viernes, 14 de febrero de 2014

Recordando “La isla de la luz”.

Luis Alberto Pina, autor de "La isla de la luz".
Vistas de la isla de Menorca.

 
José Alberto Pina, de origen cartagenero, es uno de los más prometedores valores dentro del panorama bandístico en nuestro país. Titulado en dirección de orquesta, ha estudiado con grandes maestros de Londres, Montreal y Berlín. Ganó diversos concursos de dirección y ha compuesto numerosas obras que han sido interpretadas por bandas de renombre en España, Holanda, Bélgica, Alemania, Reino Unido, Suiza, Italia, Portugal y Argentina. Pina fue nominado a los Hollywood Music in Media Awards en la categoría de “Música contemporánea instrumental” por la obra The Island of Light (“La isla de la luz”), obra que fue escrita para la Banda de Música de Ferreries (Menorca), con motivo de su 150 aniversario y se estrenó en Mahón el pasado 19 de enero del año pasado. Se trata de uno de los máximos exponentes de la creatividad musical española, que  publica en la prestigiosa editorial holandesa Molenaar Edition.

Esta obra, que la Banda de Alcobendas, de la que formo parte, interpretó en las  pasadas Navidades, es una composición de 23 minutos de duración divida en tres movimientos. El primero de ellos, “Cova d’en Xoroi” (“cueva de Xoroi), está inspirada en uno de los espacios más legendarios de Menorca y en la historia del moro apodado Xoroi. Al escucharlo, uno se imagina danzas del vientre, piratas, mercados de especias… La obra nos cuenta cómo Xoroi quedó abandonado en la Isla y se escondió en una cueva, donde descubrió el amor de una joven menorquina. En el segundo movimiento, “On the clouds”, el músico transfiere sus propias sensaciones. La música se eleva, hasta que las notas se colocan arriba, “Sobre las nubes”. Pina quería describir las sensaciones que le provocó un vuelo sobre la Isla en avioneta, y por lo que podemos oír, quedó maravillado. La música de este movimiento desprende grandiosidad, admiración, sencillez pero, a la vez, plenitud. Se tiene la sensación de que, desde el cielo, aquel pedazo de tierra es único e irrepetible. Y Menorca, desde las nubes, suena así.

El último movimiento, “The Giants” (Los gigantes), inspirado en la Menorca megalítica, traslada al oyente a la prehistoria. El compositor quiere recrear la construcción de los monumentos talayóticos a manos de estas criaturas legendarias. De hecho, el pasaje comienza con toques misteriosos, como si los gigantes despertaran poco a poco de un largo sueño y desfilaran hacia el campo, donde sólo les espera la piedra virgen. La música toma un ritmo trepidante, potentísimo, y uno se imagina las inmensas criaturas mitológicas trabajando la piedra, levantando las taulas y los talayots al ritmo de unos timbales enérgicos. Es un movimiento grandioso, que envuelve los monumentos y las construcciones que desprenden un aire misterioso y solemne. “Los Gigantes” tiene un final apoteósico, frenético y brillante. Y Pina, con un gran crescendo en el que incluye a los metales como grandes protagonistas, describe a la Menorca de los monumentos talayóticos, magistralmente descrita.

Con sólo 29 años, José Alberto Pina, director titular de la agrupación Sauces de Cartagena, tiene la estantería llena de premios y galardones. Ha conseguido que las bandas toquen música de grandes orquestas sinfónicas. Compone a la antigua usanza, a mano y sin la ayuda de potentes ordenadores. Le gusta la percusión y las palmas, como percusionista que es. Y, rodeado y embriagado por los sonidos de Menorca, compuso “La isla de la luz”, obra llena de misterio, leyenda, mito y sentimiento que tan acertadamente recuerda a la isla balear. El sonido del mar acariciando la arena blanca de las playas, el ruido de la tramontana cuando hace bailar pinos y acebuches a su son, la tonada de Fabiols, el sonido de los caballos en verano… Definitivamente, Menorca me sonó de forma espectacular a través de “La Isla de la luz”, un compendio de ritmos, melodías y, sobre todo, sensaciones, difíciles de describir con palabras, pero capaces de conmover el alma de quien la escucha, sin posibilidad de dejarle indiferente.