sábado, 13 de abril de 2013

El domingo se elige al presidente venezolano en medio de tensiones y amenazas.


 
 Nicolás madura, con un pajarito en la cabeza.
 

Enrique Capriles, líder de la oposición.

La alarma ante la posibilidad de fraude ha traspasado las fronteras del país venezolano y, por primera vez, centenares de líderes políticos y de opinión latinoamericanos han exigido en carta abierta a las autoridades que las elecciones del domingo en este país sean limpias. Nueve ex presidentes y 350 parlamentarios de 13 naciones del continente hacen un llamamiento, especialmente al Consejo Nacional Electoral venezolano, para que el proceso sea “transparente, libre y equitativo”.

Nicolás Maduro  teme, como temió su comandante y antecesor, Hugo Chávez, que sus enemigos políticos ejecuten un atentado en su contra y den al traste con la estabilidad de su revolución. Con ésta, ya son más de 30 las denuncias públicas de magnicidio hechas por el Gobierno venezolano en los últimos 14 años. La mayoría de ellas, en época de elecciones, sin que cuenten con investigaciones conclusivas. “Porque no pueden ganarme las elecciones –dijo el domingo pasado el presidente encargado y candidato oficialista– están buscando darme un balazo en alguna calle de Venezuela”. De acuerdo con la versión del Gobierno la oposición habría reclutado dos “grupos de mercenarios” en El Salvador, que estarían en el país desde finales de marzo. “No tengo nada que decir a las personas que hacen declaraciones falsas y mentirosas –declara el diputado salvadoreño, Roberto d’Aubuisson, respondiendo a las acusaciones de Madura quien, días antes, declaraba que el espíritu de Chávez se le había manifestado en forma de pájaro–, porque un tema así de serio no puede provenir de gente que tiene por fuente a un pajarito”.

Pero no fue la bala de un mercenario a sueldo sino la enfermedad lo que finalmente acabó con la vida del presidente Chávez, el 5 de marzo pasado. No obstante, el mismo día de su muerte, Nicolás Maduro comenzó a desarrollar la tesis de que el cáncer que le fue diagnosticado, en junio de 2011, le pudo haber sido “inoculado”.  Maduro cantó incluso un rap en un mitin electoral para burlarse del líder de la oposición, Henrique Capriles, utilizándolo como arma política contra su adversario. Además, anunció que un grupo de mercenarioa pagados por la derecha salvadoreña arribó al país con la intención de matarlo y de generar violencia en la nación y culpó a funcionarios estadounidenses de estar tras el supuesto plan. “Pero yo –advirtió Maduro–, no me voy a dejar matar , tengan la seguridad, ni me van a sacar de las calles”.

El 13 de marzo pasado, Maduro denunciò que Noriega y Reich estaban implicados en planes para asesinar a Capriles y anunció que ordenó a  Miguel Rodríguez,  jefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), ofrecer al líder opositor “toda la protección policial y de seguridad” para garantizarle su vida. Capriles respondió ante estas declaraciones que estas denuncias solo buscan “distraer” la atención generando “cortinas de humo” para no hablar de los problemas del país. “Nicolás –le dijo. fustigando al chavismo–, tú irás a ganar las elecciones en La Habana, pero yo voy a hacerlo aquí, en Venezuela, el 14 de abril”. Ofreció la nacionalidad venezolana a todos los servidores cubanos que quieran quedarse a trabajar en Venezuela –hay más de 40.000 trabajando actualmente, cifra que fuentes independientes elevan hasta 100.000–, pero avisó que expulsaría a los asesores cubanos que actúen en los cuarteles de la Fuerza Armada venezolana.  Criticó la corrupción rampante entre los funcionarios del gobierno, a quienes llama “los enchufaos” e invitó a los seguidores de Chávez a percatarse del contraste entre las condiciones en que ellos viven y el estilo de vida adoptado por la burocracia revolucionaria, y decidir a partir de sus votos. “Vamos a ganar”, afirmó Capriles, que llamó a descartar el triunfalismo y a cuidar los votos de la oposición el 14 de abril.
 
Por su parte, Nicolás Maduro, invocó una leyenda indígena que asegurara que caerá una maldición sobre quien no le vote en las elecciones. Y advirtió a los indígenas que perderán sus tierras en caso de que la oposición triunfe en los comicios. Capriles  tomó nota y denunció la pérdida de soberanía nacional a favor de los cubanos, “que se han incrustado en buena parte del aparato del Estado” y ha llegado incluso a denunciar la existencia del Plan Josè Stalin ideado por el Gobierno “para torcer la voluntad de los electores”. Está aún por ver si la noche del domingo éste aceptará el resultado electoral como hizo el 7 de octubre o llamará a la movilización contra un posible fraude con todas sus consecuencias. “Dependerá de cuán apretada sea la votación”, comenta Manuel Felipe Sierra. Mientras el día de elecciones llega, más de una docena de personas resutaron heridas por un grupo de encapuchados montados en motocicletas en un acto electoral de Capriles. La oposición atribuye los hechos a gente afín al Gobierno y los oficialistas, a grupos de seguidores violentos vinculados al líder opositor.