domingo, 8 de mayo de 2016

Los vaivenes de El País de Juan L. Cebrián.


El 4 de  mayo de 1976, a casi seis meses de la muerte del dictador, nacía El País. Su salida levantó una ilusión que hasta ese momento no conocíamos. La prensa había sido del Movimiento o sensacionalista. O  las dos cosas a la vez. Con su nueva forma de hacer periodismo y con sus contenidos rigurosos, nos hizo ver que aquello de la Transición iba en serio. Un director joven, Juan Luis Cebrián, al frente de un equipo joven, ágil y comprometido con los nuevos tiempos fue capaz de situar a la Prensa en el primer plano. Cuarenta años más tarde, la cara de aquel nuevo nacido ni era la misma ni miraba los acontecimientos de igual forma. Su inicial simpatía por el PSOE de Felipe González se transforma, cuando le conviene, en apoyo de todo partido que esté dispuesto a seguir apoyándole –pensamos concretamente en Ciudadanos–. De ahí marca sus vaivenes políticos, de acuerdo con las oportunidades económicas siempre dispuestas a aprovechar. Así como la inquina creciente contra el Partido Comunista, Izquierda Unida, o Podemos, siguiendo las directrices de Cebrián, que ha pasado de director a Consejero Delegado y después a Presidente de la empresa madre, Prisa. “Hoy, este holding –recuerda RafaGAlmazán en Kabila– está en una crisis económica importante, y se mantiene gracias a otras de sus empresas, por ejemplo, la Cadena Ser, que mantiene un liderazgo aplastante de audiencia. La cosa salió a la luz en 2012, cuando el periódico hizo un ERE salvaje que se cargó, además de a ciento treinta trabajadores, a ilustres periodistas, que representaban la esencia del diario: Maruja Torres, Enric González o Ramón Lobo, entre otros. Además, el gran capo Cebrián actúa justo como lo hacían aquellos a los que atacaba por los años setenta y ochenta, con criterios absolutistas, sin soportar críticas y, lo que es más grave, confundiendo su situación privada con la empresarial”.(….) “Hoy –termina RGAlmazán– Cebrián es un esqueleto, una sombra de lo que fue, sin alma y con mano de hierro preside una empresa cuyo medio más emblemático es un periódico que se está hundiendo y que en sus últimos coletazos se lleva por delante todos los valores que un día pretendió representar”.

Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del Grupo Prisa.

Juan Luis Cebrián era entrevistado el pasado jueves por Pepa Bueno en el programa “Hoy por Hoy”, de la Cadena Ser, con motivo de cumplirse el 40 aniversario del diario “El País”. El presidente de Prisa hizo un alegato de la libertad de expresión y la pluralidad informativa, comentarios que contradicen sus últimas decisiones, como prohibir a los periodistas de su grupo intervenir en programas de laSexta o vetar a profesionales de determinados medios en la Ser, como a Ignacio Escolar, director de eldiario.es. “Cebrián –recuerda Qaesar– adoptó dichas medidas tras relacionarle laSexta, El Confidencial y eldiario.es con los famosos ‘Papeles de Panamá’ en una de las últimas revelaciones de este trabajo periodístico. Pero esta vez, Cebrián no tenía al otro lado del micrófono a Escolar, sino a una Pepa Bueno que no quiso, o no se atrevió, a preguntar por su participación en empresas en paraísos fiscales y otros asuntos oscuros. La locutora se ciñó al guion institucional y solo le preguntó por los 40 años de ‘El País’. Ni una palabra al veto a la Sexta, a las prohibiciones, a la ‘censura’ de colaboradores en la SER. Cebrián se explayó en hablar sobre el rigor y el mantenimiento de la línea editorial que, en su opinión, mantuvo ‘El País’ a lo largo de estas cuatro décadas”.

Juan Luis Cebrián, entrevistado por Pepa Bueno en el programa “Hoy por Hoy”, de la Cadena Ser.

La entrevista de Pepa Bueno a Juan Luis Cebrián era de autobombo. ElPlural.com la presentó como “el monólogo de Cebrián”. “¿Por qué ha presentado acciones judiciales por difamación? ¿Cuáles son los motivos?”, fue la pregunta con la que Bueno dio paso a un monólogo de Cebrián sobre la libertad de expresión y la persecución de la que, en su opinión, era objeto 'El País'. Argumentó que este tipo de ‘ataques absolutamente injustificados y falsarios’ no eran nuevos y recordó cómo los servicios de inteligencia del Ejército le habían hecho agente de la KGB o cómo el juez Javier Gómez de Liaño pretendió meterle en la cárcel acusándole a él y a Jesús Polanco, ya fallecido, de robar los depósitos de Canal +. ‘Desgraciadamente –dijo Cebrián– es el precio del éxito,  añadiendo que lo que estaba en juego era el ‘prestigio del periódico. Prefieren dirimir el asunto en los tribunales que involucrar a los lectores en batallas mediáticas’. Sin embargo, en ningún momento explicó con datos por qué era falso lo publicado por El Confidencial o la Sexta sobre sus vínculos y los de su exmujer con las sociedades offshore que habían desvelado los papeles de Panamá. Todo ellos con la complicidad de Pepa Bueno, habitualmente muy incisiva en las entrevistas. Cuando volvió a intervenir, sólo lo hizo para darle pie a otra solemne manifiesto sobre el periodismo en general y el grupo Prisa en particular: ‘Hay medios –sentenció– que son cínicos, mercenarios y demagógicos, pero también hay medios críticos, independientes y democráticos. El País o la SER son buenos ejemplos de ello. Es obligación de los periodistas luchar contra esa perversión de los medios porque conforman la opinión pública y la opinión pública es básica para la estabilidad de la democracia”.

Juan Luis Cebrián sustituye a Polanco como presidente de Prisa, en julio del 2012.

Aparentemente tímido y reservado en sus contactos personales, pero, al mismo tiempo, agresivo y polémico cuanto le sacan de sus casillas, recuerdo a Juan Luis Cebrián en 1981, durante sus vacaciones en Menorca, al que me acerqué para entrevistar. Fue una breve entrevista que intenté continuar años más tarde. Sólo en 1995, tuve la ocasión hablar con él en su despacho madrileño. La entrevista sufrió varias interrupciones telefónicas, y, finalmente, me propuso continuarla más tarde. En esta ocasión, Cebrián me dejó grabadas sus respuestas que hoy he vuelto a escuchar. Me dijo que había comenzado a trabajar muy pronto, en Pueblo, en el verano de 1962, entrando a hacer prácticas de periodismo. En realidad, estudiaba Periodismo y Filosofía y Letras. “Empecé con esto –me dijo– porque se me ocurrió que, a lo mejor, quería ser cura. Yo era muy religioso en el colegio y estaba muy metido en esos rollos de los curas. Y, hablando con mis padres, decidí que primero ingresaría en la Universidad, antes de tomar una decisión de este tipo. Por eso estudié Filosofía, tratando de ganar tiempo, y Periodismo, porque me divertía y apetecía”. A los catorce o quince años, dirigía su primer periódico, “Yo soy pilarista”, la revista del Colegio de los Marianista que, en su tiempo, también fue dirigida por Ansón, Jaiver Rupérez, Méndez Leite e Ignacio Camuñas. En la corta entrevista inacabada, me enteré de su afición por la política. “En el periódico –me contó, en esta ocasión–, me pusieron el mote de ‘Joven Maura’ porque, en el comienzo de la transición, decían que yo iba a ser el salvador de la derecha española y la modernizaría, puesto que nunca he sido un hombre netamente de izquierdas ni he estado alineado en ningún partido político. He sido fundamentalmente un liberal”. Le pregunté si El País lo había contado todo o había sufrido cierto control por parte del Poder. Alago alterado, me contestó: “Primero, nadie cuenta lo que pasa.  No conozco a nadie que no haya mentido en su vida, sea político, sea periodista, arquitecto o leñador, como dice la canción. Ni creo que sea cierta esa definición de que la misión de los políticos sea engañar y la de los periodistas, decir la verdad. No tengo esa visión tan peyorativa de los políticos ni tan idealista de los periodistas. La cantidad de periodistas que mienten y manipulan a diario, al margen de la enorme cantidad de los que se equivocan por ignorancia, por falta de trabajo o de atención, es también inmensa. Obviamente, el Poder tata de ocultar lo que perjudica y una de las misiones de la prensa y de los periodistas es desvelar informaciones interesantes y útiles para los ciudadanos, aunque perjudiquen al Poder. Y ahí entran en conflicto. Pero esta visión tan angelical de los periodistas y tan demoníaca de los políticos, desde luego, no es compartida por mí”.


Llegados a este punto, Cebrián me pareció nervioso y, con cierta presura, me propuso acabar la entrevista y dejar su continuación para otra ocasión. Pero la fecha para acabarla fue repetidas veces pospuesta, quedándose definitivamente en blanco. Fue el único de los periodistas entrevistados por mí que rompía un interviú, quedando en el aire una serie de preguntas. En una de ellas, pensaba plantearle: “Como delegado de Prisa, miembro del Consejo de Administración de Bankinter, vicepresidente de Cinco Días y de Mercado… ¿Cómo estás con tus declaraciones a Hacienda?” Tuve que esperar, de nuevo, la ocasión para continuar con la entrevista inacabada. Ocasión que nunca más se presentó. Pero, a lo largo de los años, pude recoger algunos de sus pensamientos plasmados a lo largo de su vida. Martín Prieto, quien fue periodista en El País, dejó escrito sobre Cebrián: “Dirigió un periódico que no sabía cerrar, despreció a todo el mundo, dejó sembrado el camino de cadáveres, y se dedicó por la noche  a borrar todas las huellas de quienes cabalgaron junto a él… Luego, se dedicó a torear él solo con la Radio El País cientos de millones por aquí, en el semanario El Globo miles de millones para allá… No sé si es churrigueresco pero, desde luego, este cantamañanas lo que resulta es muy caro. Saber por qué Polanco sufraga sus desvaríos de tonto ‘pitiminí’ con ínsulas británicas es el gran misterio a desvelar… Por cierto, ni te molestaste en responder a ese artículo titulado: ‘Polanco tiene un muerto en el jardín’’”.


El 20 de julio de 1992, Francisco Umbral, quien abandonó El País para pasar a El Mundo, escribía una carta a Juan Luis Cebrián. “Querido Juan Luis Cebrián –le decía–, volverse contra la propia profesión (aunque ésta se comparta con un Banco) es jugar al dragón que se muerde la cola, y que suele quedar en doméstica y humilde pescadilla… Tú, Juan Luis que eres un zorrito rubio, entrañable y peligroso, primero te cargas de razón para luego entrar en materia, muy atalajado, echando por delante los carros de combate de unos rumores, denuncias lóbregas e imprecisas, cosas. Para atacar la difamación (una mano que le echas a Felipe González, hombre), principias difamando, y difamando a los colegas más cercanos de forma jeroglífica, tan hábil como ineficaz. Pero con Moncloa ya has cumplido: la ley de difamación es necesaria porque detrás de los periódicos hay Bancos, cuando tú eres la más hermosa conjunción de periodista bancario o de ángel revolucionario del 82 que, como digo, se ha cogido las alas en la puerta giratoria de un Banco. Fuiste, chico de la calle, el primero en recoger la bandera de la libertad que estaba tirada en el suelo y hacer con ella un periódico”. Catorce años más tarde, los redactores de la Sexta recuerdan cuando Cebrián animaba a invertir en Panamá. Y airean los “papeles de Panamá”, desatando una guerra entre los medios que los han publicado en España, (laSexta, El Confidencial y eldario.es), y el Grupo Prisa. La aparición del nombre de la ex esposa de Juan Luis Cebrián y de otras personas relacionadas con el presidente del grupo editor de El País y la Cadena SER es el detonante. Las referencias a Cebrián provocan la reacción inmediata del responsable de Prisa, quien anuncia que presentará una querella, impulsada también por el propio Grupo Prisa, contra los tres medios citados por haber publicado esas informaciones que le relacionan con esas prácticas de evadir fondos al paraíso fiscal panameño. Además, la Cadena SER deja de contar con Ignacio Escolar como colaborador debido a que dirige eldiario.es, que se hizo eco de esas informaciones que apuntan a la supuesta relación de Cebrián con los ‘papeles de Panamá’. 


“El Grupo Prisa –escribe Gonzalo Cortiza el pasado martes en Eldiario.es–  se niega a aclarar si Juan Luis Cebrián contaba con el permiso del consejo de administración del grupo de medios de comunicación para dar sus primeros pasos en el negocio petrolífero de la mano del empresario hispano-iraní Massoud Farshad Zandi. Los contratos firmados por Juan Luis Cebrián con la empresa editora contienen una cláusula de exclusividad que obligaban al alto directivo de comunicación a pedir la ‘autorización expresa’ del Consejo de Administración de Prisa en el supuesto de que iniciase relaciones con otras empresas. La versión ofrecida por la portavoz oficial de la compañía variaba en tan solo 15 minutos. En una primera conversación con eldiario.es, aseguraba que Cebrián informó a la comisión de gobierno corporativo del Consejo de Administración de la compañía, que no observó causa alguna de incompatibilidad. Tan solo unos minutos después, la versión quedó invalidada y sustituida por un simple: ‘Sin comentarios’. Según publica El Confidencial, Juan Luis Cebrián fue consejero de Star Petroleum, de la que tiene un 2%  tras la donación que le hizo su amigo Zandi, fruto de una ‘larga relación de amistad y de mutuo apoyo en materias personales y profesionales’. Según la documentación revelada por El Confidencial, Cebrián hizo coincidir su cargo de administrador en esta petrolera controlada desde paraísos fiscales (Seychelles y Samoa) con sus responsabilidades al frente del Grupo Prisa, del que es presidente ejecutivo. La participación de Cebrián en Star Petroleum está valorada en seis millones de euros y fue entregada al alto directivo de Prisa como un regalo personal del empresario iraní. Star Petroleum es una vieja conocida de las ONG que trabajan sobre el terreno en Sudán del Sur. En octubre de 2014, la organización no gubernamental Global Witness advirtió en un informe de la opacidad que rodea a la compañía. Tras siete meses de investigación, la ONG concluyó que ‘la identidad de los propietarios últimos de la compañía es opaca’, un aspecto ‘preocupante’, dado que ‘los ciudadanos de Sudán del Sur no saben quién se beneficiará de los acuerdos que firme su Gobierno” con ella. Sólo unas semanas después de publicarse ese informe, Zandi se comprometía a regalar a Cebrián un primer 1% de la compañía, según contrato firmado el 30 de octubre de 2014”. 


El periodista Èric Lluent contaba el pasado domingo, en su blog My Way: “Por qué dejo de colaborar con la SER y los demás medios del Grupo PRISA”. Para Lluent, Cebrián representa lo peor del sector periodístico. La podredumbre de esta profesión. “Los males de unos medios controlados por la banca y en los que los periodistas somos títeres explotados sin voz ni voto. Hasta aquí podíamos llegar, señor Cebrián”. En su artículo, Lluent asegura haber aprendido mucho más escuchando la SER, durante su adolescencia, que en los decepcionantes años de universidad en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Barcelona. “Con once o doce años, estaba enganchado a La Gramola de Joaquín Guzmán, en M80 Radio, también del Grupo PRISA. Más tarde, descubrí ‘Hora 25’ con Carlos Llamas y su tropa de tertulianos. Escuchaba sus voces desde la cama, en la absoluta oscuridad, y aprendí con ellos qué era la crítica y qué era una línea roja en periodismo. Cuando hablaban del PP o de las guerras promovidas por Occidente uno sentía pasión por el periodismo. Cuando se ponían todos a criticar de forma uniforme a los movimientos independentistas de Catalunya o del País Vasco, aunque muy joven por aquel entonces, ya me daba cuenta de que algo pasaba, de que era realmente extraño que, en ese tema, todos estuvieran de acuerdo cuando era obvio que los catalanes o los vasco también tenían sus razones. Gracias a la radio y, en concreto, gracias a la SER, me enamoré del periodismo. Desde los 13 años lo tuve clarísimo. Yo quería ser periodista”. 

  Eric Lluent, periodista.
Para Eric Lluent, el ejercicio del periodismo era un campo de batalla en el que se silenciaban las luchas y el cuerpo a cuerpo en defensa de la libertad de expresión. “A lo largo de mi carrera como periodista, que empecé a los dieciséis (en 2002) en Ràdio Contrabanda y en todo tipo de medios de comunicación locales, estatales e internacionales, he descubierto que, hoy más que nunca, la independencia periodística es lo que determina la calidad de los contenidos y, por lo tanto, la salud democrática de una sociedad. En 2012, empecé a colaborar semanalmente con Ràdio Barcelona… Pensé que era la confirmación de que el esfuerzo y la pasión que le había puesto al asunto habían valido la pena. Os podéis imaginar lo feliz que estaba. Hacía radio en los mismos estudios a los que iba de adolescente a ver cómo se hacía un directo. El olor de la planta 2 del edificio de la calle Caspe, número 6. El color amarillo de los micrófonos. SER, en azul. Y el sentimiento de empezar en una de las cunas del periodismo crítico de nuestros días (con muchos matices, lo sé, pero, hace quince años, muy pocos dudaban de que la SER y El País fueran la referencia periodística del Estado español). A medida que pasaban los meses y el Grupo PRISA se convertía en una empresa controlada por bancos y fondos de inversiones extranjeros, los principales medios del grupo iniciaron un decadente proceso hacia la institucionalización de la precariedad laboral, el sesgo informativo en cuestiones económicas y políticas y la devaluación periodística de sus principales marcas, como la SER o El País. A esto se le han sumado en los últimos meses episodios que me han hecho replantear mi colaboración con los medios del Grupo PRISA. Destaco tres, entre muchos otros: la persecución visceral y el ataque propagandístico continuado a Podemos desde los editoriales de El País, el silencio sobre los mensajes del Rey Felipe y la Reina Leticia a su ‘compi yogui’, imputado por las tarjetas black de Caja Madrid, y el ataque de ira de Juan Luis Cebrián a raíz de la publicación de unas informaciones que lo vinculan con los papeles de Panamá. Cebrián ha echado de la SER al director de eldiario.es, uno de los medios que publican la información sobre Cebrián, y ha forzado a sus periodistas a no asistir a tertulias en medios como la Sexta o Antena3 (que también publicaron la información). Hasta aquí podíamos llegar, señor Cebrián.


“Cebrián –termina Eric Lluent en su escrito– representa lo peor del sector periodístico. La podredumbre de esta profesión. Los males de unos medios controlados por la banca y en los que los periodistas somos títeres explotados sin voz ni voto. Hasta aquí, Cebrián. Usted es una caricatura de todos los males que afligen el periodismo hoy en día. Espero que también sea usted el síntoma de la decadencia de un grupo que ha traicionado a sus periodistas y a sus oyentes, lectores y telespectadores. Deseo, con todo mi corazón, que algún día pueda volver a pisar Ràdio Barcelona o que me sienta orgulloso de publicar en El País. Pero he tomado la decisión de no volver a hacerlo hasta que usted deje el grupo y exista una alternativa en la que los periodistas y el periodismo sean los protagonistas, y no sus intereses económicos o los de los accionistas mayoritarios del grupo”.


Obligado por las circunstancias, el presidente del Grupo Prisa, se ha convertido en un tipo peligros para los que no piensan como él. Nadie, en su entorno, se atreve a decir lo que piensa Juan Luis Cebrián cuando arremete contra los periodistas que publican su vinculación familiar con los papeles de Panamá. Como reacción contra ellos, propone al resto de consejeros o directores de los medios de la compañía la interposición de una querella en nombre de Prisa mientras estos últimos bajan embarazosamente la vista y piensan unánimes que es un disparate involucrar a la empresa en un asunto estrictamente personal de su presidente. Y prohíbe a sus periodistas acudir a La Sexta y la cadena SER. De hecho, despide a su colaborador habitual Nacho Escolar, director de Eldiario.es que, junto a El Confidencial, publica unas informaciones que Juan Luis Cebrián considera “absolutamente falsas” y con una “clara intención difamatoria”. Es el mismo argumento utilizado inicialmente por el ministro José Manuel Soria antes de que acabara dimitiendo, al no poder desmentir las evidencias documentales que le atribuían la titularidad de una sociedad radicada en paraísos fiscales. Quien fuera durante años un referente periodístico e intelectual indiscutible, uno de los principales artífices de que El País llegara a ser principal medio escrito en España, reaccionaba de esta forma. 


“En todo caso –opina Marlo en Andaluces.es–, el periodista y académico, luego reconvertido en excepcionalmente remunerado –pero no infalible– ejecutivo, no logra estar a la altura de su propia leyenda. Ser una leyenda es un incordio, una cadena de acero que restringe tu capacidad de movimientos. Hay ciertas cosas que una leyenda no puede hacer jamás, pues, si las hace, deja de inmediato de ser una leyenda. Pero, ¿tenía Cebrián motivos de peso para querellarse contra los medios que han publicado sus supuestas vinculaciones panameñas? No lo sabemos, pero, si los tuviera, tales motivos serían estrictamente personales, no empresariales o institucionales: las filtraciones no involucran a una compañía llamada Prisa, sino a un particular llamado Juan Luis Cebrián. Con esa estrategia de arrastrar a toda una empresa –que, además, ya tiene bastantes problemas para salir adelante–, el jefe de Prisa entierra los últimos restos de su dorada leyenda profesional en el fango de Panamá y certifica una vez más la amarga máxima según la cual la codicia no necesariamente te convierte en un hombre rico, pero la riqueza sí te convierte fatalmente en un hombre codicioso”.

El periodista de la SER, Javier del Pino y la periodista de la Sexta, Cristina Pardo, en el programa “A vivir que son dos días”.

“Cabreado como una mona por aparecer junto a implicados en los famosos ‘Papeles de Panamá’, la pasada semana, Juan Luis Cebrián ordenaba echar a Ignacio Escolar, tertuliano de la cadena SER, y prohibió a los periodistas del grupo Prisa colaborar en programas de La Sexta. Solo unas horas después, Javier del Pino, presentador del programa de la SER ‘A vivir que son dos días’, daba paso a Cristina Pardo, risueña presentadora de la cadena pequeña de Atresmedia: ‘Como cada sábado, Cristina abría su diccionario de términos políticos…’ Con dos cojones”. Así empezaba Javier Pérez de Albéniz su artículo “A luchar que son dos días” en Elcuartopoder. Y así explicaba este detalla periodístico con más agallas que cualquiera de los gestos heroicos desde la primera línea de fuego. “El mérito de Javier del Pino –reseñaba Pérez del Albéniz– es enorme. Porque no es lo mismo la crítica despiadada o el gesto solidario desde un blog minoritario como éste, o desde la comodidad de un retiro o una jubilación, o desde la prensa de la caverna, que desde el mismísimo ojo del huracán. De hecho, la inmensa mayoría de grandes profesionales del periodismo relacionados con Prisa, esos que dan doctrina desde columnas de opinión, tertulias o videoblogs, muchos incluidos en los programas de la cadena SER, han callado como ratas ante los desvaríos y los vetos de Cebrián. Tiempos duros para los periodistas. Para los que arrancan, porque no hay futuro. Para los que hemos pasado por algunos de los principales medios, porque sabemos que nunca volveremos a coger una de las grandes olas. Y para los que aún se encuentran bien posicionados, porque carecen de esas alternativas profesionales que les permiten arriesgar, poner en juego su estatus, su nómina, y mostrarse dignos, críticos y solidarios: si trabajas para Prisa y te ponen en la calle, lo tienes jodido para volver a tener unas condiciones económicas y de visibilidad parecidas. Chitón, entonces. Lo cual es una lástima porque, si algo exige el momento actual, es compromiso, denuncia y lucha. Grandeza. También en el mundo del periodismo. Javier del Pino ha tenido un gesto que puede parecer insignificante pero que, insisto, resulta heroico. Tanto como para que se haya convertido en único e irrepetible. En el entorno de Prisa, empresa con una cuadra de profesionales de enorme prestigio, con ideas muy claras sobre términos como censura, soberbia o libertad de expresión, es imposible encontrar un golpe de efecto similar. Lo cual habla muy bien del presentador de ‘A vivir que son dos días’. Y muy mal del resto de leyendas de la casa”.


“Casi ocho de cada diez informadores –escribe Víctor Sanpedro en el artículo ‘Postureos e imposturas de la Prensa’, en Público.es– admiten ceder a las presiones de las fuentes. Varios, por ejemplo en El País, dimitieron de sus puestos de trabajo: les imponían titulares contrarios a sus informaciones. Ese sí es un gesto honesto y coherente. Lo contrario al postureo. Todo gran periodista tiene una biografía plagada de enfrentamientos con sus superiores y los dueños de los medios en los que trabajaron. De hecho, su carrera laboral está jalonada de tensiones corporativas y cambios de trabajo, a la búsqueda de contextos de mayor autonomía. En las antípodas, el postureo periodístico es impostura cuando, en lugar de profesional incómodo, se actúa como propagandista de su jefe y sus intereses. Los dineros negros de Juan Luis Cebrián (y allegados) en Panamá suscitaron un debate muy interesante. Todos se han retratado, por acción u omisión. Sus palabras y silencios revelan que, entre los empresarios más blindados en la cobertura estándar de los escándalos, figuran algunos dueños de la Prensa. Entre sus servidores más fieles, están los trabajadores precarizados y las estrellas con deontología inexistente, pero abundante minuta. Por otra parte, están los medios demandados por Cebrián, acompañados de otros muchos, aunque poco conocidos. Nos les infravaloren. Han demostrado vitalidad, con nuevos modelos de negocio y de producción de noticias. Apoyándose en comunidades que les sostienen y colaborando, entre sí y con los públicos más activos. Son el germen de un cuarto poder en red, que viene a sustituir al régimen mediático del 78. Su crisis ha estallado en vísperas del quinto aniversario del 15M y de unas nuevas elecciones. Apoyemos a los profesionales y medios que no incurren en postureos e imposturas, con más suscripciones y filtraciones”.

Juan L. Cebrián y Felipe González.

El Confidencial del  25 de abril informaba que Felipe González no solo tiene a su pareja actual, Mar García Vaquero, y a su íntimo amigo, Jesús Barderas, en los papeles de Panamá. Otras personas muy vinculadas al expresidente del Gobierno y empresarios afines al PSOE, que crearon una organización sin ánimo de lucro para la izquierda, también aparecen entre los clientes vip del despacho Mossack Fonseca. Destacan Massoud Farshad Zandi, una persona muy afín a Juan Luis Cebrián, presidente de Prisa, con el que tiene negocios conjuntos, y Javier Merino, marido en proceso de divorcio de Mar Flores. “Los documentos a los que han tenido acceso El Confidencial y La Sexta, en una investigación liderada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y el diario alemán 'Süddeutsche Zeitung', ponen de manifiesto que, al mismo tiempo que, en Madrid, se ponía en marcha la Fundación Atman para el Diálogo entre Civilizaciones, repleta de personalidades próximas al PSOE, desde Panamá se constituían varias sociedades domiciliadas en Seychelles, Samoa y Niue que les dieron amplios poderes a estas mismas personas. Zandi, un empresario con nacionalidad española, presidente de la Fundación Atman y el principal aportador de los fondos, es uno de los privilegiados que tenían un largo número de empresas en estos paraísos fiscales opacos para la Agencia Tributaria. Zandi, de origen iraní. Zandi es vecino de Cristiano Ronaldo en la lujosa urbanización de La Finca, donde tiene una casa valorada en ocho millones de euros. Allí suele recibir a sus amigos más próximos, entre los que se encuentran Felipe González y Juan Luis Cebrián. Los tres idearon el lanzamiento de la Fundación Atman, que se registró el 22 de abril de 2004 y se presentó en público en octubre de ese año. Una organización que fue bautizada como la FAES de la izquierda, en relación con la organización política del PP dirigida por José María Aznar”.


Iñigo Sáenz de Ugarte escribe, en Eldiraio.es, el artículo titulado “El retrato de Juan Luis Cebrián” en el que dice: “Primer director de El País, fue el primer responsable de su éxito periodístico y económico. Años después, fue el principal culpable del hundimiento económico de Prisa. En los últimos años, ha debido de ocuparse de conseguir nuevos accionistas para la empresa y de las relaciones con los bancos que se convirtieron en accionistas porque era imposible devolver los créditos recibidos. Cebrián continúa recibiendo una compensación económica multimillonaria, lo que ayuda a explicar por qué, a los 71 años, sigue en el puesto. La empresa es cada vez más pobre y él es cada vez más rico”. Para Sáenz de Ugarte, el titular con el que El País anunciaba en portada la futura presentación de la querella era: “Prisa emprende acciones legales contra La Sexta, ElConfidencial.com y ElDiario.es”. Nada de la información refutada se refería a la empresa, sino estrictamente a Juan Luis Cebrián. “Pero, para insertar esos artículos en esa supuesta conspiración que se remonta a los primeros años de la Transición, él necesitaba confundirse con Prisa. En la entrevista del jueves repitió la misma argumentación: ‘Es el prestigio y la influencia de El País lo que está en juego a la hora de atacarnos’. En realidad, no. Si acaso, sería el ‘prestigio y la influencia’ de su presidente lo que podrían estar siendo cuestionados y lo que debería hacer reflexionar a los principales accionistas de la compañía. Eso no impide que, al mismo tiempo Cebrián alegue que él no es como los demás ni su empresa como las otras: ‘Nosotros nos debemos a nuestros lectores y a nuestros oyentes. No podemos involucrar a nuestros lectores y nuestros oyentes en eso que se llamaban batallas mediáticas. Nunca hemos participado de ellas’ (la guerra del fútbol con Mediapro debió de ser sólo una película de la Marvel con muchas entregas”. Sáens de Ugarte recalca “Ahora obliga a Prisa a encabezar una ofensiva jurídica contra otros medios para defender su reputación personal. Como hacen los políticos cuando les pillan en situación comprometida, lo niega todo en términos generales (es una ‘difamación’), pero se cuida mucho de bajar al detalle. No niega que su mujer haya aparecido como apoderada de una sociedad en las Seychelles. No niega que su amigo empresario le ha donado un paquete accionarial de una empresa petrolífera valorado en millones de euros. No niega que esa empresa opera a través de paraísos fiscales. A José Manuel Soria le cazaron mintiendo o dando una versión falsa de los hechos cuando quiso dar un desmentido concreto. Cebrián es más listo o está en una posición que no le obliga a ofrecer una explicación. Se limita a anunciar una querella”.

Noviembre del 2014.

Cerca de 11.000 periodistas han sido despedidos en España durante los últimos años y 28.000 están parados, según la Federación de Asociaciones de Prensa de España. Pero, salvo honrosas excepciones y como era de esperar en este país, la mayoría de los medios apenas se han ocupado del necesario análisis de qué significan la libertad de expresión y el derecho a una información veraz en democracia. En su lugar, han dedicado editoriales y grandes espacios a la habitual avalancha de reproches e insultos contra el “arrogante” “dictador“, “nazi“, “estalinista”, “bolivariano”, “filoiraní” y todas las otras lindezas dedicadas al jefe podemita. Es la opinión de Emilio Arrojo que, bajo el título ‘No es periodismo, es propaganda’, escribe en Público.es: “El mercado de la información en España se reparte principalmente entre unos ocho grandes grupos mediáticos, propietarios de los cerca de 500 medios de prensa del país y bajo control financiero de conocidas entidades bancarias o multinacionales. En principio es un mercado bien abastecido para 47 millones de habitantes, pero con una peculiaridad destacable que ya advertía el año pasado el Instituto Reuters de Periodismo: los españoles son quienes más interés muestran por las noticias, entre ocho países europeos analizados, y sin embargo son también los que más desconfían de los medios en general. Las suspicacias también están en la calle. El periodismo es la segunda profesión más desprestigiada, cuando más necesario debería ser, en unos momentos decisivos de transición política para una población mayoritariamente empobrecida y hastiada de las tramas de corrupción política y empresarial que han enriquecido a una minoría privilegiada (…). Igualmente la imparcialidad informativa del sector privado está en entredicho tras las expulsiones de periodistas críticos con el PP como la reciente de Ignacio Escolar de la cadena SER, la del pasado de M. A. Aguilar, en El País o la de J. Cintora de Las mañanas de cuatro, de Mediaset, entre los más conocidos. En las últimas semanas el ‘maléfico’ líder de Podemos, P. Iglesias ha sido acusado de no entender el derecho a la libertad de expresión al personificar en ‘un currito’ la oscura relación de algunos medios con destacados grupos financieros. Al contrario, lo entiende muy bien y con sus comentarios ha puesto sobre la mesa la guerra ideológica desatada por las principales empresas de comunicación aliadas del poder económico”.


Entramos ya en la sección de humor. “Palma está de moda, pero sin los palmesanos”, titula Pep Roig en Última Hora de hoy, tras leer en ‘El País semanal’: ‘Londres muere de éxito’. “Se refiere a que ‘Los multimillonarios desplazan a las clases medias a los suburbios, mientras arrecian los escándalos de lavado de dinero’. ¿Sólo Londres? Palma también está de moda y, en las mejores casas del casco antiguo, se habla cada vez menos en mallorquín, pues a la nueva generación autóctona le resulta casi imposible competir con el capital procedente de allende los límites insulares. Así, casas y mansiones del centro histórico de Ciutat que, hasta hace poco, permanecían en estado letargo y en alarmante proceso de deterioro, han experimentado una especie de renacimiento, a base de reformas y restauraciones adecuadas, en forma y precio, a la nueva oferta de compraventa de la zona privilegiada de la ciudad. Esa situación no es nueva, pero sí por su volumen. Todo empezó con la loable intención de la reforma integral del casco antiguo de Palma que promovió Ramón Aguiló, entonces alcalde socialista, después del desastre del derrumbe de un edificio en el Puig de Sant Pere, que causó varios muertos. El casco histórico de Palma se caía en pedazos, por el abandono de los propietarios afectados por la franquista Ley de Arrendamiento Urbano que mantenía alquileres de miseria. La reforma del Puig disponía que allí continuarían los antiguos moradores, familias de modesta economía, como así fue en su mayoría. Siguió la reforma de Sa Calatrava y Sa Gerreria, pero sin que se diera el mismo supuesto. Es difícil para un mallorquín comprar una casa en esas zonas. Los jóvenes palmesanos ahora viven en Santa María, Inca, Lloseta, porque Palma está de moda”.


Juan Luis Cebrián prohíbe a sus periodistas usar la letra pe, la jota y la uve, según fuentes de Rokambol que así continúa: “Ningún redactor del diario El País podrá, a partir de esta misma tarde, escribir correctamente la palabra pan o jilguero, entre otros miles de palabras de uso cotidiano, y tendrán que recurrir a complicados circunloquios que en la mayoría de los casos no harán sino alargar innecesariamente las noticias y aburrir soberanamente al lector. La estrafalaria orden dada por Cebrián todavía no ha sido asimilada por los periodistas, que atribuyen la medida a una rabieta del presidente petrolero de PRISA por un comentario escuchado en el ascensor acerca de la peculiar e inversa relación entre la obscena cilindrada de su automóvil y su integridad profesional. El angustiado comité de redacción ha solicitado que les sustituyan las palabras prohibidas por otras de menor uso, como la uve doble, la equis o la zeta, a lo que Cebrián se ha negado tajantemente. ‘Y me estoy pensando de que la hache y la i griega tampoco me hacen mucha gracia’, ha llegado a amenazar el empresario, y también académico de la Real Academia de la Lengua Española, quien también ha confirmado su intención de vetar las comillas inglesas antes de verano. La cabecera del rotativo, que al prescindir de la letra pe ya no tendrá ningún sentido, tampoco se libra de la nueva normativa, de manera que El Aís podría perder la minúscula parte de identidad que aún le quedaba, según la Asociación de Sociólogos Estupefactos de España. Respecto a la prohibición de utilizar comillas inglesas, la SGAE ha advertido a Cebrián de los riesgos legales que supone no entrecomillar a autores ajenos a la redacción del diario y le ha recordado que el paréntesis panameño no está aceptado en España”.


La libertad de expresión provoca a veces vómitos por parte de los controladores de la misma.


Los comentarios de Mafalda; España, un país sin paro, sin desahucios, sin corrupción; Voto para las próximas elecciones; ¡Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; La justicia no es igual para todos y Si exportas armamento.












El humor de esta semana en la prensa: El Roto, Peridis, Forges, J. R. Mora, M. Fontdevila, Sansón, Vergara, A. López, Pat,  Ros, Ferranmartín, Mel…




















Pep Roig, desde Mallorca: No nos defraudarán, Duelo, pero poco,  Hecha la ley…, Fracaso universal, La tabarra, otra vez y  Que lo dejen.







Ignacio Escolar despedido de la SER, por el exclusivo empeño de Juan Luis Cebrián. Ignacio Escolar despedido de la SER, por el exclusivo empeño de Juan Luis Cebrián. Jota L POV.
 Ángela Merkel quiere que el Gobierno español trabaje más, aunque esté en funciones. Pero Mariano Rajoy tiene un plan muy astuto para huir del control de la cancillera alemana. Polònia - Polònia - 05/05/2016 Polònia.
 
Spanish Brass Luur Metalls en el Palau de la Música de Valencia. 22 de Julio 2011. Toccata & Fugue. J.S.Bach. Spanish Brass Luur Metalls SpanishBrass
Franz Schubert (1797-1828) escribió durante el que sería su último año de vida una de sus obras más populares: la Ständchen (Serenata), siendo difundida en diversas versiones orquestales. Escuchada con devoción, su belleza y serena melancolía. conmueve, y refleja el sentimiento que Schubert pone en ella Franz Schubert - Serenata (Ständchen/Serenade) MiMundoCreativo.