viernes, 12 de abril de 2013

No es lo mismo el Día de la República que el Día del Perro.



 La alcaldesa de Fuengirola, Esperanza Oña y el edill, José Ramón Arriarán, prefieren los perros a la Repúbllica.

Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola y portavoz del PP en el parlamento andaluz, una mujer que ha soñado, desde hace tiempo, con ser la presidenta del PP andaluz, ha declarado que el próximo 14 de abril, conocido por Día de la República, será el Día del Perro. Esta franquista imitadora de Esperanza Aguirre, que reivindicó la acción social de Girón de Velasco, ministro de Trabajo falangista que pretendía que los obreros llevaran siempre alpargatas, decidió que el Día de la II República  (1931-1939) fuera, este año, el Día del Perro. De esta manera mataba dos pájaros de un tiro. Como contestación por las críticas severas recibidas que se lo recriminaban, contestó que también Zapatero fijó las elecciones el 20-N, día en que Franco muriera. Claro que para ella, la figura de Franco ha ocupado toda su memoria histórica y le ha hecho despreciar la II República, prefiriendo ese día al perro. Afortunadamente, por mucho que se empeñe, no podrá borrar con ese gesto lo que para muchos españoles significa la II República.

Juan José Téllez publicaba el pasado día 7 el artículo “Juan Carlos I, republicano del año” en Público.es: “Llega tarde Esperanza Oña, alcaldesa del PP de Fuengirola y aspirante a la presidencia andaluza de dicho partido. De nada sirve que intente reconvertir en su ayuntamiento la histórica efeméride del 14 de abril en el Día del Perro. A la República, en tiempos como los que corren, se le recuerda todos los días y sin necesidad de almanaques. Y quizá sea porque Juan Carlos I y su entorno se estén haciendo merecedores al título de republicanos del año. Desde que volvió de la cacería de elefantes, las escopetas de la opinión pública se volvieron precipitadamente hacia su corona.

“Liquidadas las supercherías que fijaban el origen divino de los reyes, a la monarquía parlamentaria sólo le asistía un contradiós, la de igualdad de todos ante la ley (…) Buena parte de ese padrón español se está dando cuenta que, por mucha soberanía compartida, las desigualdades ante la ley son tan flagrantes que La Zarzuela corre el riesgo de convertirse en ópera bufa. El último episodio de esa profunda raya divisoria entre la Casa Real y el resto de los domicilios de este país se ha vivido con la suspensión inicial de la comparecencia de la Infanta Cristina como imputada por el Caso Noos (…) La ola de indignación que desató su cacería de elefantes no obedeció a la discutible simpatía de la españolidad por la protección de animales, ni a la extrañeza de que Su Majestad viajase a África de la mano de una señora que no era su legítima. La ira pública se sustentaba en una pregunta capciosa, la de cómo aquel tipo campechano que hablaba a sus súbditos de austeridad y sacrificio en los mensajes de fin de año, se embarcaba en un safari cuya valoración en el mercado oscila entre 7.000 y 30.000 euros. Dicha suma, en tiempos de estrecheces, venía a sumarse, valga la redundancia, al hecho de que a los presupuestos reales sólo le recortasen un piadoso 7 por ciento; una quita que probablemente, como supimos luego, no afectaría a la célebre herencia de Don Juan que todavía ignoramos si sigue depositada en un banco suizo. Quizá por todo ello el viaje solidario a Tanzania que protagonizó la infanta Cristina a finales de año se nos antoje ahora como una mueca grotesca: una burla al sentido común, si se tiene en cuenta que la esposa de Iñaki Urdangarín sigue a punto de sentarse como imputada –a poco que la Audiencia resuelva este asunto con sensatez– por su supuesta implicación en un caso de dinero negro, muy alejado de su habitual y entrañable apariencia de jipipija con la que tanto simpatizábamos...

“Aquellos que siempre entendimos que la sangre azul no está registrada en la cadena genética de la libertad, la igualdad y la fraternidad, siempre fuimos republicanos por motivos éticos. Ahora, decididamente, también creemos que es lo más práctico. Y que, sencillamente, resulta inevitable. España no era monárquica sino juancarlista y está dejando de ser ambas cosas. Así que, en vísperas del 14 de Abril, Día del Perro en Fuengirona, preparémosnos para la Tercera República. Pero hagámoslo bien. Agradezcamos al ciudadano Juan Carlos de Borbón los servicios prestados al país, que hubo muchos. Incluso en sus más recientes días del reinado, resulta estimulante su decidida contribución a devolverle el morado a nuestra bandera”.