jueves, 20 de febrero de 2014

ARCO, donde todo se vende bajo la apariencia de arte.


Uno de los bocetos de Yann Leto para Arco.
 
Del 19 al 21 de febrero se celebra en Madrid la 33º edición de ARCO, la feria de arte contemporáneo en la que los galeristas buscan vender a toda costa. Este año nadie quiere a curiosos apretándose en los pasillos. Los galeristas prefieren a los coleccionistas, compradores.  “El Congreso es un putiferio, un show”, dice Yann Leto, artista francés residente en España, desde hace ocho años, al periodista Peio Riaño. El artista propone Congress Topless, el Congreso en pelotas, una performance presentada en la galería murciana T20 que busca reflexionar acerca de la política como espectáculo. Leto reproduce fielmente un club de baile striptease, con bailarina profesional incluida, en un perímetro cerrado de 6 metros cuadrados. “Veo el Congreso de los diputados y lo que en él ocurre como un striptease privado. Los políticos intentan acercarse al ciudadano con un falso discurso. Las bailarinas que se desnudan son una metáfora del Estado de bienestar, controlado por unas personas que toman leyes y decisiones a la ligera, sin contar con lo que los ciudadanos piensan de ellas”, explica el artista. No se trata de políticos contratados para desnudarse delante de un reducido grupo de visitantes, sino de dos bailarinas, en varios pases. En cada edición de la feria este artista plantea problemas derivados de su vocación provocadora. “Me llaman provocador y es mucho más provocativo lo que hacen los políticos. Mucho más indignante que lo que hacemos nosotros” El año pasado Leto montó una de las piezas más polémicas de ARCO, una cruz gamada con luz de farmacia. “El arte siempre da un paso delante de la sociedad para examinarla, para ver hasta dónde es capaz de llegar. ¡¡Seguimos con Franco, no lo hemos superado!!” recuerda al hacer referencia al episodio de censura que vivió hace tres ediciones Eugenio Merino, con su Franco en congelador.
 El cuadro de Leto, inspirado en la foto de la fiesta de la alcaldesa de Alicante
 
Yann cree que Merino hizo lo que tenía que hacer. Y desea que los políticos entiendan su mensaje. “Si creen que no es su lugar, pues que me echen. Reconozco que no está en el mejor sitio para plantear una crítica a la labor del político, que cada día demuestra en el Congreso de la pasta que está hecho. No está en el mejor lugar, porque, una vez son apartados de la Cámara Baja, parten hacia su jubilación a instituciones controladas por ellos. Me llaman provocador y es mucho más provocativo lo que hacen ellos. Mucho más indignante que lo que hacemos nosotros. Esto es una feria de arte, en el que el gusto es una cuestión de elección. Los políticos no dejan opción a la decisión. Ellos tienen siempre la última palabra”.  Yann Leto admira al colectivo Democracia: cree que son la avanzadilla del arte español. Coincide con ellos en la “necesidad” de alimentarse con hechos políticos, sociales y económicos. Y reconoce que vive en un país donde no se puede estar al margen de la corrupción. “La verdad es que España es especial. Aquí tengo mucho material para trabajar. Como ciudadano, me duele; como artista, me alimenta”. Plantea el debate de la madurez democrática de una Constitución joven que se avejenta, de una sociedad que avanza hacia el pasado. Además, incluye varios cuadros de gran tamaño, entre los que destaca una versión del Almuerzo campestre de Manet, inspirada en la fiesta de pijamas de Nochevieja, que la alcaldesa de Alicante celebró en Andorra con empresarios y amigos. Leto se alimenta de la prensa, de sus imágenes y esta le pareció muy graciosa…


Obra de Manuel Antonio Domínguez (Galería Ángeles Baño).
 
Muchos de los artistas y galeristas que acuden a la cita más importante del mercado con el arte apuestan por la provocación. El arte de las ferias es el arte del espectáculo, consumido a toda velocidad. No es un museo, sino la comida rápida de la experiencia artística. Son artistas que tratan de ponerlo todo en duda, en un momento en que el mundo en que viven no les sirve. Luchan contra el silencio, las complicidades y la culpa. Como la videoartista Eija-Liisa Ahtila, quien llega a la feria como parte del programa fuerte del país invitado y con una de sus propuestas acerca del amor, el sexo y las relaciones humanas. Recientemente, expuso en la Tate de Londres y tuvo una retrospectiva en el Kiasma de Helsinki. Su obra fue premiada en encuentros internacionales como la bienal de Venecia o Documenta por sus instalaciones sobre los celos o la reconciliación. ARCO presenta este año galerías de 23 países, un número mayor al del año pasado, aunque con menos artistas. La bajada del IVA de obras de arte del 21% al 10% es una de las zanahorias en la mano con la que los marchantes se pasean. Y, aunque en otros tiempos, ARCO estuvo más arriba en la tabla –en el 2012, ocupó el séptimo puesto entre las más importantes ferias internacionales de arte– hoy todavía mantiene su valoración pese a la debilidad del mercado interno y la feroz competencia ferial. El impacto de la feria sobre la internacionalización de nuestro arte es menor del que cabría esperar pero las perspectivas serían aún peores sin ella. El número de visitantes baja cada año, pero aún es una fuente de ingresos importante en la segunda feria más popular del mundo, solo por detrás de India Art Fair. ARCO es una de las ferias estrella para IFEMA, y sus resultados afectan a las cuentas globales. También al turismo en Madrid. Su impacto se valora en 80 millones de euros. Es la tercera feria que más entradas vende, después de FITUR y GIFTRENDS. Su director, Carlos Urroz, dice que gasta lo que ingresa, e incluso apunta que hubo algunas ediciones deficitarias, pero hoy podemos colegir que queda para la institución ferial un margen de beneficio. Quizá de un 20%. El hecho de que su presupuesto haya subido respecto a 2013 lo indicaría así, al igual que la elevación de la cantidad destinada a la adquisición de obras para la Fundación ARCO: en 2010 se presupuestaron 80.000 euros, en 2011 se gastaron 60.554 euros y este año se podrá llegar hasta 140.000.