miércoles, 23 de septiembre de 2015

David Trueba: “Nunca me he sentido español”



El nuevo Premio Nacional de Cinematografía declaraba el día que recibía su premio que no sabía qué era el “sentimiento nacional”. Añadía que “no me he sentido español ni cinco minutos”, que le habría gustado que “Francia hubiera ganado la Guerra de la Independencia y que, por contra, estaba muy agradecido porque el premio era remunerado y el dinero me va a venir muy bien”. Con la boca abierta se quedaron no pocos de los que asistieron a la ceremonia, preguntándose si el reconocido cineasta había tirado de la ironía o, simplemente, había tenido un ataque de sinceridad. Trueba aseguró que no merecía el galardón, aclarando la afirmación no por su falta de modestia – “tengo un ego como una casa”- sino porque, como en su momento dijo Azcona, los premios deberían ser secretos y con dotación económica. Con respecto a esto último aseguró que como éste la tiene y “me va a venir muy bien”. De paso, añadió que la palabra Nacional no le gustaba nada. “Nunca he tenido un sentimiento nacional”, para acabar con la frase que dicen que dejara helado al ministro que le premiaba. Y terminó dedicando una parte de su oratoria a los políticos, gobiernos y partidos, a los que reclamó “libertad y protección”. Al mismo tiempo dijo soñar con “televisiones públicas, organismos independientes y cosas al servicio de los ciudadanos” y todo por los impuestos que estos tienen que pagar. Las caras de los que le escuchaban se quedaron un tanto sorprendidas, salvo la de aquellos que le conocen mejor. Y muchos de ellos siguen a estas horas cuánto de real había en sus palabras y qué porcentaje de irónico había en ellas.

Trueba diseñó su discurso en torno a las tres palabras que componen el nombre oficial de este galardón (Premio Nacional de Cinematografía). El cineasta, avalado por un Óscar, un Premio Europeo del Cine y varios Goya, exigió a los políticos, a los partidos y a los gobiernos “libertad y protección, que es lo que un ciudadano pide al Estado”. “Muchos ciudadanos se desentienden del Estado porque éste se dedica a controlarte, castigarte y vigilarte, en vez de a defenderte y ayudarte a crear espacios donde la libertad y la creación puedan tener lugar y desarrollarse”. Declaró que sueña “con un instituto nacional de lo audiovisual y con una televisión que sean independientes y no dependen del Gobierno”. Sobre la palabra nacional, aseguró que le generaba “muchos conflictos” porque se declaraba partidario de suprimir las fronteras y que le hubiera gustado que la Guerra de Independencia la ganara Francia. Y añadió que encontraba sentido a la palabra cinematografía, pero que se había mostrado en contra de la teoría de que las artes tuvieran “un origen sagrado”, convencido de que su génesis era “pornográfica”.

Ïñigo Méndez de Vigo, ministro de Educación, Cultura y Deporte,   algo contrariado por las palabras de Trueba,  recordó el Óscar que el cineasta recibiera en 1993 y aseguró que muchos como él se sintieron “muy próximos” al cineasta por ese reconocimiento. El ministro confesó que llevaba escrito un elogioso discurso a favor del premiado, pero comenzó diciendo: “Yo sí me siento español. Y me alegro de las victorias de España…”. Ejemplificó su sentimiento patriótico en la alegría que le produjo la victoria de España frente a Francia en su propio terreno con ocasión de la semifinal del Europeo de Baloncesto. Sin embargo, afirmó que no coincidía con el cineasta en que “las identidades se contraponen” porque “la riqueza de las personas existe en la variedad”. Se refirió a los “tiempos complicados” que ha vivido España en los últimos años, una época “difícil” en la que los hombres del cine mostraron un gran talento, y las cifras así lo demostraban. “España está muy bien situada en el horizonte cinematográfico y ese talento merece recompensa”, resaltó el ministro, quien declaró “tolerancia cero a la piratería”. Para el ministro, la nueva Ley del Cine incorporaba un sistema de ayudas que “fortalecerá el sector”.

“Mi intención –aclara Trueba dos días más tarde ante la avalancha de críticas y de protestas– era una charla sin conflictos ni provocaciones”. El cineasta manifiesta que no quería generar ningún conflicto y subraya: “Hay tantas cosas en el cine por hacer, tanto que reivindicar, que pensé que mejor que hacer una charla reivindicativa, que siempre estoy igual, me dije que mejor no, que mejor que se rieran un ratillo. De este modo, opté por una charla que no fuera conflictiva ni provocadora ni nada y mira –se  lamenta– aquí estamos… Es curiosa la vida, pasa lo mismo con las películas; uno quiere hacer una comedia y le sale un drama”.