miércoles, 2 de noviembre de 2022

Los pesqueros abandonan en el mar tanto sedal 'asesino' como para dar 400 vueltas al mundo.

Una tortuga, enredada en una red abandonada.

El pasado viernes, Raúl Rejón publicaba, en Eldiario.es, la cantidad de 'redes fantasma' abandonadas cada año, que continúan matando especies en los océanos. “Equivale –decía– al 2% de los equipamientos de la flota global. Cuatro millones de embarcaciones pescando por el mundo dejan un rastro masivo de basura en el mar. Cada año se queda en el agua tanto sedal pesquero como para dar 400 veces la vuelta a la Tierra: más de 16 millones de kilómetros de líneas, según ha estimado la agencia de investigación científica de Australia (CSIRO). Las flotas de todos los países capturan, de media, algo más de 80 millones de toneladas de animales marinos al año. Para conseguir ese volumen, hacen falta muchos barcos, muchas redes, mucho sedal, anzuelos y nasas. Y una parte queda a la deriva en los océanos.

“El equipamiento pesquero abandonado, perdido o descartado, es una de las fuentes principales de la contaminación marina”, publicaba Science. Entre otros desechos, “hemos descubierto que casi 14.000 millones de anzuelos y 25 millones de trampas acaban en nuestros océanos por las actividades de la pesca comercial cada año”, resumía una de las autoras, Britta Hardesty. “Llevamos años intentando saber la escala global de las artes de pescas que se pierden y los números asustan, pero son coherentes con lo que vemos nosotros cuando salimos al mar”, contaba Ricardo Aguilar, director de expediciones de la organización Oceana.

El material que flota a la deriva o se hunde tiene “impactos negativos desproporcionados sobre la vida salvaje, los hábitats marinos y costeros y la seguridad alimentaria”, describía. “Es un asunto preocupante por los daños socieconómicos y ambientales, además de añadirse a otras presiones como la sobreexplotación de los recursos pesqueros, la caída de los stocks y el cambio climático”. Era la basura formada por redes fantasma al ser casi invisibles a la luz del día y siguiendo a la deriva, pescando especies. “Pescan porque todavía está limpia y continúan capturando ejemplares que nunca se recogen y mueren allí atrapados”, detallaba Ricardo Aguilar. “Además, al morir en esas trampas, anzuelos o redes comienzan a descomponerse y funcionan como cebo. Atraen a otras especies que acaban allí”, añadía. “Este mismo año hemos estado en el mar de Alborán recogiendo nasas abandonadas que aún capturaban y redes con peces. Es la mayor amenaza de enredo para la fauna marina como las tortugas, los mamíferos, las aves y las ballenas”.

Precisamente porque duran mucho, suponen un segundo tipo de impacto además de atrapar animales. “Con el tiempo se van recubriendo de material y ya no son tan invisibles, pero no dejan de constituir una basura plástica que se engancha, por ejemplo, en corales y esponjas”, detalla Ricardo Aguilar. España, como primera potencia pesquera europea, no queda al margen de este problema. “En los lugares con mayor densidad de pesca hay mayor densidad de pérdidas”, describe el representante de Oceana. Se ha ido produciendo un desplazamiento de artes de pesca hacia zonas donde es más fácil que se queden enganchadas. “El arrastre ha copado más las zonas de playas y otros equipamientos se concentran en zonas de roca o arrecife… Lo cierto es que no hay conciencia sobre la inmensa magnitud de las cosas que ocurren en el mar. No son visibles. Es muy difícil demostrar su dimensión”, explicaba Aguilar. “Son datos que dan una imagen algo mejor, pero casi todo el problema está debajo del agua, no en lo que llega a la costa”.


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