miércoles, 29 de junio de 2016

Una grave acusación electoral.


Ruth Bermúdez Rodríguez, autora del blog del mismo nombre, publicaba el lunes el siguiente texto: “Reflexión del día: no vivimos en una democracia, pero sí en una timocracia”. A Ruth, que vive en Barcelona, le tocó ser presidenta de una Mesa el pasado domingo, desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la madrugada. Y cuenta:

“Después de estar 12 horas recibiendo a la gente que quería votar, toca el escrutinio de los votos. Tanto los presenciales como los votos por correos que me han entregado a las 9 de la mañana. A las 12 de la noche salía del colegio electoral, con unos 600 votos (tanto para el Congreso como para el Senado). Esos 600 votos eran sólo de mi Mesa. He llegado a la Ciudad de la Justicia y me he encontrado un panorama muy activo: coches en doble fila, una fila de taxis interminables, un ajetreo dentro de los juzgados como si fuera un día laboral cualquiera... Calculo que habría unas 2000 personas, a unos 600 votos que llevaba cada uno, es más de un millón de votos. De golpe, me entero que el PP se ha declarado vencedor de la noche, y leo en los diarios que se ha escrutado ya el 100% de los votos. Falso. Todavía quedaba muchísima gente que estaba haciendo colas larguísimas para entregar los votos de miles de ciudadanos. Es aquí cuando me pregunto ¿y los votos que llevo en mis sobres? ¿Y los votos que llevan los demás? ¿Quizás por telepatía sabían qué había votado la gente cuyos votos todavía no se habían entregado? Sé de sobras que unos pocos votos no cambiarán el resultado, pero creo que más de un millón de votos no son unos pocos. Creo, que por respeto a la gente que hemos estado hoy ‘participando en la fiesta de la democracia’, trabajando para que se pueda ejercer este derecho, no debería declararse ningún vencedor hasta que se haya entregado hasta el último voto y se haya comprobado. Creo, que por respeto a toda esa gente que se ha animado a votar, no se debería mentir en los medios de comunicación diciendo que, antes de las 12 de la noche (hora en la que todavía había gente escrutando votos) ya se había escrutado el 100%. ¿Es que los votos son como Cenicienta, que a partir de las 12 de la noche se convierte en calabaza, en este caso, dejan de contar?”

La sensación que le ha quedado a esta presidenta de Mesa es “de indignación, de frustración por pensar que todas las horas que me he tirado ahí no han servido para nada, de rabia por enterarme de que ¡da igual! solo quedarán sobre un millón de votos por contar sólo en la ciudad de Barcelona, y sensación de que esto no es una democracia, sino una timocracia en un país de tarados. En las próximas elecciones me lo pensaré dos veces antes de votar, ya que lo más seguro es que mi voto no llegue a ser realmente escrutado”.

La bloguera termina con un P.D.: “¿No hay tanta gente en paro? ¿Por qué no son los parados los presidentes o vocales? Me habéis jodido mi único día de descanso”.