viernes, 24 de marzo de 2023

Ian Gibson, el irlandés que relató las vidas de Lorca, Dalí, Buñuel y Machado, y ahora cuenta la suya.

 

El hispanista Ian Gibson fotografiado en su casa de Lavapies, en Madrid, el pasado mes de diciembre, por Olmo Calvo.

 “Un carmen en Granada” es un magnífico relato vital de uno de los grandes biógrafos de la cultura española. Se trata de unas memorias donde narra el hispanista publica sus orígenes en una familia muy religiosa, su fascinación por España y anécdotas de sus investigaciones. Nació en Dublín, en 1939l, y es un tipo simpático y afable, de mirada inquieta tras sus gafas, curiosidad infinita y una gran pasión por España, un país que define como “el más complejo de todo Occidente”. A punto de cumplir 84 años, Ian Gibson observa la vida y los pájaros es muy aficionado a la ornitología— desde un quinto piso, en el corazón del barrio madrileño de Lavapiés, donde reside desde hace 14 años.

Tras dedicarse durante más de medio siglo a investigar y escribir sobre aquellas personalidades de la cultura española, Gibson ha creído llegado el momento de convertirse en protagonista de estas magníficas memorias que evocan un mundo y unos personajes que parecen extraídos de algún relato de James Joyce. En sus páginas, describe con inusitada sinceridad la vida de una familia irlandesa de clase media y no duda en narrar sus tempranas dificultades. Este profesor de francés y español, que llegó a Granada en los años sesenta para estudiar las obras literarias de juventud de Federico García Lorca, quedó ya atrapado para siempre en los misterios de la vida y muerte del poeta español más universal.

“La historia de España —avanza Gibson a Miguel Ángel Villena, en ElDiaario.es— es muy conflictiva, marcada por muchas guerras y dictaduras y no resulta fácil de abordar. Por otra parte, escribir una buena biografía cuesta mucho dinero y requiere de unos grandes anticipos de las editoriales o de subvenciones. Mi biografía de Dalí costó una fortuna, tuve que viajar mucho y me ocupó durante 10 años. Hay que considerar también que un historiador no tiene por qué ser un buen biógrafo porque debe ser a la vez un autor con un estilo ágil y ameno”. Como conclusión de estas distintas actitudes ante el género biográfico, según los países, Gibson recuerda una frase que le dijo el escritor Antonio Muñoz Molina: “Pocos españoles, por no decir ninguno, se ocuparían durante varios años en estudiar la vida de otro”.

En “Un carmen en Granada”, Gibson narra sus orígenes en una familia metodista y puritana, su gran necesidad de amor y atención, sus celos hacia su hermana pequeña a la que intentó matar, su rebeldía de adolescente entre una madre amargada y un padre tímido y acomplejado. Y cierra el prólogo de sus memorias con una confesión reveladora del papel de España en su vida y en su obra. “He tratado de relatar con honestidad cómo fueron mi niñez y adolescencia (…) sin ocultar mi lado atormentado y cobarde. Lado que España, su luz, sus gentes y sus culturas, así como mi apasionante quehacer como biógrafo, me han ayudado sin duda alguna a sobrellevar algo mejor”.

La mayoría de sus libros fueron escritos en español. El Gobierno socialista le otorgó la nacionalidad española en 1984, recibiendo premios tan relevantes como las medallas de Andalucía y de Bellas Artes. Y sus memorias, que abarcan hasta la llegada de la democracia, han supuesto de alguna manera un desahogo vital porque tenía que 'vomitar' algunos recuerdos y ya lo ha hecho.

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