viernes, 28 de febrero de 2014

La comisaria de Interior de la UE: “La Guardia Civil creó tal pánico que 15 personas se ahogaron”.

 Cecilia Malmström.


Cecilia Malmström, comisaria de Interior de la UE, ha mostrado su indignación por el uso de pelotas de goma contra los inmigrantes que trataban de llegar a Ceuta desde Marruecos: “No se les apuntó directamente, pero ello creó tal pánico que 15 personas se ahogaron. Lo que es, por supuesto, totalmente inaceptable”. La comisaria, que el próximo  lunes se reunirá en Bruselas con el ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, para abordar los incidentes del pasado 6 de febrero en Ceuta, señala que los inmigrantes podrían haber solicitado asilo y que España estaba obligada a tramitar cualquier demanda de protección internacional. Si se confirma que la actuación de la Guardia Civil vulneró la legislación de la UE, Malmström no dudará en tomar medidas contra España. La comisaria ha explicado que, en su carta de respuesta, Fernández Díaz le ha comunicado que ya se ha iniciado una investigación sobre los incidentes en Ceuta y que espera discutir la cuestión personalmente con ella. En dicha carta, el ministro del Interior sostiene que los acontecimientos de Ceuta “ponen de manifiesto la necesidad de abordar el fenómeno de la inmigración desde el más amplio compromiso de las instituciones comunitarias”.

Curiosamente, esta clase de incidentes en Ceuta no es cosa nueva, aunque el número de emigrantes muertos y heridos en esta ocasión provocó la alarma en las fronteras.  Como no son cosa nueva los incidentes con emigrantes españoles. Basta recordar lo que pasó febrero de 1939 en Argelés-sur-Mer, en el sur de Francia, en donde 100.000 ciudadanos españoles fueron encerrados en un enorme cuadrángulo como prisioneros de la guerra española, así como en otros campos de concentración como Bram, Gurs o Saint Cyprien a los que llegaron hasta 550.000 españoles que cruzaron la frontera huyendo de la represión franquista. Cualquier brote republicano o rojo, judío o masón, cualquier persona que no entrara dentro de las normas nacional-católicas imperantes era objeto de persecución. Los 100.000 prisioneros de Argelès-sur-Mer vivieron semanas, meses y algunos hasta años en la playa, sin que hubiera ninguna infraestructura, ni barracas, ni letrinas en donde refugiarse, custodiados por spaish, soldados marroquíes del Ejército colonial francés que tenían la orden de disparar contra cualquier que tratara de saltar la alambrada. Allí murieron cientos, miles de españoles de frío, hambre y enfermedades desatendidas.

“Y ¿qué hacían Europa y las democracias occidentales, mientras aquellos cientos de miles de españoles agonizaban, despojados de su nacionalidad, en los campos de concentración? –se pregunta Jordi Soler en un articulo? (“La Europa mohosa” Cuarta página de El País, 25 de febrero). Con gran cinismo, todos miraban para otra parte, excepto México, que no sólo denunció lo que estaba sucediendo, sino que implementó un operativo diplomático para socorrer a los republicanos y, en muchos casos, ayudarlos a salir de Francia y ofrecerles una nueva vida”.  Los sucesos en Ceuta nos recuerdan la España de la guerra y la postguerra, cuando los emigrantes españoles exportaban la lengua y cultura a otros países, especialmente a México. El recuerdo de lo ocurrido en Argelés-sur-Mer debiera estar presente con lo que pasa en Ceuta. Sobre todo teniendo en cuenta que los que reprimen a los emigrantes son los guardias civiles españoles, por orden del Gobierno del PP.