jueves, 14 de abril de 2016

¡Adiós, Borbones!




Hoy, 85 años después de la proclamación de la II República Española, colectivos sociales y partidos de izquierdas organizan actos en un centenar de ciudades y pueblos de todo el Estado, exigiendo la III República y recordando lo que supuso la experiencia del periodo republicano de 1931 al 1936, así como reclamando verdad, justicia y reparación para las víctimas del franquismo. La manifestación con más relevancia se celebrará en Madrid, a partir de las 19 horas desde la Plaza de la Cibeles hasta la Puerta del Sol. “Otra vez la república será una manifestación colorida y una charla en el Ateneo –escribe Javier González Sabín en Eco Republicano, al recordar el nacimiento de la IIª República española–. Homenajes, tertulias y más banderas que manifestantes. Y después a casa... ¡A lamentarse otro año más de la España que nos arrebataron! Algunos seguirán ‘construyendo’ república. O eso dicen. Diseñarán espacios cerrados, fuera de la realidad del momento. Grupos pequeños que, sin cabida en un tablero político amplio, se debaten entre la unidad o la destrucción mutua. Y la Corona se ríe - ¡Qué triste! Pero cualquiera en su lugar lo haría. Con un republicanismo así, hasta un rey como Carlos II tendría asegurado el trono”.

Al llegar estas fechas, es costumbre hablar de aquella República, sin olvidar que podría repetirse. Y se plantea la posibilidad, cada vez menos remota, de un cambio realista en la forma de gobierno. Porque España ¿podría ser una república? Por supuesto que podría. “¡Una república –dice González Sagín– siempre es un fin sencillo! No es como el crecimiento económico o el bienestar común, que para conseguirlos hay que superar muchos obstáculos. En una república solo hay un obstáculo: el rey. Si el rey se va, la república llega. ¡Ojalá también llegase el superávit cuando se fuese el ministro de economía, por ejemplo! Pero si queremos que el rey se vaya, y que la república llegue, tenemos que pensar en el contrato social del rey con su pueblo. Y así podremos desmontarlo para ofrecer un cambio en la organización del Estado.

“¿Y cómo lo ha hecho el rey de España? Con un contrato social muy sencillo: como su legitimidad no puede ser la defensa de la democracia (pues venía de un dictador), se presenta como un elemento de cohesión nacional a partir de su propio legado. No es un rey parlamentario, es un rey histórico. Y por eso, para que alguien se lo crea, renuncia, por necesidad, a interferir en las cuestiones de gobierno. Algo que los reyes parlamentarios no hacen. En otras monarquías europeas, la presencia del monarca en el parlamento es casi una garantía parlamentaria. ¡E incluso se forman gabinetes de gobierno en nombre de Su Majestad! ¿Se imaginan eso en España? ¡En menos de un mes, haríamos que los Borbones volviesen a Roma! (...) Y como, hasta ahora, la corrupción solo ha salpicado a miembros de la familia real, el contrato social se ha resquebrajado, sin llegar a romperse. En la implicación directa del rey está la clave de la ruptura y el cambio en la forma de gobierno, pues sería viable un acuerdo entre fuerzas políticas, que buscarían reforzar, al fin y al cabo, su compromiso con la transparencia y la soberanía popular. No es una cuestión de banderas ni de consignas: la república depende hoy de la renovación en el marco institucional, de las investigaciones periodísticas, de la labor intelectual entre nuestros académicos y del compromiso general entre los ciudadanos. Hoy más que ayer, es posible desenterrar de las cuentas las mentes soñadoras del 14 de abril”. 14 de Abril VIVA LA REPÚBLICA Himno de Riego Las Malas Lenguas  
Canciones de la Guerra Civil Española Si me quieres escribir Jose Ramon Castañon Rodriguez  
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