miércoles, 12 de febrero de 2014

David Trueba: “Alguien tiene que perder para que uno gane”.


“España busca héroes y los héroes no existen –escribía David Trueba el pasado domingo en su columna de El País que suelo leer habitualmente–. Siempre son un malentendido… Los cientos de miles que salieron a aclamar a los novios en la boda de la infanta en Barcelona, algunos años atrás, también confundían folclore con admiración. Buscaban héroes de foto, ideales de perfección, y se encontraron otra cosa. A lo mejor hasta se encontraron a ellos mismos, con su declaración de renta fraudulenta amparada en que todos lo hacen, ¿no? …Un país que espera a la lotería para fundamentar su entusiasmo señala hacia el camino más corto y menos costoso para lograr sus sueños. Obsesionados como andamos por el éxito y el triunfo, nos importan bastante poco las maneras y el proceso para alcanzarlo, siempre que no te pillen. Los medios tienen una curiosa responsabilidad, porque no saben retratar la normalidad”.

El mismo día, este columnista, director de cine y guionista, arrasaba en la 28ª edición de los Goya con “Vivir es fácil con los ojos cerrados” Mejor película, dirección, guión original, actor (Javier Cámara) actriz revelación (Natalia de Molina) y música original. En resumen, que no tuvo más remedio que reconocer que su suerte había cambiado. “Se me acabó esto tan bonito de ser un perdedor –declaraba–, con lo cómodo que es”. Y supo ganar con la misma sencillez con la que, años antes, había sabido perder. “Siempre he sido muy buen participante. Un año te toca a ti; otro, no. Formas parte del mismo juego: alguien tiene que perder para que uno gane”. De todas formas, reconoce  lo comentado por Thomas Bemhardt: “Que te den un premio es como que te caguen en la cabeza”. Y advierte que hay que tener cuidado, “porque los premios tienen un componente de sumisión, de domesticación. No es que me considere una persona sin domesticar, pero sí que hay que sacarlos rápido de tu vida”.

La autenticidad y sencillez de este personaje que navega entre columnas de  periódico, guiones y dirección de películas, compagina con su generosidad, pensando en regalar uno de los Goyas a Juan Carrión, el profesor de inglés que fue a un rodaje en Almería en los sesenta para conocer a John Lennon y cuya historia narra su película, y dedicando el premio a los periodistas. “Primero, porque es mi profesión. Luego, porque sois los últimos en iros. ¿Cómo no vais a formar parte de este oficio? Y también porque creo que los medios de comunicación están pasando un momento malo en lo empresarial, muy parecido al de la industria del cine”.

Comenta el grave error político cometido por el ministro de ministro de Cultura que se ausentara de los Goya con “problemas de agenda” y habla de la relajación del PP. “El cine –comenta– no está en su contra. No es lo que ellos creen; es muy plural y hay mucha gente, de izquierdas y de derechas. Somos una industria que da trabajo, riqueza y visión exterior”. Pero reconoce también que es una industria en agonía y que “hacer cine en España, hoy día, no es solo heroico, sino realista. Cada vez hay menos rodajes, menos salas y menos taquilla”. Por mi parte, he decidido algo inusual en mis costumbres marginales. Voy a hacer una excepción en mi vida casi de anacoreta y un día de estos asistiré con los ojos bien abiertos a la proyección de “Vivir es fácil con los ojos cerrados”.