sábado, 9 de abril de 2016

Félix Azúa. (Y II) Más de cien mil firmas piden que Félix de Azúa, académico de la Lengua, “se meta la suya por el recto”.



Tras las declaraciones de Féliz Azúa contra Ada Colau, InfoLibre consideró oportuno abrir una iniciativa para recoger firmas que solicitasen la dimisión de este miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Y su director, Jesús Maraña, opinó, entre otras cosas que “si un individuo, ya sea filósofo o pescadero, opina que a la política sólo deben acceder personas ilustradas (a saber con qué listón y conocimientos y quién decide los mismos), lo razonable y coherente es que lo defienda con sus propios medios o en las urnas a través de unas siglas, las de Ciudadanos o las que le venga en gana y le admitan. Lo indigno es hacerlo mientras se ejerce alegremente de representante de una institución pública en una democracia que (¡como todas!) garantiza el derecho a ser candidato o candidata a todo ciudadano o ciudadana mayor de edad y respetuosa de la ley”. Maraña opina que, del mismo modo que a Azúa le parece que la gente vota borracha, “hay renombrados académicos que a uno le recuerdan a esos locuaces bebedores que siguen despotricando solos, de todo, contra todo y por encima de todos, una vez cerrado el bar”.

Cabe recordar que la alcaldesa, Ada Colau, atacada por Azúa por ignorante y otras simplezas, estudió Filosofía en la Universidad de Barcelona con una mayoría de sobresalientes hasta 1992, en que terminó, a 30 créditos de la licenciatura, debido a su situación económica. Pero Azúa sigue pensando que es la peor alcaldesa de Barcelona y Rokambol News (web de parodia de la política de España), publicaba el pasado martes: “Más de cien mil firmas piden que Félix de Azúa, académico de la Lengua, ‘se meta la suya por el recto’”. El artículo continúa puntualizando: “La petición de que Félix de Azúa se introduzca la sinhueso en su propio orificio anal, a pesar de que resulta harto complicada para un hombre de provecta edad, demasiado arrogante, acomodado, y con la flexibilidad de un ladrillo, es, sin embargo, la elegida por las miles de personas firmantes. Al parecer, los promotores de la protesta habían barajado otras alternativas, como la de que el mismo idiota metiera la lengua en la boca de una barracuda recién sacada del agua, introducirle una barracuda más grande por el recto, o que incluso la barracuda grande le mordiese primero los testículos, si los tuviere, después todos los dedos de las manos, y finalmente la lengua… Nos pareció que, dada la afición de Azúa por la poesía, la idea de unir palabras tan antagonistas como lengua y culo era la más apropiada para alguien tan suspicaz como para relacionar el oficio de vender pescado con la labor de regir un ayuntamiento”. La publicación explicaba que La Federación Española de Contorsionistas se ha ofrecido para ayudar al académico a que, en un plazo máximo de siete semanas, pueda llevar su pequeño y húmedo músculo al interior de su parlanchín y atrevido ano. “A lo mejor se rompe, pero no siempre se acierta, han advertido los contorsionistas, refiriéndose al esternón del propio Félix de Azúa, no a su lengua ni a su recto, ambos órganos carentes de hueso”.

Ignacio Sánchez-Cuenca, en una entrevista sobre su libro, “La desfachatez del intelectual”, cuenta  a Juan Losa que Félix de Azúa vuelve a la carga con un artículo en el que hace referencia al incidente con Boadella. “No cabe duda –dice– de que se trata de un acto intolerable, pero no hace falta que reciba el calificativo de nazi. Si te fijas, se permite constantemente la apelación a los nazis para tratar de entender cualquier cosa que sucede en nuestro país, lo que me parece una barbaridad que impide cualquier tipo de intercambio de razones”. Y señalaba que los intelectuales tienen cierta responsabilidad y no pueden hacer juicios tan frívolos y gratuitos. “Una cosa que pongo en el libro y que, en cierta forma me llena de pasmo, es que estos reputados intelectuales tuvieran a bien firmar un manifiesto como Libres e iguales. Manifiesto escrito por Cayetana Álvarez de Toledo y en el que estaban todos revueltos; los Tertsch y Losantos, junto con gente como Trapiello, Félix de Azúa, Fernando Savater y Mario Vargas Llosa. Es algo incomprensible. Como si se hubieran roto las fronteras”.