miércoles, 15 de abril de 2026

La guerra de los borbones: 193 años a guantazos.

 

En su nuevo capítulo de borbolandia, aparecido en Público el pasado domingo, Nieves Concostrina califica al español de obediente, acomodaticio, elástico, transigente... “Es maleable. Así nos llevan adiestrando desde hace dos siglos para que traguemos carros y carretas con los borbones. ¿Este? Nos vale. No, mejor este otro… y también nos vale. Le tocaba a ese, pero vamos a poner a esta… y nos vale también. Ese español medio de mente sencilla, alumno aventajado que es de un país con una educación secuestrada desde 1851 por una secta religiosa, acepta comerse los mocos mientras aplaude el desfile de plutócratas sin recibir explicaciones y, como quien va a misa, sin hacerse preguntas ni buscar respuestas. Carlismo malo. Carlistas casposos. Carlos María Isidro traidor. Guerras carlistas… carlismo, carlismo, carlismo… los tenemos interiorizado como los malos de la película, pero son los mismos perros que habitan en La Zarzuela, solo que con distinto collar. Son borbones con sus mismos vicios, iguales corrupciones y la misma inmoralidad.                                                                                                          

“Son el mismo tronco familiar, pero nos han aleccionado para que aceptemos la diferencia y demos por legítimos a los de Felipe. Y no, los legítimos son los otros borbones. Felipe VI procede de la rama corrupta y usurpadora, que pasa ahora por ser la liberal porque, piénsenlo, se ha tenido que adaptar para mantener el negocio del trono. De haber llegado hasta aquí la rama legítima de los borbones, sus miembros se habrían adaptado igualmente y los carlistas serían los liberales y los felipistas los rancios (...)

“Dejando al margen las endémicas broncas familiares, a estas alturas ya es difícil deducir cuál de las dos ramas habría sido la menos perjudicial para España, aunque, objetiva y matemáticamente, sin duda, la carlista. De entrada, nos habríamos ahorrado tres guerras civiles que desangraron el país, varias insurrecciones, golpes militares y miles de muertos. Por lo demás, la misma repulsa se merecen tanto unos como otros puesto que en lo único que estuvieron de acuerdo los borbones legítimos y usurpadores ha sido en el apoyo a la dictadura franquista. Los carlistas pasan por ser unos pirados tradicionalistas, ultraconservadores, católicos patológicos, rabiosos antiliberales… menos una escisión carlista que ahora dice ser chupi-progre. No pierdan nunca de vista que los borbones son borbones y su naturaleza los lleva a fragmentarse como amebas. Todos. Echen una ojeada a la desestructurada familia de Felipe y a la ciudadana Ortiz, pues en el mismo plan están sus primos de la rama legítima carlista. Desestructurados (...) A la vista está que los hermanos, más que quererse, se adoraban, pero las consecuencias de tanto corazón mío y tanto cariño de mis entretelas fueron las tres guerras carlistas que dejaron en el campo de batalla a miles de españoles. (...)

“Te tires de donde te tires el resultado sería igual de trágico. La regencia de los cristinos y el reinado de los isabelinos fueron dos absolutas calamidades. Corrupción, mal gobierno, involución… No sabemos qué habría pasado de haberse proclamado el legítimo; probablemente lo mismo, y Carlosmari se habría adaptado igualmente a las políticas del siglo XIX porque los reyes se acomodan a quienes les protegen el trono. Como los partidarios de Carlosmari han seguido siendo borbones sin tapujos, sin necesidad de disfrazarse de supuesta progresía y sin tener que adaptarse a nada, continúan instalados en su tradicional ranciedad borbona. Tanto los actuales borbones usurpadores como sus denostados parientes legítimos han dado en los últimos ciento y pico años muchos bandazos ideológicos con tal de mantener o intentar conseguir el trono. Cristinos, isabelinos, carlistas, alfonsinos, juancarlistas y felipistas se sitúan donde más les conviene según vengan dadas porque cuentan con la ventaja del citado español acomodaticio y la protección del gobierno de turno. (...)

“Si ya resulta complicado a algunos ordenar la lista de los reyes usurpadores borbones oficiales, ni les cuento la de los borbones legitimistas. Ni yo me la sé, que vivo en un estado de fascinación permanente con esta loca familia. Los carlistas se han ido poniendo desde hace 193 años nombres con su numerito al lado, como si fueran reyes de verdad, para poder mantener la bufonada... Actualmente, mientras la niña Leonor se pasea por los cuarteles para aprender a toda hostia a conducir tanques, pilotar cazas y manejar portaaviones, hay otros borbones legítimos que también tienen herederos aspirantes al trono de España. Los homólogos de Felipe son uno que se hace llamar su alteza real Enrique V, que vive en París, que es súper-mega-ultra-todo siempre al servicio de la cristiandad, la hispanidad y la ranciedad y que anda el hombre senil perdido… y luego está otro, sobrino del senil y de la rama de los pretendidos progres, que es neerlandés y actual reclamante del trono que usurpa Felipe, Carlos Javier I. Este hombre se ha nacionalizado español, y en 2016, con ocasión del nacimiento de su primer hijo machote y legítimo (también tiene uno de extranjis porque, no lo olvidemos, es un borbón), el príncipe Carlos Enrique de Borbón y contrincante actual de la del moño, organizaron una misa y un tedeum en la catedral de Barcelona y convocaron a los carlistas para presentar al nuevo heredero al trono de ‘Las Españas’. No me digan que no son graciosos”….

 

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