La otra “Madrugá”.
Miles de personas en el entierro de San Genarín
No nos referimos a la 'Madrugá'
de Sevilla, una de las procesiones más conocidas y seguidas, sino a la
‘Madrugá’ de León, de San Genarín. Es muy especial. Es pagana. En la misma, se recitan poemas, se bebe orujo...
y se celebra el recuerdo de un hombre
que frecuentaba los bares de la ciudad: Genaro Blanco. Aunque el paso de los
años y las muchas habladurías, han creado una leyenda alrededor de su figura,
toda su vida estuvo marcada por la tragedia. Nació en 1861 y fue abandonado por
sus padres en un hospicio. Se fue ganando la vida con pequeños trabajos y se le
representa como un pellejero, viviendo en la austeridad y gastando el poco
dinero que tenía en bares y prostíbulos. Fue una noche de 1929, tras dar tumbos
por las calles, cuando el primer camión de la basura de la ciudad le atropelló
a orillas de la histórica muralla romana. Desde entonces, se le recuerda con un
recorrido en el que se procesa su imagen tallada y su posterior “entierro”.
El germen de la 'Madrugá'
de San Genarín nació un año después de su muerte, cuando el poeta Francisco
Pérez Herrero, junto a otros tres conocidos del difunto, Luis Rico, “Lucio”, el
Gafas" y Nicolás Pérez, quisieron recordarle de forma un tanto
humorística, quedando para la posteridad como los “cuatro evangelistas”. Así
nació un pasacalles poético al que se fue sumando cada vez más gente hasta que,
en 1957, se prohibió. “Hubo un pequeño conflicto con una procesión católica, la
Ronda, y el Gobierno civil de aquel momento, a instancias de la prensa y
autoridades católicas, decidió prohibirla”, cuenta a El Confidencial Héctor
Arráiz, viceabad de la Cofradía de Nuestro Padre Genarín que congrega a más de
un centenar de personas.
No obstante, Adriana
Löpez cuenta en ElConfidencial.com que sus seguidores persistieron y decidieron
sustituirla por una ronda lírica y escenas en la clandestinidad. “Esto duró
hasta 1978, cuando, tras la muerte de Francisco Franco, el único ‘evangelista’
vivo y su fundador, Pérez Herrero, junto con un grupo de teatro local, La
Fragua, recuperaron la procesión. Año a año fue creciendo hasta la
multitudinaria representación teatralizada actual. El recorrido comienza con
una cena de la cofradía, que se junta en la Plaza de San Martín, donde se leen
unos poemas, y después, sobre las 00:30, arranca la procesión, una especie de
pasacalles burlesco en el que marchan figuras de los cuatro evangelistas, la
Muerte, Genaro, una cuba de orujo y hasta la Moncha, la prostituta que, según
cuenta la leyenda, le socorrió tras el atropello sin poder hacer nada por su
vida”.
El recorrido se acompaña
con antorchas y se hacen varias paradas hasta la avenida de los Cubos, junto a
la muralla. Allí, en el sitio exacto donde murió, el “hermano colgador” escala
hasta lo alto y deposita una ofrenda con laurel, queso, orujo y un pedazo de
pan. “Esta procesión queda lejos de las
que residen en el imaginario colectivo de la Semana Santa. Pero, en una
sociedad marcada por una fuerte tradición católica, hay a quien sorprenda este
tipo de pasacalles, sintiéndolo como un agravio. Sin embargo, Héctor defiende
que ‘no pretende ofender’, sino que ‘es un desahogo humorístico y cultural a
una semana de luto’, recordando las palabras de uno de los evangelistas”.
Sonia Hernández, una
joven leonesa, cuenta que la gente acompaña a la procesión con sus botellas de
orujo y que “suelen acabar borrachos”. Pero más allá del consumo (o no) de
alcohol, desde la cofradía señalan que hay muy buen ambiente, ya que se juntan
personas de todas las edades y que es una fecha en la que todos los que
emigraron vuelven a su tierra, algo en lo que coincide Sonia quien sostiene que
“es un momento festivo, de reunión, casi más que en Navidad”. Una Semana Santa
diferente a la que se puede vivir, por ejemplo, en Andalucía. “Es una
religiosidad un poco festiva, acompañada de limonada, con el juego de las
chapas…”, cuentan desde la cofradía, lo que ha contribuido a que, con el paso
de los años, el entierro de San Genarín se haya consolidado como una de las
fiestas más populares de la provincia, congregando a miles de personas. “Es una
tradición más que aporta singularidad a la ciudad”, concluye Héctor, que ya se
prepara para, en unas horas, comenzar el recorrido y recordar a Genaro, un
hombre que pasó de la humildad y la tragedia, a formar parte de la Historia de
una ciudad.

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