sábado, 9 de mayo de 2015

España 2015: ¿Hasta cuándo doctor Esperpento?

  Hospital San Juan De Dios (Sevilla)
 Cuenca.
Cuenca.

El esperpento es un género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado. Urania Berlin, aplica el término, preguntando en un versado artículo en Lo que somos: ¿Hasta cuándo, doctor Esperpento?

 “España –dice Urania– es un país dado a continuar las tradiciones cavernarias o atávicas más absurdas y supersticiosas, sobre todo si tienen un contenido mitológico-religioso asociado al culto católico. No es exclusivo de aquí, pero sí resulta una de sus peores señas de identidad que, desde luego, debería formar parte, a todos los efectos, de eso que llaman marca España, horterada de nuevo cuño nacionalfranquista que se inventaron los del PPSOE para picar a los ‘indepes’, no más. El rancio costumbrismo aldeano español consiste en ver desfilar a la Inquisición en las calles (las procesiones, para entendernos) durante una odiosa semana que despide aroma a ejecuciones y torturas medievales, asistir a espectáculos taurinos donde un animal es objeto de toda suerte de maltrato físico (mientras el circo romano aplaude la desdicha del animal) o bien celebrar verbenas integristas tipo Xacobeo o la ofrenda de Estado al “Apóstol” Santiago. Todos ellos, por supuesto, debidamente oficializados y publicitados desde organismos e instituciones públicas, ya sea dotándoles de legalidad mediante festividades religiosas, reglamentos-decretos gubernamentales (la carnicería taurina) o bien declarando el ‘interés turístico’ de turno (desfiles procesionales, etc.)…

Berlín no deja de demandar que, en la sanidad pública, se haga inexcusable suprimir mitos que están asociados a la superchería e imaginería religiosa. Y, más concretamente, se pregunta: “¿Cuántos centros hospitalarios públicos llevan el nombre de un científico especialista en medicina o cualquier otra materia científica? Juraría que el Ramón y Cajal madrileño, algún franquista como Gregorio Marañón, que defendió el golpe de Estado de 1936 y pare usted de contar…Bajo el disfraz de Complejos Hospitalarios Universitarios hay decenas de hospitales y clínicas con nombres de santos y vírgenes que han sido tomados de una religión (la católica) que no debería tener presencia alguna en el ámbito público y ya no digamos en el espacio científico-sanitario o, mismamente, en el educativo (la escuela concertada).


“Para colmo del despropósito incluso, sin tener relación con el catolicismo pero vinculado a él, un hospital del Estado sigue llevando el nombre de un genocida franquista: el General Yagüe, en Burgos, que no fue precisamente médico sino promotor del terror fascista en la guerra civil española (en Badajoz, concretamente), con miles de muertos en su haber; y, hasta no hace mucho, el Hospital de A Coruña se llamaba Juan Canalejo (a nombre de otro probado criminal falangista). ¿Alguien se imagina en Alemania un hospital con el nombre de alguno de los criminales de guerra más odiosos del III Reich, como Heinrich Himmler o Adolf Eichmann? Sólo puede explicarse esta ominosa permanencia, cuarenta años después y en plena “democracia”, si los mandarines municipales o estatales de turno profesan la misma fe fascista que el asesino en serie de Badajoz… Para mayor desvergüenza, hospitales de relativamente reciente creación (como el de La Rioja, 2007) tuvieron la genial idea de bautizarlo (o rebautizarlo) como San Pedro. Ni siquiera la sanidad privada es tan pródiga en hacer uso del revival de nomenclatura fundamentalista religiosa del que hace gala la sanidad pública. ¿Para cuándo una ‘transición’ democrática en los nombres de los hospitales públicos españoles?”.