viernes, 24 de junio de 2016

La Europa nazi.

Se escandalizan los presidentes europeos por el auge y expansión de los partidos de ultraderecha, cuando ellos mismos están aplicando técnicas de segregación del nazismo con los refugiados. La Europa nazi ya no se esconde, mientras la Unión Europea se comporta como tal no sólo en sus fronteras, sino también en su corazón. El fracaso de la política se vuelve contra Europa en forma de antipolíticos extremismos de derechas. En Austria, patria de Hitler, apenas 31.000 votos impidieron que gobierne un partido de ultraderecha. En Grecia, los refugiados fueron expulsados del campo de Idomeni por la policía con gases lacrimógenos, sin que las cámaras pudieran presenciarlo al ser antes echados los periodistas y voluntarios. En Madrid, se manifiestan los neonazis, autorizados por el gobierno, gritando consignas xenófobas. En toda Europa, crecen los partidos de extrema derecha nacionalista, algunos abiertamente fascistas, espoleados por la crisis y la islamofobia, primero, y ahora por la llegada de los refugiados. Y la Europa nazi ya no se esconde porque Europa es cada vez más nazi.

Javier Gallego lo describe en su artículo “Lo llevamos crudo”, en Eldiario.es: “Se escandalizan los presidentes en Bruselas por el auge de los partidos ultras por el continente, cuando ellos mismos están aplicando técnicas de segregación del nazismo con los refugiados. No hemos dejado de ver cómo les apalean y humillan, cómo les expulsan a patadas o como ganado a Turquía, cómo les abandonan en manos del mar, las mafias, el frío y el hambre, cómo les encarcelan y gasean en campos que no parecen de acogida sino de concentración. Hasta la policía de Tsipras, que se supone está en el polo ideológico opuesto, actúa con la misma repugnante crueldad. Por qué se van a esconder los xenófobos si las autoridades no esconden su xenofobia… Ha vuelto a suceder lo que sucede en cada crisis económica, lo que sucedió en la anterior debacle. La población empobrecida se vuelve más vulnerable, más miedosa, más manejable. Su miedo y su desconfianza son dirigidos por los populismos de extrema derecha hacia los que son aún más pobres. Pobres contra pobres. Pobres sin conciencia de clase que disparan hacia más abajo, en lugar de disparar hacia arriba que es de donde vienen los tiros. La falta de identidad social se suple con la identidad nacional. Se agitan las banderas nacionales y racistas, que vienen a ser las dos caras de la misma. La religión también saca la suya y agitada entre musulmanes, enciende otro radicalismo, el islámico, que aquí es respondido con islamofobia ultracristiana”.

“En España, la encuesta del INE de condiciones de vida muestra que cada vez más personas se van quedando por el camino en esta crisis, pero el populismo de derechas de Mariano Rajoy o Albert Rivera, se pone a hablar de derechos humanos en Venezuela. Ni una palabra sobre su violación sistemática a uno y otro lado de nuestras fronteras y en las de Europa. No es casual que autorice manifestaciones fascistas dando carta de legalidad al racismo. Tampoco es casual que se hayan disparado las agresiones a gays y trans, si hasta el gobierno les está diciendo a los fascistas homófobos que ya no tienen que esconderse en sus agujeros, que pueden salir a la calle a manifestar su odio abiertamente”.

Desde CEAR compartimos la pregunta del filósofo Slavoj Zizek: ¿quién queda excluido de esa oda a la alegría y la fraternidad que es el Himno de la Unión Europa? Tras lo sucedido en las costas de Europa en los últimos meses, todos sabemos la respuesta. El himno de la vergÜEnza Comisión Española de Ayuda al Refugiado.
   
El ministro de Interior, en el centro de la campaña electoral AGENCIA EFE