jueves, 5 de mayo de 2016

Wert: 300 días en el paraíso.

La nueva vida de Wert y Gomendio, en el paraíso de París.

Mientras el proceso electoral recomienza en nuestro país, cargado de dudas, en Francia, un ex ministro español de Educación como José Ignacio Wert disfruta de una vida nueva, lejos de la España que protestó y se rebeló contra sus medidas. Sus ventajas por haber aceptado ser parapeto de Rajoy son ahora rentables: gana un sueldo de casi 10.000 euros mensuales y disfruta de un puesto de mucho vestir y poco estrés, al ser embajador ante la OCDE. Allí, en el número 22 de la parisina Avenue Marceau, sueña Wert con un mundo feliz junto a su amor, espléndidamente colocada, como directora adjunta de Educación en la misma empresa, la OCDE, viviendo en un palacete que les pagan los españoles como residencia oficial, por la que el Estado gasta sin reparos 11.000 euros mensuales, y pone chófer y servicio aparte.

“Quizás –comenta Francisco Medina, en ElPlural.com–, hasta le dé un escalofrío pensando en que puede perder eso, porque ya se debe haber más que acostumbrado. Y es que acaban de cumplirse 300 días desde que Mariano Rajoy diseñó esa vida para José Ignacio Wert junto a su Montserrat Gomendio, ex secretaria de Estado para la Educación. Era el pago por haberle hecho la LOMCE. Y por haber sido el ministro peor valorado por los españoles, CIS tras CIS. Al fin y al cabo, todo lo que le zurraban a Wert, Rajoy se lo evitaba. Resulta más difícil imaginarse a Wert preocupado por la insistencia de todos los grupos de la oposición, comprometiéndose a derogar como medida primera (o segunda, que para eso está también la Reforma Laboral esperando) su ley, la que a él, quizás sea comprensible, tanto le molestaba que se denominara precisamente Ley Wert”.

El 24 de junio de 2015, Wert dejaba su cargo de ministro, a petición propia, a la altura del betún. Pero Rajoy le compensó, nombrándole embajador ante la OCDE, en París, donde residía su esposa. Ahora, abrigado en el lujo y en una residencia de 500 metros cuadrados, José Ignacio Wert sueña con un mundo feliz, arropado en su cómoda vida en el paraíso, mientras España, pese a sus recortes y sacrificios, sigue pagando con los ojos cerrados ese puesto en la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales. Ahí, treinta y cuatro representantes de los Estados se reúnen para “intercambiar información y armonizar políticas con el objetivo de maximizar su crecimiento económico y colaborar a su desarrollo y al de los países no miembros”. Un “club de los países ricos” que, en 2007, proporcionaban al mundo el 70 % del mercado mundial y representaban el 80 % del PNB mundial. ¿Valió o no la pena ser el blanco de todos durante cuatro años? Wert no lo duda.