamentaron de nuevo del peligro de su estabilidad laboral. “Están desmantelando poco a poco la cadena –se quejaron los sindicatos–. En el 2008, se perdieron 180 trabajos temporales y 20 fijos. Por eso, mientras no se garantice la estabilidad laboral, habrá movilizaciones”. La dirección contraatacó, alegando que la huelga era política y que las demandas de los trabajadores eran “desproporcionadas con la crisis que afecta a todos los españoles”. Mientras tanto, la deuda de la cadena aumenta a la velocidad que su audiencia disminuye, lo que no impide que se compre la Liga de Campeones a precios multimillonarios y que las productoras amigas la alimenten con lacrimógenas telenovelas. Todo lo cual, unido a la oleada de escándalos y al proceso constante de manipulación informativa, convierte a Telemadrid en una televisión degradada”.

“Telemadrid –escribía Ignacio Escolar en la primera huelga registrada en junio del año pasado– es el ejemplo perfecto de medio de comunicación en descomposición, rendido a los intereses del partido en el Gobierno autonómico. Telemadrid es lo contrario al periodismo, a la libertad y a la democracia. Telemadrid es un fundido a negro”.
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El escolta de Castro. Capítulo XXVIII. Formas de pescar de Fidel Castro.