sábado, 2 de abril de 2016

Tobarra, un pequeño pueblo de La Mancha que se 'rebeló' durante 104 horas.

Monumento al tambor de Tobarra.

Desde el pasado domingo se registró en nuestro país el cambio horario. Muchos notaron  el robo oficial de una hora al sueño de todos los españoles, aunque se nos dijo que ganamos en luz solar. Y, pese a que la medida fue a nivel nacional, hubo una excepción. En efecto, el ayuntamiento de Tobarra, un pueblo de La Mancha, se rebeló contra este adelanto de una hora. Y retrasó el cambio 24 horas. La decisión no tenía nada que ver con cuestiones medioambientales ni fue un arrebato de rebeldía, ni mucho menos. Todo se debía a la Semana Santa, según explicó el alcalde de este pueblo, Pío Bernabéu Cañete, en un bando firmado, en el que explicaba los motivos.

“En la noche de Sábado Santo (a las 2 horas del domingo 27 de Marzo) –explicaba el documento firmado por el edil de Tobarra–, se producirá a nivel nacional un cambio horario con el adelanto de una hora”. Este pequeño municipio, considerado capital del tambor y de la Semana Santa, que tiene la calificación de Interés Turístico Regional y Nacional, “es conocido por sus procesiones y sus tambores”. Y aquí llega la aclaración de la 'contestataria' medida: “Tradicionalmente, el toque del tambor se realiza de forma ininterrumpida durante 104 horas (desde las 16 horas de Miércoles Santo a las 24 horas del Domingo de Resurrección). Con el adelanto de la hora prevista, el toque del tambor se vería reducido a 103 horas, lo que supondría la alteración de nuestras costumbres. Por ello, con el fin de ser fieles a nuestras tradiciones –continuaba el bando–, manteniendo intactas nuestras 104 horas de toque de tambor, en Tobarra, el cambio de hora no se efectuará hasta la noche del Domingo de Resurrección (a las 2 horas del lunes 28 de Marzo)”.

De este modo, los vecinos de este pequeño pueblo albaceteño se rebelaron contra una decisión gubernamental, también tradicional, que va más allá de nuestras fronteras y muy controvertida. Solo por unas horas, como los galos de la pequeña aldea de Ásterix y rompiendo con otra tradición observada por algunos, la del silencio religioso.