viernes, 10 de junio de 2016

Los papeles clasificados del 23F salen a la luz: ‘El Rey Juan Carlos organizó el Golpe de Estado’ (I)

El Rey Juan Carlos y su secretario, Sabino Fernández Campo. 

Ignacio Anasagasti publicó en su blog los recuerdos de Sabino Fernández Campo, quien fuera secretario general de la Casa Real,  acerca de lo que pasó de verdad el 23-F que hoy recogemos. ”Yo cogí aquellos folios –recuerda en su blog político personal– y  me puse a leer con verdadero interés. Reproduzco aquí las notas que allí mismo tomé a vuelapluma y cuando él me lo autorizó, pues no quiso dejármelos ni para sacar fotocopias. Los folios estaban escritos de su puño y letra. Y recordaré siempre su bella letra. Descanse en paz, Sabino”. A continuación repasamos lo que Anasagasti cuenta:

 “Aquella tarde, la tarde del 23 de febrero de 1981, yo estaba en mi despacho revisando papeles, como casi todas las tardes, cuando de pronto irrumpió sin ni siquiera llamar a la puerta, Fernando Gutiérrez y casi gritando me dijo:
– ¡Sabino, rápido, conecta la radio!
Inmediatamente conecté la radio y ambos escuchamos con asombro lo que todos los españoles: los gritos de Tejero y los tiros… y sentí como un latigazo en todo mi cuerpo. Debí ponerme blanco en segundos y sin pensarlo di un salto y me fui directo al despacho del Rey.
Cuando entré, tampoco yo llamé a la puerta, vi que el Rey y la Reina ya estaban pegados a la radio y escuchando atentamente. Eso sí, tranquilos.
– ¡Señor!, ¿qué está pasando en el Congreso?
– Sabino, por favor, no te alteres. ¡Estás pálido!
– ¡Señor, si ha habido tiros!
– Lo sé, yo también lo he oído.
– Majestad, esto es muy grave. ¡Puede haber muertos!
– Tranquilo, hombre, tranquilo. No hay que perder la calma en situaciones difíciles. Ponte en contacto rápido con Seguridad y entérate de lo que está pasando.
La Reina no había dicho nada, aunque su cara era un poema. Pero, cuando fui a salir sonó el teléfono y el Rey, mientras lo cogía, me pidió que esperase. Entonces Su Majestad, ya al teléfono, dijo muy alterado:
– ¡Alfonso!, ¿qué pasa? ¿Qué han sido esos tiros?
– …¿?
– Naturalmente yo no escuché bien las palabras del otro lado del teléfono ni me enteraría salvo por las respuestas del Rey.
– ¡Qué coño es eso de intimidación! ¡Eso no estaba previsto! ¡Quiero saber urgentemente lo que está pasando ahora mismo allí.
– Alfonso, déjame unos minutos y me llamas después (y colgó el teléfono).
– ¿Qué pasa, Sabino?
– Señor, no sé lo que pasa, pero pienso que el General Armada debe quedarse en su puesto.
– ¿Por qué?
– Señor, en plena batalla un jefe no puede abandonar su puesto. Sería un disparate.
– Pero, es que necesito saber lo que ha pasado. Los tiros no estaban previstos.
– Señor, no lo entiendo.
– Sí, Sabino, perdona (y el Rey volvió a su control habitual). Después te lo explicaré. Bueno, tal vez tengas razón. Le diré ahora que se quede en su puesto.
– Tiene razón Sabino –dijo la Reina.
Y entonces, no habían transcurrido ni tres minutos, volvió a sonar el teléfono y otra vez era el general Armada.
– Mira, Alfonso, hemos decidido que sigas ahí y no te muevas hasta nueva orden.
– …¿?
– Sí, ya lo sé, Alfonso, ya sé que la situación es difícil y complicada. Pero, insisto, quédate ahí, más tarde volveremos a hablar.
– Señor, me voy a mi despacho –dije entonces, asombrado como estaba-. Voy a recabar información y a dar instrucciones a Seguridad.
– Vale, está bien.

Y me volví a mi despacho, donde esperaba angustiado Fernando Gutiérrez.