sábado, 16 de enero de 2016

La hija de Juan Carlos I y hermana de Felipe VI, en el juicio del ‘Caso Nóos’.

Foto prácticamente desaparecida en la prensa española, publicada el 12 de junio del 2015, en RosarioN/Clarín.com

Manuel González Peeters, abogado de Diego Torres, pidió la comparecencia de los dos monarcas en el primer juicio del “Caso Nóos”: Juan Carlos I y Felipe VI, algo que ya fue rechazado durante la fase de instrucción. El letrado defendió que “si de lo que se está hablando es de ejemplaridad y transparencia”, refiriéndose a la actitud que dice tener la Casa Real, “estoy convencido de que no declinarían el ofrecimiento” los dos monarcas. Peeters volvió a poner de manifiesto que, en relación a la actividad del Instituto Nóos, la Zarzuela “lo tenía todo bajo control”, por lo que “nada permitía presuponer que había nada ilícito”. El defensor aseguró que, desde la Casa de Juan Carlos I, se controlaba “hasta la compra de una fotocopiadora o de un vehículo”, tesis que ya defendió el propio Diego Torres durante su entrevista con Ana Pastor, en la que llegó a asegurar que desde la Casa Real “revisaban lo que nosotros hacíamos: decían que estaba muy bien hecho y que adelante”.

Por otra parte, el periodista Fernando Ónega advierte del intento de Juan Carlos de ocuparse personalmente de su hija, la infanta Cristina. “Déjamelo a mí, que soy su padre”, fue, según explica Ónega,  el consejo que le hiciera el rey emérito al actual rey, Felipe VI, sobre la situación de su hermana, la infanta Cristina, que terminaría sentada en el banquillo de los acusados por el caso Nóos. Ónega, en su libro “Juan Carlos I, el hombre que pudo reinar”, hace un repaso a su reinado y revela los entresijos de la abdicación y el “golpe tremendo” que le supuso la imputación de su hija. Relata el periodista que, hace tres años, el todavía Rey Juan Carlos envió a Estados Unidos a dos emisarios –uno de ellos, Fernando Almansa– para hablar con la infanta Cristina y pedirle que renunciara a sus derechos sucesorios a la Corona por el bien de la institución. La infanta “tomó nota” de esa solicitud, pero, hasta ahora, no ha habido ninguna respuesta. Ya cerca de las últimas Navidades, el Rey Juan Carlos y su hijo hablaron de nuevo sobre la situación penal de la infanta y su asistencia a los actos familiares por las fiestas. Durante esa conversación, Don Juan Carlos recomendó a su hijo que le dejara a él mediar con la infanta. No le consta a Ónega que Juan Carlos haya vuelto a hablar del asunto con su hija, aunque sí que ha pesado mucho su opinión de que fuera apartada de la familia real. Ónega  incluye el primer testimonio del monarca después de su abdicación, el pasado mes de junio, un momento que vivió con una mezcla de sentimientos contradictorios. Lo primero, “la satisfacción del deber cumplido” y “el orgullo de padre” al ver a su hijo nuevo rey, aunque también el “dolor de la despedida” después de casi cuatro décadas de reinado. ¿Y lo de su hija qué?